VÁZQUEZ: AVANZAR EN COMERCIO TAN LEJOS COMO SEA
POSIBLE
El Presidente Vázquez afirmó que es necesario
“avanzar tan lejos como sea posible en las coordenadas de comercio
establecidas” y que integrarnos a la región que pertenecemos “no es
contradictorio con ingresar al mundo global de hoy”, al abrir la
conferencia “Uruguay en la Economía Global” en el Complejo Punta
Cala.
A lo largo de su discurso, el
Primer Mandatario explicitó la disposición de su gobierno a
“recorrer el camino” que lleve al país a profundizar y multiplicar
sus vínculos comerciales con el mundo.
Vázquez remarcó la diversidad
y complejidad de los mercados financieros en el mundo de hoy y
recordó que en general los países o lo bloques, aunque sustentaran
un enfrentamiento ideológico con otro u otros, no se han privado de
establecer acuerdos y mecanismos de comercio.
En el encuentro organizado
por la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos y el Consejo de las
Américas, estuvo presente Everett Eissenstatt, Representante
Comercial Adjunto de los Estados Unidos. Las palabras de bienvenida
fueron dadas por Susan Segal, Presidente y CEO de America Society y
el Council of the Americas y por Horacio Vilaró, presidente de la
Cámara de Comercio Uruguay - Estados Unidos.
A la alocución del Presidente
de la República siguieron las del Ministro de Relaciones Exteriores,
Reinaldo Gargano, y su colega de Industria, Energía y Minería, Jorge
Lepra. En el cierre hizo uso de la palabra el Ministro de Economía y
Finanzas, Danilo Astori.
La reunión, que se sustanció
a lo largo de toda la mañana, tuvo dos paneles y un programa
referido al siguiente temario: Agenda central del gobierno uruguayo,
Reformas económicas e institucionales, Clima de negocios y
oportunidades de inversión y MERCOSUR y otros acuerdos de comercio.
En el Panel I se analizó el tema ”Uruguay y la
Economía Global” y en el Panel II, “Oportunidades de Comercio e
Inversión”, a cargo de prestigiosos ejecutivos de consultoras.
Everett Eissenstatt participó en el segundo de los nombrados.
PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, TABARÉ VÁZQUEZ, EN LA
CONFERENCIA "URUGUAY EN LA ECONOMIA GLOBAL".
PRESIDENTE VÁZQUEZ: Muy buenos días a todos
ustedes. Es un enorme placer estar en la mañana de hoy aquí junto a
tan distinguido auditorio. Y muy bienvenidos sean quienes nos
visitan. En nombre del pueblo uruguayo, del gobierno de este país y
en el mío propio les doy la más cordial de las bienvenidas y el
deseo de que su estadía en este país -pequeño pero fraterno- sea muy
feliz.
Señora Susan Segal, presidente y directora
ejecutiva de la América Society y del Council of the Américas; señor
Horacio Vilaró, presidente de la Cámara de Comercio Uruguay -
Estados Unidos; señor ex Presidente de la República (ví, por lo
menos, a mí querido amigo el doctor Lacalle); señores Ministros;
señor presidente del Frente Amplio, señor Brovetto; señor presidente
del Directorio del Partido Nacional, doctor Larrañaga, autoridades
nacionales, departamentales y diplomáticos, señor Everett Eissentatt,
representante comercial adjunto de Estados Unidos para América
Latina, señoras y señores, amigas y amigos.
Felicitaciones a la América Society y al Council
of the Americas por realizar este ciclo de conferencias
latinoamericanas y por incluir en asociación con la Cámara de
Comercio Uruguay – Estados Unidos, a nuestro país entre las sedes de
este ciclo.
Sé que las conferencias ya realizadas en Perú,
Chile, Colombia y Brasil han sido exitosas. Confío en que también lo
será esta, así como las próximas, a realizarse en Argentina y México
respectivamente.
Nuestro reconocimiento, entonces, a las
instituciones involucradas en esta iniciativa por Latinoamérica,
desde Latinoamérica y junto a Latinoamérica.
Y gracias, muchas gracias, por invitarme a
participar en la apertura de esta jornada cuya temática refiere a
"Uruguay en la economía global".
Trataremos de ser breves por tres razones. La
primera: porque tratándose de una intervención inicial no debe ser
ni agobiante ni terminal. Perdón por lo de terminal, pero es una
deformación profesional. Me refiero a otros "términos".
La segunda: porque la lista de expositores en
esta reunión es tan numerosa como justificada y todos queremos
escuchar a todos los expositores.
Y tercero: que ser breve no significa ser
anodino. En pocos minutos se puede decir muchas cosas o por lo menos
intentar dejar varias en claro y eso es lo que buscaré hacer.
