REGLAS DE JUEGO CLARAS, INVERSIONES PRODUCTIVAS Y
TRANSPARENCIA
"No confundimos riqueza con prosperidad, ni la
opulencia de unos pocos con el bienestar de todos, pero sabemos que para
el desarrollo integral que reclama y merece el Uruguay, como cualquier
otro país que tenga el mismo objetivo necesita -entre otros- estos tres
elementos escenciales", dijo el Presidente de la República, Tabaré
Vázquez ante la Cámara de Comercio Uruguay-USA en Washington.
(Versión no textual)
Amigas y amigos:
En primer lugar
permítanme expresar, como Presidente de la República Oriental del
Uruguay, nuestro agradecimiento a la Cámara de Comercio Uruguay –
Estados Unidos por auspiciar este encuentro así como nuestro
reconocimiento a todos ustedes por participar en la misma.
Este encuentro
expresa inquietudes, esperanzas y responsabilidades convergentes sobre
las cuales es bueno dialogar y coordinar acciones en beneficio de todos.
Me acompañan los
Señores Ministros de:
-
Relaciones Exteriores, Reinaldo
Gargano.
-
Economía y Finanzas, Danilo Astori
-
Industria, Energía y Minería, Jorge
Lepra
También me acompaña
el Señor Embajador de Uruguay en Estados Unidos, Carlos Gianelli.
No es deseable que
este tipo de encuentros se limiten a un monólogo. A ustedes les
interesa escucharnos y también nosotros estamos interesados en conocer
las interrogantes, opiniones y propuestas de ustedes.
En atención a
ello, y sin perjuicio de las intervenciones más específicas que luego
harán los Señores Ministros, expondré brevemente, casi en titulares,
algunas ideas que estimo pertinente plantear en este ámbito.
Amigas y amigos:
No voy a abrumarlos
describiendo la realidad económica y social del Uruguay.
Ustedes la conocen
bien y les consta que es el resultado de una combinación de
circunstancias externas y de importantes fragilidades estructurales
internas agudizadas en los últimos años.
Saben también que
la ciudadanía uruguaya expresó soberana y categóricamente su voluntad
de comenzar a revertir esa realidad mediante un proceso de cambios
necesarios, responsables, posibles y progresivos que suponga no sólo
resolver el presente, sino también promover y articular en clave de
democracia y ciudadanía una estrategia de país en términos de mediano y
largo plazo.
Esa voluntad es
nuestro mandato.
El mandato implica,
entre otros ineludibles supuestos,
hacer crecer la economía. Porque cuando
la economía crece es más fácil –no seguro, pero sí más probable- que
todo lo demás también marche mejor.
Por cierto que no
confundimos riqueza con prosperidad ni la opulencia de unos pocos con
el bienestar de todos, pero sabemos que para el desarrollo integral
que reclama y merece, el Uruguay, como cualquier otro país que tenga el
mismo objetivo, necesita, entre otros elementos escenciales, tres a
los que estimo pertinente resaltar en esta oportunidad:
1. Estabilidad
y reglas de juego claras
2. Inversiones
productivas
3. Transparencia.
Estamos trabajando
sobre estos elementos.
Amigas y amigos:
Ustedes saben lo
que es la estabilidad. Comprenden lo que significan las políticas
macroeconómicas consistentes y orientadas a asegurar, en trayectoria,
los equilibrios fundamentales, y entienden cuando se dice “cuentas
fiscales en orden”.
Esa estabilidad es
imprescindible, entre otras razones, para atraer la inversión extranjera
tan necesaria, en las actuales circunstancias del Uruguay, para su
desarrollo productivo.
Reitero: en el
marco del objetivo general de transformación hacia un Uruguay
productivo, nuestra programación macroeconómica tiene como objetivo
específico asegurar la consistencia de las políticas monetaria,
cambiaria y fiscal entre sí y con respecto a los objetivos de
crecimiento económico y mejora en la equidad de la distribución del
ingreso.
Porque en esto no hay atajos: para
mejorar la calidad de vida de la gente hay que crecer; para crecer hay
que invertir, y para invertir se necesita una programación
macroeconómica equilibrada y consistente.
En materia de
política monetaria
ofrecemos previsibilidad al valor de la moneda por la vía de procurar
equilibrar la creación del dinero con la demanda, controlando la
expansión de la base monetaria a los efectos de alcanzar un nivel
determinado de inflación.
