FORO INTERNACIONAL REVINDICÓ EL ROL DE LA MUJER EN
LOS ESPACIOS DE DECISIÓN DE LA POLITICA
Se realizó hoy en el salón de Actos del Edificio
Libertad el foro Internacional "Mujer y poder en la política"
con la presencia de destacadas mujeres del quehacer público nacional y
delegadas de organismos públicos y privados de América latina.
En el marco de las numerosas disertaciones previstas,
la Directora del Instituto Nacional de la Familia y la Mujer del
Uruguay, Carmen Beramendi, reivindicó hoy el papel de la mujer en la
sociedad y su actuación en los espacios de poder como un tema de
derechos humanos.
Más adelante, la senadora y médica Mónica Xavier
convocó a las mujeres a instar a los hombres del sistema político a
compartir con aquéllas las responsabilidades en todas las áreas
“para ganar en afectos y participación” lo que se pueda perder en
protagonismo.
PALABRAS DE LA DIRECTORA DEL INSTITUTO NACIONAL DE
LAS MUJERES DEL URUGUAY, CARMEN BERAMENDI
BERAMENDI: Muchas gracias. En primer lugar quiero
agradecer a la Red de Educación Popular entre Mujeres (ADON), a la
Comisión Nacional de seguimiento, a la embajadora presente, a los
representantes de los países de la región que nos acompañan y a
ustedes, a las mujeres uruguayas, a las mujeres que han venido desde
distintos lugares del país. Quiero saludar a todas aquellas mujeres que
han hecho posible que hoy, fruto de una acumulación de un proceso de
muchos años en el Uruguay, estemos reivindicando con nueva energía y
con nueva fuerza esto de vincular a las mujeres y al poder en la política.
Por lo tanto reconocer en el saludo a las que estamos
aquí presentes, a las que nos antecedieron y transformaron en años de
vida y de lucha y de noches de insomnio –seguramente- muchos de los
derechos que hoy estamos acuñando y pudiéndose ejercer las que aquí
estamos.
Estamos de alguna manera introduciéndonos en un
espacio de debate que intenta colocar el tema de la mujer y el poder en
la política de una manera resignificada, intentando poder debatir
cuestiones que son viejas en el debate y colocar también seguramente
algunas cuestiones nuevas que nos permitan ir construyendo, como mujeres
políticas, esta cuestión de una identidad distinta en los modos de
ejercicio de la misma.
Estamos haciéndolo además en un momento cargado en
nuestro país de enormes expectativas con todo lo que hacemos.
Expectativas que si uno piensa en lo que ha ocurrido
en el Uruguay, en el proceso del 1º de marzo hasta hoy y sin pretender
hacer en esto un resumen, sólo colocar que de alguna manera algo se ha
venido pasando desde marzo aquí, es que la política en el Uruguay ha
vuelto a tener una centralidad; ha vuelto a tener una centralidad en las
decisiones, ha vuelto hacer de alguna manera la que pretende expresar y
reflejar la opinión del conjunto de la ciudadanía con la que se
comprometió en el programa de gobierno que presentó previo a las
elecciones.
Compromiso, entonces político que está expresado en
un programa de gobierno y que intenta de alguna manera tener una
centralidad que hace muchos años en el Uruguay no tiene la política
porque de alguna manera ha estado sustituida muchas veces por cuestiones
corporativas, muchas veces por demandas de cosas que de alguna manera se
construyeron ajenas a las mismas, decisiones económicas centrales que
no se adoptaban justamente en el ámbito de la política, presupuestos
que no respondían a la realidad y a la decisión política y entonces
un esfuerzo enorme de marzo hasta ahora de colocar la política como un
centro en las decisiones nacionales.
Otra
cuestión que me parece importante es este divorcio histórico que ha
tenido la economía de la cuestión social, esta visión de las
decisiones, muy vinculada a lo economicista, de alguna manera ha tenido
un sesgo impresionante en este período de gobierno, colocando los temas
sociales y de la pobreza como temas que nos competen a todos, temas que
estamos hoy desayunando con ellos, que estamos almorzando con ellos,
cuando estamos en los medios de comunicación, de alguna manera de
manera permanente, haciéndonos cargo todos de que este Uruguay tiene,
contres millones de habitantes, un millón de pobres, y que esto
requiere, respuestas políticas y respuestas de otra dimensión a las
que han tenido hasta ahora.