Amigas y amigos: para nosotros -y muy
modestamente lo planteamos- la globalización tiene algunos rasgos
indelebles. En primer lugar, no es esta globalización un proceso
inédito. En el devenir de la humanidad hay varios antecedentes al
respecto. Para citar apenas un ejemplo: por estos días se cumplen
514 años del inicio de la travesía de Cristóbal Colón hacia las
Indias que se encontró el 12 de octubre de 1492 con una parte del
mundo hasta entonces desconocida.
En segundo lugar, este proceso de globalización
-como nosotros pensamos que se trata de algo irreversible, los
avances científicos y tecnológicos que están en su base no tienen
marcha atrás como no tuvieron marcha atrás la rueda, la ley de la
gravedad, la máquina a vapor, la electricidad o la penicilina. En
tercer lugar, es un proceso ambivalente lleno de promesas y de
posibilidades, pero también de riesgos y siniestras paradojas, un
cambio en que las esperanzas pueden transformarse en miedo, como ha
expresado el filósofo y sociólogo alemán Ralph Dahreldorf.
Cuarto: es un proceso polifacético por cuanto
abarca una multiplicidad de aspectos económicos, políticos,
sociales, culturales, civilizatorios, etcétera. Ahora bien: si
miramos la dimensión económica, este proceso en su dimensión
económica, este proceso de globalización, presenta ciertos rasgos
nítidamente marcados.
El primero de ellos: tiene una extensión sin
precedentes de los mercados financieros; segundo, creciente
importancia del mercado internacional y tercero, producción también
creciente de bienes y servicios a través de empresas
transnacionales. Cuarto: relación directa y vigorosa entre la
productividad y la competitividad y la capacidad de generar
conocimiento, procesar información, avanzar en ciencia y tecnología,
innovar, potenciar la cultura de las personas y de las empresas,
etc.
La conjunción de estos rasgos económicos del
proceso de globalización y a su vez la interacción entre las
distintas dimensiones de dicho proceso, plantea oportunidades e
incertidumbres respecto a las cuales los seres humanos podemos
adoptar dos actitudes. Una de ellas es la resignación. Nos
resignamos a aceptar como viene este proceso; es resignación,
entonces, a pelearnos con la realidad pero renunciando a mejorarla.
La resignación, en última instancia, en transformarnos en testigos o
víctimas de la historia.
La otra actitud es asumir la realidad, participar
en ella, intentar gobernarla, transformarla con los pies en ella, en
esa realidad y la mirada puesta en un horizonte de paz, libertad,
democracia e igualdad. Un horizonte hacia al cual hay que avanzar
creemos nosotros, paso a paso y por supuesto entre todos. Esta es la
actitud del gobierno de la República que presido.
Amigas y amigos, plantear las posibilidades del
Uruguay en la economía global es preguntar, preguntarnos cómo hace
este país para producir más y mejor, para ser más competitivo en un
mercado internacional tan grande, dinámico y exigente, para crecer
económica y socialmente, para desarrollarse sin fin como nación.
Creemos que no hay formulas mágicas ni de recetas
infalibles, ni verdades reveladas para responder a esta
interrogante. Hay sí, reitero que desde nuestro modesto punto de
vista, dos coordenadas que en nuestra opinión son las siguientes: a)
un proyecto de país, una estrategia de país, un estilo de país. La
política comercial del Uruguay no puede estar divorciada de una
estrategia de desarrollo productivo con justicia social. Desarrollo
productivo con justicia social para producir más y mejor, para
competir internacionalmente, tiene que haber estabilidad
macroeconómica, reglas de juego claras para la inversión, tiene que
haber infraestructura y servicios adecuados; hay que generar más
empleos pero empleos de calidad, hay que invertir en salud, en
educación, en ciencia, en tecnología. Tiene que haber un Estado
eficiente en lo que le compete, pero también tiene que haber un
sector privado dinámico, innovador y comprometido con ese proyecto
de país. b) Principios, por cierto, que deben reglar nuestra acción
y pragmatismo. Principios y pragmatismo. Las relaciones comerciales
no son un vale todo pero tampoco se pueden ideologizar. Quien encara
las relaciones comerciales entre países con actitud mercantilista
pura, con soberbia, o de manera mendicante, o crea que los negocios
para ser buenos tienen que ser turbios, se equivoca. Como también se
equivoca quien en nombre de los principios cree que el comercio es
un asunto de ideología. Se equivoca o desconoce el mundo en que
vive.
Estas coordenadas que acabo de mencionar
determinan un campo en el cual se ubican dinámicamente la
integración regional, la inserción internacional, el comercio
intrabloque y nuestro comercio más allá del MERCOSUR. No puedo ni
quiero omitir en este ámbito una referencia a este asunto que
seguramente acapara la atención de muchos –sino todos- los aquí
presentes.
