VÁZQUEZ DESTACO VALORES DE LA PAZ Y LA DEMOCRACIA, Y
FUSTIGÓ LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD
En un discurso comprometido en la defensa del
derecho internacional y de los derechos humanos, el Presidente Vázquez
exhortó a las naciones del mundo a no resignarse a que el futuro sea la
prolongación de la inercia del presente; agregando que no hay paz en la
intolerancia y el terrorismo; ni libertad en la pobreza;
ni democracia en la desigualdad.
PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL
URUGUAY, DR. TABARÉ VÁZQUEZ, EN EL DEBATE GENERAL DEL 60° PERÍODO DE
SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS EN NUEVA YORK
PRESIDENTE VÁZQUEZ: Señor Presidente, señoras y
señores Jefes de Estado y de Gobierno; señores delegados: Quiero
expresar en nombre de mi pueblo y del gobierno de la República Oriental
del Uruguay, nuestras más sentidas condolencias por las víctimas del
huracán Katrina, así como por todos los ciudadanos del mundo, hombres y
mujeres, viejos y niños, víctimas de desastres naturales, de la furia de
la naturaleza, que nos está advirtiendo que no está dispuesta a dejarse
lastimar impunemente por el hombre.
Señoras y señores, vengo de Uruguay, un pequeño país
de América del Sur, cuya mayor riqueza es la vocación pacífica, el
impulso libertario y el compromiso democrático que su gente ha forjado
generación tras generación.
Traigo el saludo del pueblo y del gobierno de la
República Oriental del Uruguay a este foro que es el más amplio,
representativo e importante del mundo actual.
Se tata de un saludo exigente, comprometido y
esperanzado.
Exigente, porque vivimos un momento especialísimo de
la historia de la Humanidad.
En efecto, pocas veces en la historia de se han
presentado coyunturas tan ricas en paradojas y tan pobres en paradigmas
como la actual.
Nunca antes el ser humano dispuso de tantos avances
científicos y tecnológicos y de un acervo cultural tan importante para
garantizar su vida en condiciones de dignidad; sin embargo, nunca antes
como ahora la especie humana ha padecido tanta desigualdad, intolerancia
e incertidumbre.
Sabemos que hasta aquí hemos llegado, pero no sabemos
hacia donde vamos. No podemos ser testigos pasivos de esta situación;
nadie puede desentenderse de sus problemas ni de los problemas
aparentemente ajenos; no podemos resignarnos a que el futuro sea la
prolongación inercial del presente, no hay razón alguna para renunciar a
una utopía sin la cual la oscuridad puede ser nuestro destino.
Nuestro saludo es comprometido, pues todos
tenemos la inexcusable responsabilidad de ser protagonistas de nuestras
propias vidas y constructores de nuestro propio porvenir.
Esta tarea es un camino cuyo recorrido no admite
privilegios ni condenas; todos somos igualmente caminantes.
Tampoco admite atajos: la historia no es una galería
de próceres ni un calendario de hechos sobresalientes: la historia la
hacen los pueblos día a día.
En ese contexto, quienes desempeñamos las tareas de
gobierno que la ciudadanía nos ha encomendado, tenemos una
responsabilidad especialmente exigente.
Porque gobernar es gestionar con eficiencia y
transparencia el presente, articular democráticamente ese complejo y
rico entramado que es la sociedad; pero gobernar es, también, proyectar
el futuro y convocar a la gente para construirlo entre todos y para
todos.
Nuestro saludo es esperanzado pues si bien no
ignoramos los riesgos, las dificultades y las limitaciones existentes en
el concierto internacional, regional y nacional, creemos en el ser
humano; creemos en la sociedad; creemos en la democracia como forma de
gobierno, pero también como impulso humano y estado de la sociedad.
Señor Presidente, señoras y señores delegados, aunque
ya lo expresé durante nuestra intervención en el Plenario de Alto Nivel
celebrado aquí mismo hace pocas horas, quiero reiterar ante esta
Asamblea que la República Oriental del Uruguay reafirma los principios
que han caracterizado su política exterior. Es decir:
1) El decidido compromiso con la paz, la soberanía,
la democracia y la solidaridad. Y cuando hablo de paz, de democracia, de
solidaridad y de libertad, quisiera recordar -si usted me permite señor
Presidente- que hoy hace 32 años y seis días, un hombre entregaba su
vida defendiendo la paz, la democracia y la libertad; quiero homenajear
en estas palabras a Salvador Allende.
2) El firme rechazo a todo tipo de terrorismo,
violencia y discriminación.
3) El inalienable derecho de los países a tener
fronteras estables y seguras y a ejercer en forma libérrima su soberanía
y autodeterminación.