Por
lo tanto, centralidad de la política, mayor visibilidad de los temas
sociales y colocar los temas sociales en el corazón de los temas económicos
nos parece que, de alguna manera, han sido cuestiones que han marcado
los primeros meses. Al mismo tiempo, hemos hecho un esfuerzo importante
para que veamos que esta cuestión, que ha sido impresionante, de
reconocer los factores que el Uruguay tenía, históricamente, de
exclusión, tienen un componente que no es menor y que de alguna manera
hace al tema que estamos debatiendo hoy, que es que la exclusión también
tiene un fuerte componente cultural y que la exclusión está
fuertemente atravesada también en nuestro país por el género.
La
exclusión social y la exclusión política están fuertemente
atravesadas por las relaciones de poder que se establecen entre mujeres
y varones en la vida cotidiana, por la relaciones desparejas de poder y
asimétricas, que se expresan de distinta manera, también en la vida pública,
en la vida social y en la vida política.
Entonces,
nosotros creemos que estamos hablando de inclusión: vincular a las
mujeres y al poder en la política es un tema que hace a la inclusión
social, que por lo tanto es también un tema de derechos humanos y es
fundamentalmente un tema de derechos humanos, y que no debe
desvincularse del conjunto de la conceptualización de derechos humanos
que se está intentando promover en el gobierno. Estamos en estos meses
también viviendo, y particularmente en estas últimas semanas, a una
irrupción del tema de los derechos humanos de una manera que realmente
nos tiene fuertemente atravesados en el motivo, en los afectos, a todos
los que participamos de este proceso de la vida del país, donde, de
alguna manera, se está revirtiendo una deuda histórica que el Uruguay
tenía con esta temática.
El
problema es que los derechos humanos deben integrar y conceptualizar que
la participación de las mujeres, el que las mujeres accedan a los
espacios de toma de decisiones, la igualdad de oportunidades, la
posibilidad de que efectivamente el acceso a las oportunidades, en lo
que tiene que ver con la participación política, es también un tema
de derechos humanos y un tema que, de alguna manera, permite ensanchar y
conceptualizar de una manera distinta esta cuestión de que los derechos
de las mujeres, esto que hemos sostenido durante mucho tiempo, también
deben formar parte de los derechos humanos.
Por
lo tanto estamos entrando, también,
en un debate que, a nuestro juicio tiene mucho que ver con esta
conceptualización ampliada de los derechos humanos. Pero también tiene
que ver con el concepto y la construcción de la idea de ciudadanía que
estamos intentando seguramente, a lo largo de la jornada de hoy,
reconceptualizar. Idea de ciudadanía que no la compartimos o no la
suscribimos con la idea que tuvimos antes. Es una idea o esta
conceptualización más liberal de la ciudadanía, sino que integre la
diversidad, no sólo como una condición, sino que integre también a la
equidad con un criterio ara el ejercicio del poder en cualquiera de sus
formas. Para esto necesitamos transformar el acceso a los mecanismos que
legitiman el uso del poder. Para legitimar este acceso a nuevas formas
de uso del poder debemos contribuir, entre todos los que estamos aquí,
a modificar las características y la relación que existe entre el
mundo de los político y el mundo de lo privado y creemos que, el debate
del día de hoy va a permitirnos acortar esta distancia.
Creemos
que el concepto de ciudadanía que intentamos también contribuir a
formular desde la política como la concebimos, debe, de alguna manera,
contribuir a achicar esta distancia que existe entre el mundo público y
el mundo privado, y entender que también los temas privados tiene que
ser parte de la agenda pública, estos temas privados que, de alguna
manera acortan tan fuerte
las distancias ente lo público y lo privado cuando nos
enfrentamos por ejemplo al reconocimiento de los temas como el de la
violencia doméstica. Allí, cuando nos enfrentamos a la violencia doméstica,
hemos acortado en el discurso y en las políticas el reconocimiento de
que hay que acortar esa distancia en la medida que ese tema que parece
ser un tema privado pasa a ser un tema objeto de políticas públicas,
donde se acorta esta distancia de una manera fuerte.