Amigas y amigos, tan comprometidos con la
integración regional y sudamericana seguramente muchos, todos me
atrevo a decir, pero más comprometidos que nosotros ninguno. Y esto
no es retórica ni patrioterismo, para el Uruguay y para su Gobierno,
la integración regional es una vocación y un mandato y actuamos en
consecuencia. Basta tener en cuenta que más allá de luces y sombras
Uruguay ha tenido participación decisiva en la ALAC, en la ALADI, en
el MERCOSUR, en el CELA, en CEPAL y más allá de nuestro espacio
latinoamericano en ámbitos globales como el GATT y la OMC, por citar
apenas algunos de los más directamente vinculados a los aspectos
económicos comerciales.
No pretendemos por cierto dar cátedra de
integración, pero aún asumiendo que tenemos mucho para aprender en
esta materia, tampoco necesitamos tutores en la misma.
Somos, además, plenamente concientes de los
beneficios del multilateralismo en la inserción internacional de un
país como el nuestro y a ese multilateralismo apostamos con
convicción y con voluntad. Pero a pesar de ello, ciertos resultados
están a la vista y son preocupantemente insatisfactorios.
No es una queja ni es un reproche, pero es sin
duda la realidad que vivimos.
La suspensión de las negociaciones en la llamada
Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio, o las
dificultades del MERCOSUR, para dar un tratamiento adecuado a las
asimetrías existentes entre sus integrantes, no son inventos, ni
fatalidades, ni producto de diabólicas conspiraciones. Son datos de
una realidad que indica la distancia que nos separa de la meta de
una integración más profunda, libre de barreras artificiales como
subsidios, créditos a la exportación, etcétera.
Tampoco es un invento que la integración aún
presenta deficiencias en asuntos claves para la competitividad,
tales como infraestructuras, servicios, innovación tecnológica,
facilitación del comercio, etcétera.
Como bien señala la CEPAL –voy a leer textual-
"los esquemas de integración no se están constituyendo en plataforma
de aprendizaje para exportar a terceros mercados, ni en
negociaciones serias y efectivas con grandes socios, tal cual rezaba
el predicamento de integrarse para reforzar el poder negociador con
economías industrializadas".
Y la realidad no es una simple cuestión de gustos
o deseos. La realidad, amigas y amigos, es la realidad y punto. Y
ante esta realidad, los uruguayos, este queridísimo país, no puede
permanecer pasivo: es nuestro país lO que está en juego y de él
somos nosotros, todos nosotros, los uruguayos, los responsables.
Vamos a perseverar por convicción, no por obligación, en los
esfuerzos para revertir las deficiencias y dificultades existentes
en el MERCOSUR.
Pero simultáneamente a esa tarea, que no es
sencilla ni garantiza buenos resultados ni asegura que en caso de
alcanzarlo ello sea inmediato, seguiremos trabajando para
consolidar, ampliar y profundizar el acceso de Uruguay y sus
productos a otros mercados, integrarnos a la región a la que
pertenecemos -permítanme decirlo- a la región que somos; no es
contradictorio para nada con integrarnos al mundo global de hoy.
Para nosotros, la pluralidad de esquemas de
cooperación e integración en la región es decisiva y significa, en
un escenario internacional donde los actores nacionales son cada vez
más pequeños, un factor de estabilidad para evitar la peligrosa
tentación de actuar solos en un mundo de gigantes. No tener esta
realidad en cuenta o ser conscientes de ella pero no operar sobre la
misma seria un acto de enorme irresponsabilidad e irreparables
consecuencias.
En esto no hay misterio, ni puede, ni debiera
haber sorpresas. ¿Qué misterio y qué sorpresa pueden haber en
nuestra América Latina hoy coexisten, con el MERCOSUR, la Comunidad
Andina; la Comunidad Centroamericana y la Comunidad del Caribe, unos
44 -reitero- 44 por lo menos, documentados, acuerdos comerciales
intra, inter y extrabloques de diverso tipo?
¿Acaso Uruguay no tiene un Tratado de Libre
Comercio con México? ¿Acaso no estamos trabajando para optimizar el
acceso de nuestros productos a la Unión Europea, China, India,
países árabes, Israel, Estados Unidos? Tampoco hay abdicación de
principios, ni debiera haber conmociones ideológicas. ¿Qué
abdicación de principios hubo en el Tratado de Libre Comercio entre
México y Uruguay o en el que en 1994 subscribieron México, Venezuela
y Colombia?
