VÁZQUEZ: NO HAY RAZÓN PARA LA LEJANÍA Y EL
DESCONOCIMIENTO ENTRE NUESTROS PAÍSES Y PUEBLOS.
En un mensaje con fuerte énfasis en la paz, la
soberanía, la democracia y la solidaridad, el Presidente Vázquez exhortó
en Brasilia a fortalecer el diálogo y la cooperación entre Sudamérica y
los Países Árabes.
“No hay razón para la lejanía y el
desconocimiento entre nuestros países y pueblos”, dijo el Presidente de
la República, Tabaré Vázquez, en su intervención sobre “Diálogo Político
e Intercambio Cultural” en el marco de la Cumbre América del Sur -
Países Árabes que tiene lugar en Brasilia.
Vázquez sostuvo en la
Cumbre que este diálogo político no puede agotarse en sí mismo y que
“debiera reflejarse en iniciativas concretas que beneficien mutuamente a
nuestros países y signifiquen un aporte a la Comunidad Internacional”,
exhortando a establecer un decidido compromiso con la paz, la soberanía,
la democracia y la solidaridad.
Tras manifestar el firme
rechazo a todo tipo de terrorismo, violencia y discriminación, el Primer
Mandatario defendió el inalienable derecho de los países a tener
fronteras estables y seguras, y ejercer en forma libérrima su soberanía
y autodeterminación, así como el respeto al Derecho Internacional,
entendiendo que las normas que ordenan y regulan las relaciones entre
los Estados constituyen la mejor forma de garantizar la convivencia
pacífica y el respeto a los Derechos Soberanos de los Pueblos, al no
alineamiento bajo la hegemonía de grandes potencias y la no intervención
en los asuntos internos de otros países.
Con el discurso del
Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, esta mañana quedó
formalmente inaugurada la Cumbre entre Sudamérica y los Países Árabes
que se desarrolla en el lujoso Centro de Convenciones Ulysses Guimaraes,
y cuya finalización tendrá lugar mañana miércoles.
Antes tuvo lugar una
reunión preliminar de altos funcionarios con la que se abrió la Cumbre de América
del Sur con los Países Árabes, que congrega en Brasilia a 34 países,
cuyo objetivo es el impulsar el diálogo y la cooperación entre las dos
regiones.
Los representantes de 22
países árabes y 12 sudamericanos definieron en dicho encuentro los
detalles de la "Declaración de Brasilia", que el miércoles 11 firmarán
los Jefes de Estado luego de tres reuniones plenarias.
La Cumbre, o Cúpula como
la denominan los brasileños, se realiza a iniciativa de Brasil luego que
el Presidente Lula realizara a fines de 2003 una gira por cinco países
árabes.
En forma paralela a la
reunión de los Jefes de Estado tiene lugar un encuentro de negocios
donde participan casi 900 empresarios de ambas regiones, así como
también se desarrolla un seminario económico y varias muestras de
cultura árabe.
Cabe destacar que el
intercambio comercial entre las dos regiones representa actualmente más
de 10.000 millones de dólares anuales y se cree que en tres años se
pueda incrementar a 15.000 millones.
El gobierno brasileño
montó un gigantesco operativo de seguridad para la cumbre, donde más de
9.000 efectivos tiene a su cargo la protección de las delegaciones de
los 34 países asistentes a la Cumbre de Brasilia.
Mañana, jueves 11, será
firmada al final del encuentro la Declaración de Brasilia y tendrá lugar
una conferencia de prensa de los Jefes de Estado participantes del
encuentro.
El Presidente Vázquez,
una vez finalizada la Cumbre, partirá hacia Asunción para iniciar una
visita oficial a la República del Paraguay.
PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
TABARÉ VÁZQUEZ, EN LA SEGUNDA REUNIÓN PLENARIA DE LA CUMBRE DE AMERICA
DEL SUR Y PAÍSES ÁRABES, QUE TIENE LUGAR EN BRASILIA.
10/05/2005
PRESIDENTE VÁZQUEZ:
Señoras y señores delegados: Hay quienes sostienen que en materia de
origen demográfico los uruguayos “descendemos de los barcos”. La
realidad no es exactamente así, pero tampoco puede negarse que la
sociedad uruguaya es un mosaico de españoles, portugueses, ingleses y
africanos que llegaron a nuestra tierra en la época colonial.
De los italianos,
franceses, eslavos, turcos, libaneses, armenios, sirios y judíos que
llegaron durante la segunda mitad del Siglo XIX y la primera del XX, así
como de esa amplísima diáspora de compatriotas que vivieron o viven en
Argentina, Brasil, Venezuela, México, Estados Unidos, Canadá, Suecia o
Australia, por citar apenas algunos países de residencia de ese Uruguay
que no por ser peregrino deja de ser Uruguay.