Esto, que de alguna manera pasa en la vida privada y
que se expresa en esta forma brutal de discriminación que es la
violencia doméstica es un efecto fuerte que tiene en la vida privada
estos modos de ejercicios del poder en la vida social y en la vida pública
que se expresan de esa manera brutal en la vida cotidiana, pero que no
se entenderían sino existieran otras formas y entramados de ejercicios
del poder de ese poder ejercido históricamente de una manera vertical,
ejercido históricamente de una manera abusiva y que hoy vamos a
intentar también revertir como conceptualización. Queremos contribuir
en el debate también entonces a colocar de manera distinta el tema del
poder, este poder que de alguna manera Julieta (...) decía “este
poder puesto en verbo, puedo en acto, este poder como posibilidad de
hacer como posibilidad de construir como posibilidad de ejercer en
concreto las acciones efectivas para transformar la vida de mujeres y
varones en una vida que efectivamente de cuenta de que el Uruguay empezó
también en este terreno a procesar un camino distinto al de los períodos
anteriores.
Queremos de esta manera dejar inaugurada esta primera
parte de la jornada de hoy y este encuentro e invitarlas a todas y a
todos los que están a poder contribuir desde nuestra participación a
que efectivamente la jornada de hoy sea un hito importante en algo que
para nuestro instituto es un eje de trabajo central, un eje de trabajo
fundamental, uno de los tres programas que nos hemos trazado que es esto
de promover y fortalecer el liderazgo social y político de las mujeres
y su participación en todas las instancias de toma de decisiones.
Sólo cuando hayamos avanzado en esto podremos decir
que el Uruguay ha revertido esta cuestión, este déficit democrático
que señalaba Lilián (Abracinskas) que nos coloca en la región -en una
escala del 1 al 109- en ese lugar de número 74 que nos parece que es
tan deplorable en un país que de alguna manera tiene una historia que
ya ha quedado bastante distante en relación a la región y bastante
rezagado, que de alguna manera tiene que recobrar lo mejor de sus
tradiciones e integrar la transformación y a los cambios que está
haciendo lo mejor que tuvo en otra época de ofensiva en materia de
igualdad formal y poder hacerlo a la luz y en clave de igualdad real,
que de alguna manera de eso se trata lo que vamos a intentar revertir
con acciones como estas que serán un puntapié y serán un lanzamiento
de muchas otras iniciativas que promuevan que las mujeres lleguemos no
en el año electoral, sino en el año en que recién asumimos el
gobierno intentando revertir una discriminación histórica que el
Uruguay tiene de déficit en el sistema de partidos, de déficit en el
sistema democrático y que tiene mucho que ver con mecanismos instalados
en la confección de las listas desde cómo se toman las decisiones en
el momento en que efectivamente se producen los bloqueos mayores para el
ascenso de las mujeres a los lugares de toma de decisiones.
Bueno, transformemos entones la jornada de hoy en una
jornada que nos permita revertir esta realidad y comenzar un proceso que
continúe otros que ya hemos acuñado desde distintos espacios y cierre
de alguna manera una etapa que luego de lo que estemos viviendo
seguramente el año que viene en Chile pueda significar simbólicamente
el que las mujeres efectivamente en esta América Latina empezamos a
darnos esta posibilidad de estar en lugares donde efectivamente se
corresponda la igualdad real con lo que hemos acuñado lo formal durante
tantos años. Gracias.
PALABRAS DE
LA SENADORA DE LA REPUBLICA, DRA. MONICA XAVIER
XAVIER: Buenos días a todos, y a todas, le pido
disculpas por la voz, el asma me acompaña y sobre todo en estos
tiempos.
Siempre he sostenido que funcionará mejor el
conjunto de la sociedad -pero en especial, en nuestro país, para
nuestros niños y nuestras
mujeres jóvenes- si tenemos de mejor forma integrados los ámbitos en
donde las cosas se resuelven para todos.
Para algunas somos el 52% del general de la población,
acá y en todos los lugares y cuando uno escuchaba a Rebeca, decía,
bueno, esta película ya la vi. Creo que todas las cosas que dijo Rebeca
se reproducen fielmente en la realidad uruguaya, salvo alguna excepción.
Alguna excepción que parte, me parece que, cuando Jimena a mí también
me mandó deberes, y decía bueno, cómo fue el motivo que me impulsó
el ingreso a la política formal.
Yo creo que una de las grandes diferencias que puede
tener Uruguay con relación a otros países de la región, es el poder
que los partidos políticos tienen en esta sociedad. Y no es casualidad
el que estemos todas la mujeres representantes de diferentes partidos
políticos hoy acá, dejando seguramente varias tareas de lado, pero
privilegiando estas instancias en donde creo que es esencial que
podamos, entre nosotras, reflexionar y luego socializar estos aspectos
en el conjunto de la sociedad y del resto del sistema político.