4) El respeto al Derecho Internacional, porque éste
constituye la mejor garantía para la soberanía de los pueblos y su
convivencia pacífica.
5) El no alineamiento y la no intervención en los
asuntos que son de jurisdicción interna de los Estados.
6) La reafirmación del multilateralismo como forma de
fortalecer el Derecho Internacional, jerarquizando el papel de las
Naciones Unidas.
7) El reconocimiento a la indivisibilidad de todos
los derechos humanos, sean políticos, sociales, económicos, civiles o
culturales; incluidos los derechos de titularidad colectiva tales como
el derecho al desarrollo y al medio ambiente.
Consecuentemente con ello, el Uruguay:
A) Considera necesario avanzar en las reformas de las
Naciones Unidas, que permitan a esta organización cumplir cabalmente sus
cometidos.
Siendo estas reformas un proceso complejo, han de
abordarse con sentido histórico y voluntad política, y sin ninguna
intencionalidad hegemónica.
B) El Uruguay renueva su compromiso con los Objetivos
del Milenio, que en nuestro país significa el diseño e instrumentación
de un sistema de políticas sociales integrales y universales, que
atiendan la situación de pobreza e indigencia que padecen casi un millón
de uruguayos y que, al mismo tiempo, procese una estrategia de cambios y
desarrollos.
C) Reitera su voluntad de seguir participando en las
Operaciones del Mantenimiento de la Paz y sumará sus esfuerzos para
mejorar las condiciones de servicio y seguridad de dichas misiones.
Asimismo, expresamos nuestro apoyo a la iniciativa
del Secretario General para la creación de una Comisión Para la Paz a la cual,
creemos, la República Oriental del Uruguay puede aportar, continuando su
aporte a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, la experiencia
acumulada en la reconstrucción de países devastados.
Señor Presidente, señoras y señores delegados, no hay
paz en la intolerancia y el terrorismo; ni libertad en la
pobreza; ni democracia en la desigualdad.
Es necesario rechazar toda manifestación de
violencia. Pero antes que rechazarla hay que evitarla atacando sus
causas.
Y ello por algo tan elemental como que el ser humano,
simplemente por serlo, tiene derecho a vivir dignamente. No son
prósperas las sociedades donde la opulencia de unos pocos contrasta con
el desamparo de la mayoría; no tienen futuro las sociedades donde nacer
es un problema, ser joven es sospechoso, educarse y trabajar es un
privilegio, y envejecer es una condena.
Así lo entendemos en Uruguay. Así lo aprendimos de
las generaciones que nos precedieron en la construcción de un país que
aunque presenta singularidades propias, no es atípico en el contexto
latinoamericano y menos aún ajeno al mismo.
Es cierto que la primera mitad del siglo pasado fue
un tiempo de bonanza para el Uruguay. Es cierto también que los últimos cincuenta
años han sido, como resultado de una combinación de circunstancias
externas y fragilidades estructurales internas, un período de deterioro
de la economía, empobrecimiento de la población y hasta de una ruptura
institucional en 1973.
Los uruguayos recuperamos la democracia en 1985 y el
actual gobierno, que asumió funciones hace hoy exactamente 200 días,
realiza esfuerzos por cerrar las heridas que la dictadura causó en
materia de violaciones a los derechos humanos.
No somos rehenes del pasado, pero la sociedad
uruguaya necesita saber la verdad sobre lo que sucedió, para que nunca
más, nunca más vuelva a suceder.
Sin perjuicio de lo anterior y en cumplimiento del
compromiso asumido ante la ciudadanía uruguaya, cuya voluntad es para nosotros
un mandato, el gobierno que presido está promoviendo cambios.
Cambios necesarios
Cambios posibles.
Cambios responsables.
Cambios progresivos.
Cambios con sustento político y social.
Cambios que no ignoran la realidad, pero que tampoco
renuncian a la utopía concreta de un Uruguay con desarrollo humano, con
crecimiento económico productivo, con medioambiente saludable,
plenamente integrado a su región y activamente inserto en el escenario
internacional.
No partimos de cero, pero tenemos mucho por hacer
rumbo a esta utopía que nos convoca e impulsa como nación.
Eso es, precisamente, lo que para terminar quiero
trasmitirle en nombre del gobierno y del pueblo de la República Oriental
del Uruguay: que allá, muy en el Sur, ese Sur olvidado, en el Sur de
América del Sur hay un país que no resigna a las dificultades, que está
construyendo su destino y que desde su propia construcción quiere
también, fiel a su tradición, sumar su esfuerzo para un mundo mejor y
trabajar junto a todos ustedes, queridos hermanos y ciudadanos del
mundo. Muchas gracias.
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