¿Que cisma ideológico ocasionó el Tratado de
Libre Comercio entre Vietnam -reitero- Vietnam y Estados Unidos o
está provocando el reciente acuerdo de promoción y protección
recíproca de inversiones entre el CARICOM y Cuba? Amigas y amigos:
el pasado 4 de mayo me reuní con el Presidente de los Estados Unidos
de América. En esa ocasión resolvimos conformar un grupo bilateral
de trabajo para explorar -reitero- para explorar las posibilidades y
los mecanismos que permitan incrementar y profundizar el intercambio
comercial entre nuestros dos países.
Dicho grupo ya está trabajando y sus conclusiones
serán consideradas por la Comisión Bilateral de Comercio
Uruguay-Estados Unidos, creada en el año 2002 y cuya próxima reunión
está prevista para octubre de este año aquí, precisamente en
Montevideo.
Hasta aquí los hechos, como suelen decir nuestros
amigos de la prensa. Pero más allá de estos hechos, es obvio que en
materia de comercio bilateral con Estados Unidos, Uruguay no parte
de cero, que en el presente Estados Unidos sea el principal destino
de nuestras exportaciones da cuenta de un camino recorrido pero
también señala un camino por recorrer.
Ahora bien: permítanme compartir con ustedes
algunas preguntas y respuestas, muy brevemente expuesto. Primero:
estamos dispuestos a recorrer ese camino? Sí, estamos dispuestos a
ello. Tenemos que mejorar nuestro relacionamiento comercial con los
Estados Unidos de Norteamérica. En segundo lugar, ¿cómo?. Como ya lo
dijimos: con principios y pragmatismo, con un proyecto de país que
implica una homeostasis -perdonen el término médico también- entre
nuestro derecho al desarrollo como nación, nuestros compromiso con
la integración regional y nuestra necesidad de acceder, de
insertarnos en el espacio económico globalizado actual y futuro.
No son agendas diferentes o menos aún
contradictorias. Son capítulos complementarios de una misma agenda,
que se llama agenda Uruguay. En tercer lugar, ¿cuán lejos? Tan lejos
como sea posible en las coordenadas establecidas, y esa posibilidad
está relacionada con la aptitud, capacidad y contenido de
negociación entre las partes.
Y cuarto, y finalmente, ¿por qué? Porque
impulsamos un proyecto de país integrado en sí mismo, pero también
integrado a la región y también integrado al mundo, porque los
acuerdos comerciales no vienen con garantías de éxito ni son los
planos para construir la felicidad perfecta, pero son instrumentos
que ayudan a lograr los objetivos que soberana y razonablemente
tiene un país como el nuestro en la economía global.
Los acuerdos comerciales, cualquiera sea su
modalidad y denominación, no son ni un atajo al paraíso ni un camino
al infierno. Son un recurso. Es una herramienta. Es un instrumento
para acceder a mercados grandes, dinámicos y exigentes. Permítanme
decirlo muy llanamente y en primera persona: yo no tengo vocación de
sigla, más aún, creo que nadie tiene esa vocación. Ni siguiera los
campeones o especialistas en TLC, ACR, APC, ATA u otras siglas que
refieren a las distintas modalidades de acuerdos comerciales.
Pero yo no estoy dispuesto a cerrar puertas, ni a
descartar a priori explorar caminos que en el contexto de una agenda
de país conduzca a que las uruguayas y los uruguayos todos, las
uruguayas y uruguayos frenteamplistas, también las uruguayas y los
uruguayos blancos, colorados, independientes, cívicos o sin
definición política, tengan la posibilidad de ejercer plenamente el
inalienable e ineludible derecho a edificar sus propias vidas a
partir de su propio trabajo. Tal es el compromiso que contraje al
asumir la tarea que la ciudadanía me confió como Presidente de la
República Oriental del Uruguay y como Presidente de todos los
uruguayos.
Este tema no lo resuelve sólo una fuerza
política, este tema lo resolvemos entre todos los uruguayos, porque
finalmente la vida es -para decirlo con palabras de Albert Camus-
"libertad para cada uno y justicia para todos". Amigas y amigos,
construir la realidad es una tarea delicada y pertinaz, pero es
también una hermosa tarea que nos compete a todos en todos los
órdenes y momentos de la vida. Nosotros somos parte de todos y esta
conferencia es uno de esos órdenes y uno de esos momentos. Si la
jornada de hoy es fructífera, si de aquí salen ideas y propuestas,
esta conferencia, lejos de pasar a la historia como otra más de los
tantos seminarios inocuos que hay a diario en el mundo, coadyuvará a
construir la realidad que la sociedad uruguaya desea, que la
sociedad uruguaya necesita y que la sociedad uruguaya merece, porque
recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se
detiene pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas
veces, pasa una sola vez. Muchas gracias.
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