Siempre la sociedad uruguaya estuvo implicada en los
temas políticos y en especial, los partidos políticos fueron
articuladores, junto a un movimiento social también muy potente, de
demandas y de realidades que construyeron a lo largo de estos años,
salvo la dura interrupción de la época dictatorial, una sociedad
basada en determinados valores democráticos que nos son muy caros y que
siempre nos viene ese temor de eventualmente poder perder, no porque esté
amenazada la institucionalidad democrática sino porque poder seguir
sosteniendo sobre la base de partidos políticos fuertes, la
institucionalidad democrática y sobre organizaciones sociales y civiles
fuertemente enraizadas, es una institucionalidad que nos permite, en
general, tener buenos canales de comunicación. Que me da la sensación,
ahora tenemos una renovada expectativa de hacer más fluida la circulación
de esos canales.
Claro: uno, por ejemplo, en lo que respecta a una
experiencia personal, entra a la vida política cuando en este país se
ingresaba a la vida política, de adolescentes, cosa que ahora en
general, los adolescentes tienen otras formas de expresión, no es que
no sean políticas, no son la política reivindicativa que nosotros hacíamos,
muy similar a la de nuestros mayores en esa época. El 69, el 70, fueron
épocas en las cuales era imposible estar ajenos a la participación política
en este país, porque surgían realidades muy complejas, que convocaban
efectivamente a la concreción que para muchos de nosotros, muy jóvenes
en ese momento, era la posibilidad de que a la vuelta de la esquina,
concretáramos nuestras utopías. Eso no fue así, no por no haber sido
de esa manera que soñábamos deja de tener validez, por el contrario,
nos demostró a todos que estas construcciones llevan mucho más tiempo,
mucho más interrelación, pilares más sólidos en su conformación.
Y bueno: yo adhiero a una ideología desde que fui
concebida. Pertenezco a una familia de origen socialista y he estado
siempre en esta ubicación ideológica dentro del mapa político
uruguayo.
Entonces uno se plantea, en determinado momento,
después de las luchas gremiales y después de las actividades políticas,
qué hace uno dentro de una estructura partidaria, cómo puede
sobrevivir a los obstáculos y a los desafíos de un mundo muy
masculino. Y empiezan ciertos temores en los cuales uno dice, bueno,
pero capaz que en los ámbitos sociales, en los ámbitos gremiales es más
factible obtener demandas concretas, las cosas son más realizables, en
la política los tiempos son muy largos, ni qué hablar de que los
tiempos parlamentarios son mucho más largos que los tiempos del
Ejecutivo y para todas nosotras, que tenemos en general un pragmatismo
muy concreto, a veces los tiempos parlamentarios se nos hacen muchos más
largos, como el tiempo para los niños.
Y realmente uno se plantea si va a poder vencer los
obstáculos dentro de su propio partido y dentro del sistema político
general, porque ese mundo masculino no ha tenido en materia de avances
de participación femenina, más que estar por debajo del promedio
mundial.
Si el promedio mundial, a nivel de parlamento, es de
un 15% aproximadamente, hemos estado siempre por abajo. Subimos, es
cierto en un mismo proceso de los 7, 8% al 12 y ahí nos hemos quedado
con el techo de cristal.
Entonces uno dice: bueno, son muchas las cosas para
enfrentar. Uno siente una vocación de servicio y en este caso en
particular el hecho de ser médica también he seguido esta vocación de
servicio con mucha firmeza, ¿no? No sé hasta donde me darán las
fuerzas, porque se siente muy sola, además muchas veces para enfrentar
este tipo de realidades, de discriminación a la interna de los
partidos. Y entonces, yo
creo que Uruguay también tiene una experiencia muy importante a
rescatar y es cómo ha tejido desde la reapertura democrática hasta el
presente, con firme voluntad de proseguir en ese camino, redes de
trabajo entre los más diversos partidos políticos y su representación
femenina.
Porque acá no se trata sólo de que se pueda llegar.
Es importante llegar, pero lo importante es que una vez que se llega,
sean más las que puedan llegar. Y una reflexión personal que es un
poco, me parece interesante esto de que cada una, desde al ámbito en
que ha vivido, cuente alguna anécdota, yo pertenezco a un partido que
desde el punto de vista estatutario tiene instituida la representación
de género en este país. Es un partido histórico, tiene 94 años de
izquierda y después de la reapertura democrática hace más de 12 años
instituyó una medida afirmativa.