Sabemos que la cultura
es todo y hemos aprendido que la democracia es sustancialmente un pacto
de culturas; un pacto de culturas que nunca será perfecto pero que
siempre es perfectible; un pacto de culturas que no garantiza la
felicidad pero que ofrece dignidad a la vida humana; un pacto de cultura
cuya clave es la política, en tanto articulación de ese complejo pero
fermental entramado de pasado, presente y futuro, de necesidades y
derechos, de aspiraciones y compromisos, que es la sociedad. La
política, entonces, en tanto articulación de la sociedad.
Y articulación con
sentido progresista, con la gente como sujeto, con la mirada en la
utopía y los pies en la tierra; articulación no para tener mas, sino
para ser mejores.
Se equivoca,
garrafalmente, quien crea que la gente vale lo que tiene o puede
consumir, o confunda la opulencia de unos pocos con prosperidad de
todos.
Se equivoca quien
sostenga que la democracia es cualquier cosa que no sea una dictadura, o
estime que es lo mismo tele audiencia que ciudadanía.
Amigas y amigos, sin
afán de ponerse como ejemplo y darle cátedra al mundo, consciente del
complejo momento histórico que vive la humanidad y de su propia realidad
como país, respetuoso de la identidad de los demás pero fiel a la suya,
el Uruguay quiere aportar su esperanza y su compromiso para fortalecer
el diálogo y la cooperación entre América del Sur y los Países Árabes.
Ya lo dije en la
intervención anterior, pero permítanme reiterarlo: no hay razón para la
lejanía y el desconocimiento entre nuestros países y pueblos.
Permítanme también decir
que este diálogo político no puede agotarse en sí mismo y debiera
reflejarse en iniciativas concretas que beneficien mutuamente a nuestros
países y signifiquen un aporte a la Comunidad Internacional.
En tal sentido, creemos
conveniente que esta Cumbre exprese enfáticamente:
Primero, su decidido
compromiso con la paz, la soberanía, la democracia y la solidaridad.
Segundo, el firme
rechazo a todo tipo de terrorismo, violencia y discriminación.
Tercero, el inalienable
derecho de los países a tener fronteras estables y seguras, y ejercer en
forma libérrima su soberanía y autodeterminación.
Cuarto, el respeto al
Derecho Internacional, entendiendo que las normas que ordenan y regulan
las relaciones entre los Estados constituyen la mejor forma de
garantizar la convivencia pacífica y el respeto a los Derechos Soberanos
de los Pueblos.
Quinto, el no
alineamiento bajo la hegemonía de grandes potencias y la no intervención
en los asuntos internos de otros países.
Sexto, la reafirmación
del multilateralismo como forma de fortalecer el Derecho Internacional,
jerarquizando el papel de las Naciones Unidas.
Séptimo, el
reconocimiento a la indivisibilidad de todos los Derechos Humanos, sean
políticos sociales, económicos, civiles, culturales o de género;
incluido los Derechos de Titularidad Colectiva, tales como el Derecho al
Desarrollo y al medio ambiente sano.
Consecuentemente con lo
anterior, consideramos que nuestro diálogo a de reflejarse también en
nítidas líneas de acción tendientes a:
Uno, promover una
reforma de las Naciones Unidas, para dotar a dicha organización de mayor
eficiencia, democracia, representatividad y transparencia.
Dos, sumar esfuerzos en
la lucha contra el hambre y la pobreza.
Tres, coadyuvar al logro
de una paz justa y duradera en Medio Oriente sobre la base de la
coexistencia de los Estados de Israel y Palestina.
Amigas y amigos, hay
quienes, aunque ayer afirmaron que la Humanidad había llegado al fin de
su historia, hoy sostienen que esa misma Humanidad vive un choque de
civilizaciones.
Menuda contradicción; o
será que al invento del post modernismo se le suma el de la post
historia.
En fin, allá ellos con
sus dilemas para justificar lo injustificable.
Nosotros, en esta
reunión, tenemos la oportunidad de demostrar que las civilizaciones no
están condenadas al choque y que al historia tampoco está condenada al
fin.
Que las civilizaciones
pueden encontrarse, coexistir y aliarse, y que la historia continúa
porque la gente la construye con ese impulso tan sustancialmente humano
que son la paz, la libertad, la democracia, la justicia y la
solidaridad. Muchas Gracias.
|