En materia de
política fiscal
nos orientamos a operar tanto sobre la estructura de los ingresos como
de los gastos del sector público, a los efectos de garantizar una
estructura impositiva más eficiente y equitativa y un gasto público más
sesgado hacia la atención de planes sociales prioritarios y de inversión
pública.
En el marco de un
proceso de reforma de la estructura tributaria y de gasto público guiado
por los objetivos de crecimiento productivo, de inclusión social y
equidad, nuestra política
fiscal
está orientada por
la obtención de una trayectoria de equilibrio a largo plazo, lo que
implica revertir la trayectoria explosiva de déficit fiscales
acumulativos de las pasadas administraciones de gobierno.
No hay ni habrá aumento de la presión
fiscal, sino redistribución de la misma según criterios de racionalidad,
equidad y eficiencia.
En materia de
política cambiaria,
respetamos la razón de ser de la misma, que es disminuir la
incertidumbre asociada a la evolución del tipo de cambio.
La experiencia
indica que la fijación administrativa de un tipo de cambio o las
restricciones de acceso al mercado generan distorsiones en la asignación
de recursos y, en casos extremos, la operación de mercados negros que
desestabilizan la economía a favor de especuladores.
Los lineamientos de
política fiscal y monetaria ya enunciados son consistentes con un
régimen cambiario con mercado de libre acceso y con tipo de cambio
flexible.
La estabilidad y
previsibilidad que ofrecemos se expresa también en:
-
Los acuerdos
preliminares ya establecidos con los organismos internacionales de
crédito y cuya oficialización se tramita durante estos días.
-
El
aproximadamente 6% de crecimiento del Producto Bruto Interno que
prevemos para el corriente año.
-
La tasa de
crecimiento anual de aproximadamente 3,5% que prevemos consolidar
para el año 2006 y subsiguientes.
-
La progresiva
reducción del endeudamiento externo (hoy cercano al 100% del Producto
Bruto Interno), hasta llevarlo al 60% a fin del actual período de
gobierno.
-
La tasa de
inflación decreciente. Los objetivos inflacionarios para el presente
año se ubican entre el 5 y el 7% y aspiramos a reducirlo en el
mediano plazo a un nivel estructural del 3,5% (guarismo que en el
Uruguay no se da desde la década de 1940)
A ello debe sumarse
una agenda de reformas tendientes a:
-
dotar de mayor
independencia al Banco Central del Uruguay;
-
adecuar las
normas de supervisión bancaria a las mejores prácticas internacionales
y el desarrollo de nuevos instrumentos financieros (fideicomiso,
warrants, leasing operativos) y del mercado de capitales;
-
actualizar la
legislación referida al régimen de quiebras (téngase en cuenta que la
ley actualmente vigente en esta materia data de fines del siglo XIX);
-
consolidar un
sistema de promoción comercial y captación de inversiones
extranjeras para definir una nueva estrategia de carácter proactivo en
esos ámbitos.
Pero la
estabilidad pasa además por la solidez del Estado de derecho y de las
instituciones democráticas. Gracias a la vocación y al compromiso de
varias generaciones de uruguayas y uruguayos, en esta materia nuestro
país muestra altos niveles de adhesión a los valores y al
funcionamiento de la democracia.
Siendo la
democracia una forma de gobierno, un estado de la sociedad y un hermoso
e incesante impulso humano, siempre es posible y saludable democratizar
más aún a la democracia. Y en esa tarea fortalecer derechos, de
fomentar responsabilidades, en fin,
de generar ciudadanía y de convocarla en
torno a un gran proyecto de desarrollo nacional,
también estamos trabajando arduamente.
Amigas y amigos:
En las actuales
circunstancias del Uruguay, su inalienable derecho al desarrollo
implica también un fuerte compromiso con
la inversión.
Compromiso con la
inversión pública. Aunque sobre la misma están pesando fuertes
restricciones fiscales, el Proyecto de Ley de Presupuesto Nacional
actualmente a consideración del Parlamento prevé cierta inversión
pública de carácter estratégico (por ej.: infraestructura) que incluso
favorecerá a la inversión privada.
Pero compromiso también con la
inversión privada.
Ese compromiso no
se decreta ni se improvisa; se construye con oportunidades de inversión
rentable en distintos sectores y con un clima favorable a la inversión.
Ahora bien: ¿cuál
es el clima favorable a la inversión que ofrecen el Uruguay y su
gobierno?
Por supuesto,
la estabilidad y previsibilidad
referidas hace un instante.
Pero además:
en nuestro país no hay discriminación
entre inversores
nacionales y extranjeros.