Otras compañeras lo han intentado, algunas lo han
logrado transitoriamente con alguna dirección que expresaba voluntad de
incorporar una integración más equitativa, pero nosotros lo logramos
en el estatuto, y yo fui de las que en ese primer Congreso voté en
contra de introducir una medida de discriminación positiva. Porque
bueno, siempre había estado en la cosa, siempre había llegado a los máximos
niveles de dirección, me rompía el alma, postergaba tantas de esas
cosas que uno a veces dice: “bueno, la vida es una sola, ¿cómo
compaginamos todo esto, porque también se trata de ser felices”, y yo
reivindico la felicidad en la lucha política porque -digo- si hay gente
que piensa que puede tener otra vida, feliz de ellos y que la tengan y
que la disfruten, pero mientras estemos en esta tierra, quienes tenemos
responsabilidades tenemos que hacer los mayores esfuerzos para que la
gente sea feliz.
Y en esa búsqueda de la felicidad hay mil caminos
para encontrarla, pero tampoco se trata de que nosotras nos frustremos,
porque uno lo que quiere es prefigurar en su estructura, en su ámbito,
lo que quiere para el conjunto de la sociedad, y entonces a mí me
pareció que no era una medida que nosotros de izquierda democrática,
socialistas, tuviéramos que imponer dentro de la estructura, que la
cosa se iba a dar y que todo dependía de la voluntad y la firmeza que
tuviéramos. A muy poco de
andar, es cierto que mi primer período se desarrolló básicamente en
la lucha clandestina, entonces, los códigos eran bastante diferentes a
la lucha democrática y a poco de recorrer el mundo uno se da cuenta de
que ninguno de los primeros países que han logrado tener una
representación de mujeres a nivel de los ámbitos de decisión lo ha
logrado por evolución natural, ni lo ha logrado porque se nos conceda
la posibilidad de que nos integremos, argumento que se usa cuando
decimos hay que tener una medida de discriminación positiva dicen ¿porqué
quieren que les regalen?, ¿ustedes no se sienten capaces por sí mismas
de llegar? Acá nadie regala nada, y en política menos.
Porque se trata de espacios de poder, y se trata de
combatir estereotipos de toda la vida, de toda la historia que es muy
difícil de generar nuevos paradigmas, generar una culturas sobre otras
bases, y por tanto esa pelea tiene raíces muy profundas en la historia,
y tiene una perspectiva histórica también de muy largo aliento.
Porque cuando uno logra en esta materia algunos desafíos,
sabe que son muchos más los que se le abren en perspectiva para
seguirlo logrando, y que además una de las cosas que tenemos siempre
que tener presentes y que cuando avanzamos un paso tenemos que estar
pensando, que eventualmente podemos retroceder varios.
Entonces en estos avances siempre hay una reacción,
la del otro lado, y esto no es estigmatizar a hombres y mujeres, esto es
desestigmatizar o desatanizar lo que significa compartir el poder. Por
eso yo reivindico estas instancias en que básicamente somos mujeres que
nos juntamos a reflexionar sobre nuestras propias historias,
dificultades, y a buscar nuestro mínimo común denominador que nos haga
a mujeres desde las más diversas extracciones, y desde las más
diversas condiciones políticas poder encontrar el mínimo común
denominador que nos permita a todas avanzar.
Me parece que uno con relación a
las situaciones afirmativas, no hay más perro que el chocolate,
como decimos, y el chocolate acá es que la mujer para estar tiene que
tener algún mecanismo de facilitación. Es cierto que con las cuotas de
participación no se logra todo, pero sin ellas es imposible comenzar a
avanzar.
Entonces, que Uruguay esté en el puesto 71 en el
ranking de la Unión Interparlamentaria que sólo tiene 127 puestos,
para un país que al principio del siglo pasado fue pionero en la región,
avances de derechos civiles, de la posibilidad de las mujeres de ser
electas, vemos que nos hemos quedado un poco estancados y es cierto:
otras variables estuvieron en esas contradicciones en las cuales uno no
logra compatibilizar y armonizar, que en estas luchas la visión de género
siempre va a ayudar a lograr mejores condiciones para los objetivos.
Entonces, una de las cosas a las que asistimos en
Uruguay hoy es a retomar bajo una visión que el Ejecutivo tiene de
introducir una perspectiva de género, poder desde el Parlamento lograr
consolidar una ley de cupos, de participación política de las mujeres,
como se le quiera llamar. Va ser un debate que seguramente nos vuelva a
cortar transversalmente en diferentes proporciones pero nos vuelva a
cortar transversalmente.
Nosotros, como sector progresista,
le hemos dicho a nuestras autoridades que no se puede ser
progresista, si no se incorpora la visión de género, que no se puede,
y esto es siempre algo que le decimos a todo el sistema político, no
podemos profundizar la democracia si tenemos a más de la mitad de las
mujeres afuera. ¿Por qué tenemos que estar representadas por la
palabra y la actitud, y el discurso de los hombres, si como decía
Rebeca entre otras cosas, no nos falta capacitación en materia
educativa como para poder expresarnos por nosotras mismas? ¿Cuál es la
razón de que siempre tengamos que estar delegando nuestras formas de
hacer política, nuestros planteos y una agenda que en general
no nos contempla?
Este desafío está planteado y seguramente será en
la mitad del período interelectoral que logremos nuevamente coincidir
mujeres políticas de todos los ámbitos. Que no necesariamente cuando
estamos planteándonos una ley nos estamos planteando sólo la
interrelación entre las mujeres parlamentarias.
Siempre que hemos tenido la firme voluntad de llevar
adelante un paso significativo en materia legislativa, lo hemos hecho en
conjunto con la academia, con las mujeres sindicalistas, con las mujeres
de las organizaciones no gubernamentales, con la sociedad civil en
general. Y me parece que es una de las claves del tema. Nosotros
logramos trabajar en red, nosotros logramos abrirnos en la perspectiva y
colocar eso que muchas veces es necesario para avanzar. Evidencia científica,
evidencia de que hay cosas que se pueden hacer de mejor forma y que por
eso cada una de nosotras desde el ángulo en dónde está, aporta a
estos cambios.
Es cierto que nosotros temeremos que llegar y llegar
con mujeres que aporten esa visión de genero. Y que muchas veces
algunos ejemplos femeninos nos hacen decir: bueno, esto es un gol en
contra en nuestras exigencias de participación femenina. Pero bueno, no
todas las mujeres que llegan incorporan una visión de género, así
como no todos los hombres dejan de tenerla y de ser importantes aliados
en estos caminos a recorrer. Por tanto, yo creo que nosotros tenemos el
doble desafío de ir permanentemente elaborando y recreando una agenda
de género e ir llegando cada vez con más fuerza, con más mujeres que
la incorporen de manera decidida.
Es cierto que hay, y una de las preguntas de Jimena
decía, formas distintas de hacer políticas. Y es natural que nosotros
incorporemos una sensibilidad diferente, porque venimos de un lugar
diferente en la sociedad. Y porque, habitualmente lo que hacemos es ir
superponiendo nuestras responsabilidades y no abandonamos nuestro ámbito
profesional o nuestro ámbito laboral y no abandonamos los problemas de
la casa. Y también nos introducimos en determinadas luchas de los
diferentes ámbitos de representación que hay. Entonces, sobre nuestros
hombros cargamos con una pesada en general representación que cuanto
mejor sería abrirla, cuánto mejor sería poder expresar desde todas la
sensibilidades y desde todos los ángulos desde dónde se puede llegar a
la política. Con una característica que tiene también Uruguay. El
sistema político no se representa con una clase política ni con una élite
estructural, ni con un segmento determinado. La política uruguaya se
integra con los más variados orígenes socioculturales, económicos,
culturales y también de nivel profesional o no. Por tanto, el gran déficit
que en esa diversidad está planteado es el de una participación más
equitativa de las mujeres. Esa es una de las cosas, que no sólo lo
tenemos que preguntarnos entre nosotras, se lo tenemos que preguntar
también a los varones. ¿Cuál es la razón por la cual, no estamos en
mayor número acá? Que no se nos responda con la de siempre: no quieren
estar. Porque esa es una de las habituales: no hay mujeres que agarren
una tarea como esa, porque, claro, es tan difícil. En realidad, las
habemos, como decíamos hoy, que la cuota es necesaria, pero no es
suficiente, que nosotros nos tenemos que esforzar en los ámbitos en
donde llevamos adelante nuestra tarea política, otros elementos que
ayuden a contener la posibilidad de nuestra participación. Es cierto,
que hemos introducido en alguna medida a los hombres en el mundo de la
participación de las cuestiones de la casa, del hogar, pero los tenemos
que hacer mucho más sensibles a que se están perdiendo los mejores
tiempos de sus hijos, la mejor posibilidad de fortalecer la familia y,
como decíamos, de adaptar horarios y formas de funcionamiento en donde
realmente no sientan que por el poder que pierden, lo pierden todo, sino
que ese espacio que van a ceder para compartirlo con las mujeres,
seguramente lo ganen en sus afectos, lo ganen en todo eso que la
sociedad estructuralmente siempre les negó. Tener la posibilidad de
ser, en materia de afectos y de sensibilidad muchas veces como podemos
hacer nosotras a las cuales eso se nos permite y en cambio a los hombres
no, aún más cuando son políticos.