La
legislación uruguaya garantiza igualdad de tratamiento a las
inversiones uruguayas y no uruguayas
Existe, también,
libre repatriación de utilidades.
El Uruguay es un país que cumple sus
obligaciones.
Nunca, ni aún en
las peores circunstancias, el Uruguay ha dejado de honrar sus contratos
y este gobierno mantiene esa conducta.
En nuestro país hay regímenes
promocionales
en distintas áreas de la actividad productiva que conceden beneficios
al inversor. Básicamente se trata de exoneraciones fiscales y exenciones
arancelarias para la importación de bienes asociados al proyecto de
inversión.
Hay también
oportunidades de asociación entre
empresas públicas y capitales privados
para modernizar y dotar de mayor
competitividad a las empresas ya existentes
Amigas y amigos:
Todo lo anterior,
siendo importante, sería insuficiente si no fuera acompañado de
transparencia.
Porque no hay desarrollo sin
inversiones, ni inversiones sin un marco de confianza, ni confianza sin
transparencia.
Según el más
reciente estudio sobre percepción de corrupción realizado por
Transparencia Internacional sobre un total de 144 países relevados,
Uruguay ocupa en lugar 27, siendo el segundo país más transparente de
América Latina.
Comparativamente no
estamos mal, y eso es mérito de la sociedad uruguaya en su conjunto.
Pero podemos y debemos estar mejor.
Y eso es un desafío
que nuestro gobierno ya ha encarado mediante una serie de medidas
concretas pero también con una nueva actitud hacia lo que es la gestión
cotidiana de la administración pública y su interacción la sociedad.
Porque de poco
sirven las normativas anticorrupción, por buenas que sean, si no hay
voluntad de cumplirlas o si esa voluntad alcanza apenas para cumplirlas
a medias.
Amigas y amigos:
El último asunto
que quiero enunciar en esta breve intervención refiere al
relacionamiento económico entre Estados Unidos y Uruguay.
No es un asunto
menor, si se tiene en cuenta que en entre el 01 de enero y el 30 de
agosto de 2005, por citar apenas un período breve e inmediato, Uruguay
ha exportado a Estados Unidos por unos 477 millones de dólares e
importado por poco más de 161 millones de dólares.
Como es sabido, la
República Oriental del Uruguay está firmemente comprometida con la
integración regional. Nuestro
gobierno apuesta fuertemente al MERCOSUR en términos de unión aduanera,
complementación de procesos productivos, accesibilidad a los mercados,
integración física y energética, preservación de recursos naturales y
respeto al medioambiente, complementación científica y tecnológica,
integración cultural, fortalecimiento de la institucionalidad ya
acordada e integración social.
En síntesis: queremos más y mejor MERCOSUR,
Ahora bien; esta
política no es excluyente de un amplio esquema de relacionamiento
económico internacional
tendiente a
aprovechar las ventajas que tiene una economía pequeña en su
articulación con la economía mundial.
En ese contexto se
inscribe, entre otras iniciativas, el Tratado entre los Estados Unidos
de América y la República Oriental del Uruguay relativo a la promoción
y protección recíproca de inversiones.
Como es de público
conocimiento, dicho tratado fue suscrito el 24 de octubre de 2004 por el
gobierno uruguayo de entonces y remitido para su consideración al
Parlamento Nacional el 22 de febrero de 2005.
Desde el 07 de
marzo de 2005, el estudio del Tratado está radicado en la Comisión de
Asuntos Internacionales del Senado de la República.
Como no puede ser
de otra manera, el Gobierno Nacional y la Presidencia de la República
respetan la autonomía del Poder Legislativo y, consecuentemente, no
interfieren en los trámites parlamentarios.
Amigas y amigos:
Finalizo
reiterando nuestro agradecimiento a la Cámara de Comercio Uruguay –
Estados Unidos por auspiciar este encuentro.
Asimismo, reitero
nuestro reconocimiento a la tarea que cada uno de ustedes realiza en
este gran proyecto que para nosotros es el Uruguay.
Estoy seguro que
entre todos, cada uno desde sus respectivas responsabilidades y
competencias, vamos a lograr que invertir en Uruguay sea un buen
negocio, que la economía de nuestro país crezca y que, como mencioné al
principio de esta intervención, todo lo demás –que es nada menos que la calidad de vida de la gente y el
desarrollo integral de la sociedad uruguaya en términos de nación-
marche mejor.
Muchas gracias. |