Entonces, creo que podemos y debemos ser más audaces
en el planteo, en la devolución de nuestras preguntas hacía los
hombres. Y tratar de remover en el mundo masculino este estereotipo. La
verdad, no creo que los haga desde ningún punto de vista más felices y
más realizados. Entonces esta es una de las que me parecen que nosotros
podemos ayudar a lograr. Porque nosotros tenemos que construir una
agenda con un mínimo común denominador que nos abarque a todas, a la
interna de nuestros países pero también a la región. Porque
efectivamente podemos de esta manera interrelacionar y cambiarnos
experiencias y darnos fuerzas. Muchas veces, cuando uno compara que en
el período en que más trabajo se hizo con relación a este tema logra
los peores guarismos, las peores cifras en resultados concretos, dice,
bueno, o lo hice mal o esto es mucho más difícil de lo que los planteáramos
y tenemos que rever la estrategia. Y bueno no cabe duda de que en estas
instancias nosotros ponemos en común estrategias y desafíos formas de
acceso a esto que efectivamente es difícil porque se trata del poder. Y
cómo hacerlo, bueno, yo creo que uno de los principales desafíos que
nosotros tenemos que enfrentar es que lo importante es mantenernos como
nosotros somos también en la política y existe, dadas algunas
experiencias, el temor o el riesgo de competir con la forma masculina de
hacer política.
Yo creo que nosotros tenemos que reivindicar nuestra
forma porque realmente es así que enriquecemos la diversidad del debate
y debemos también generar hechos políticos concretos con soluciones.
Muchas veces se nos critica que nos reunimos para hablar de nuestros
temas que después esto no lo traducimos. Bueno, no siempre es fácil
traducir cuando uno no tiene resortes de poder. Ahora yo creo que por
ejemplo para la realidad política de nuestro país. Tener mujeres en
lugares clave que puedan revertir la peor situación que tiene esta
sociedad hoy como tal a revertir, que es la pobreza, me parece que es
esencial en el camino de la demostración de que nosotros, al igual que
los hombres también, podemos tener estas cifras de reflexión tener
instancias de ejecuciones. Y me parece que una de las cosas que nosotros
tenemos que hacer es monitorear estos avances. Y bueno Latinoamérica
tiene cosas diferentes. Capaz que tiene dentro de sólo tres meses una
presidenta mujer en un país muy conservador y de izquierda y en suma, a
la que habitualmente se le tacha parte de sus contendientes de que no es
una mujer inserta en un mundo político. Bueno, una mujer inserta en el
mundo político para hacer la dictadura: ser dos veces ministra, una de
ellas de Defensa en un país que ha sufrido una de las dictaduras más
fuertes de Latinoamérica es estar inserta en la política. Lo que pasa
es que, bueno estos cambios como yo digo todo avance tenemos que prever
siempre el retroceso porque en esos temas cuando de poder se trata la
reacción no se hace esperar. Entonces me parece que nosotros tenemos
que sentir como logros propios la posibilidad de que tengamos una mujer
en un lugar como la Presidencia de la República. Que tengamos la
posibilidad, bueno, de ver que en otros países también existen algunas
posibilidades de que las mujeres estén en algunos de los lugares más
destacados.
Pero yo creo que nosotros este año también tenemos
desafíos importantes y cuando tú hablabas de la agenda de la CEPAL
nosotros tenemos una Cumbre de Presidentes que va evaluar los desafíos
de milenio. Y en esos desafíos del milenio tenemos cosas muy
importantes para lograr para el conjunto de la sociedad y en especial
para las mujeres.
Reducir la mortalidad materna en este continente es
realmente algo que nos compromete a todas por tanto reivindicar en
materia de salud en especial en los derechos sexuales y reproductivos
una mirada especial, una política jerarquizada para poder evitar
muertes evitables es una de las cosas que realmente genera un compromiso
de parte de todas nosotras, creo que en forma muy significativa.
Pero como tu decías hoy, cuando planteabas el tema
del agua, bueno, nosotros los uruguayos estamos sobre una riqueza
incalculable de agua dulce. Y eso no quiere decir que las mujeres del
interior, del interior no tengan esas mismas dificultades de otros países
que tienen escasez.
América Latina tiene la mayor desigualdad de los
diferentes continentes, pero también tiene alguna de las mayores
riquezas, la riqueza de la biodiversidad, la riqueza cultural, la
riqueza étnica, la riqueza racial y me parece que nosotros en la medida
en que nos juntamos nos fortalecemos en esas grandes cosas que nos hacen
fuertes y que deben de ser esas fortalezas para que lo que paso hace 500
años no se repita de diferentes maneras, de maneras culturales, de
maneras económicas y que nosotros podamos por tanto como mujeres que
hemos tenido en esa evolución un papel muy importante en donde se nos
ha asignado el seguir reproduciendo y manteniendo la culturas, las
tradiciones, las formas más típicas y más respetables de lo que
nuestra diversidad como Nación un tema que también tiene que estar
incorporado a nuestra agenda, no para seguir en un rol tradicional sino
para reconocer que eso nos ha dado un poder en la formación de estas
sociedades que podemos generarnos un nuevo desafío de que el que
tenemos por delante integrar esa diversidad que hoy pasa por ser el
concepto que creo que se resume en la palabra de laicidad.
Hoy la laicidad está en discusión de todos estos países
no está en si se es antirreligioso o si se está a favor de las
religiones, lo que la laicidad pasa por un nuevo concepto en el cual se
sintetiza en el respeto a la diversidad de que debemos todos tener en
todos los ámbitos.
Y bueno, en ese respeto a la diversidad algunas de
las cosas que han estado planteadas hoy acá nos parece que son
esenciales para poder fortalecer la autonomía de las decisiones de
todas nosotras y acá se van hacer un segundo papel de tiempo y yo voy a
terminar diciendo que me parece que nosotros tenemos una práctica en la
política, un discurso, una forma de llegar y una necesidad de que
cuando somos más la ciudadanía nos ve y algo de lo que hemos podido
ver que venimos recientemente de campañas electorales es que aquello de
que las mujeres no votan a las mujeres, las mujeres confían en los
hombres, porque van al ginecólogo hombre o eligen el abogado hombre,
son mitos de los tantos que tenemos que derribar, porque cuando uno
siente que las mujeres le dicen: bueno, yo vengo a hablar contigo porque
sé que me vas a entender, porque vivís de alguna forma las mismas
cosas que uno vive, entonces uno siente que eso es una forma, entre
otras cosas, de poderle decir a esa mujer que ella también puede hacer
política, que todo lo que nos ocurre en la vida desde que nos
levantamos hasta que nos acostamos es política, aunque no sea política
partidaria. Y que de lo que se trata es quiénes hemos podido llegar ha
determinados lugares de poder lo hagamos para que el conjunto de las
mujeres pueda tener accesibilidad y que en la lista de mitos creo que
podríamos llegar a la centena de mitos que tenemos que derribar entre
todas.
Nosotros, en primer término, porque pudimos llegar y
pudimos ver, un poco desde un lugar privilegiado, cómo ha sido el
esfuerzo de las mujeres en el mundo para poder llegar. Y cuando uno, en
la historia, se va un poquito más atrás nomás y ve que la historia de
las mujeres que han hecho realmente avances significativos, fue una
historia de peleas, de luchas, de combate, de enfrentarse a los
estereotipos más firmes de las épocas, bueno, siente que ahora, de
alguna forma, estamos un paso cualitativamente superior. La posibilidad
de que se siga en esos pasos nos da mucho más fuerza para ser cada vez,
mayores agentes de esta profundización democrática que pasa por
integrar a las mujeres, sin más discriminación, que sus talentos, sus
virtudes a los lugares de decisión de las políticas. Gracias.
LUGARES DE
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