VÁZQUEZ: CUMBRES PRESIDENCIALES “SI NO CONCRETAN, SE
DILUYEN”
El Presidente de la República, invitado por el País
de Madrid, escribió un artículo sobre el valor, alcance y contenidos de
las cumbres que anualmente y en varias ocasiones congregan a los
Mandatarios para la búsqueda de dialogo y la concreción de objetivos
comunes.
A continuación ponemos a disposición el texto
completo del referido artículo:
Más allá de las características específicas de cada
una de ellas, la realización de cuatro reuniones de jefes de Estado y de
Gobierno en un lapso de 76 días es un dato relevante que,
paradójicamente, puede correr el riesgo de convertirse en lo contrario.
En efecto, estos encuentros denotan que quienes
ejercemos responsabilidades de gobierno tenemos la saludable intención
de encarar coordinadamente objetivos compartidos por nuestros
respectivos pueblos y gobiernos. Ello es auspicioso por cuanto nunca
antes tal predisposición fue tan extendida ni hubo tantos recursos y
posibilidades para hacer realidad ciertas utopías que no son otra cosa
que derechos de la gente.
Pero las intenciones, por sinceras y auspiciosas que
sean, si no se concretan se diluyen generando más frustraciones a una
historia que -como es la de la integración suramericana- ya ha acumulado
varias.
Las resoluciones y declaraciones de las cumbres
anuales de las Comunidades Iberoamericana y Sudamericana o semestrales
del Mercosur, siendo importantes, no son suficientes. Expresan
aspiraciones, acuerdos y compromisos, pero por sí solas no resuelven las
materias pendientes ni garantizan el logro de los objetivos planteados.
Tanto la Comunidad Iberoamericana, la Sudamericana y
el Mercosur, como los distintos niveles de relacionamiento e interacción
entre bloques regionales, son construcciones que requieren valores y
principios, por cierto; pero también un proyecto de largo plazo,
objetivos realizables, acciones consecuentes y resultados concretos, que
es lo que la gente exige y espera porque necesita y merece vivir mejor.
Es evidente, y los gobernantes lo vivimos a diario,
que no hay integración fácil ni inmediata. Pero tener conciencia de la
complejidad de este proceso no puede ser excusa para renunciar al mismo
y resignarse a que todo siga como antes.
No se puede y nadie aspira a cambiar la ubicación de
nuestros países, ni su extensión, ni su geografía, ni su identidad como
naciones. Pero las asimetrías y diferencias no justifican la
desigualdad. Menos aún cuando más allá de ellas tenemos tanto en común.
En lo que a Suramérica refiere, integrarnos supone en
el largo plazo un proyecto regional que aún requiere mayor definición.
No se trata de exigir los "planos del paraíso", pero tampoco de
arriesgarse a navegar sin rumbo cierto. Integrarnos supone una
estrategia que hoy, como lógica consecuencia de la falta de un proyecto
definido, también es insuficiente.
Sin perjuicio de delinear un proyecto estratégico de
largo plazo que nos involucre a todos, como el presente es futuro que ya
llegó, integrarnos supone también políticas concretas para corregir las
asimetrías existentes. Para ello se requiere antes que buscar nuevos
acuerdos, cumplir lo ya acordado, que no es poco. Escapar del pasado no
es una buena fórmula para construir el futuro desde el presente.
Integrarnos supone asumir también la imperiosa
necesidad de sistematizar, hacer más ágiles y eficientes el archipiélago
de estructuras, reuniones y resoluciones que dan cuenta tanto de nuestra
vocación regional como de la proyección de la misma en el contexto
mundial.
Para que el futuro nos encuentre unidos no es
imprescindible esperarlo reunidos. Lo imprescindible es construirlo
entre todos y todos los días; sin que nadie renuncie a ser lo que es
pero reconociendo en el otro a un semejante; sin crear problemas
innecesarios pero sin ser indiferente a los que existen (que por algo
existen...); con convicción, firmeza y urgencia, que no es lo mismo que
voluntarismo, rigidez y apuro; con voluntad política, compromiso
democrático y sentido ciudadano. Seremos una región integrada cuando
actuemos y nos reconozcan como tal. Y seremos la región que seamos
capaces de construir.
El compromiso de Uruguay respecto a esa tarea está
fuera de discusión. Somos un país territorial y demográficamente
pequeño, pero de convicciones firmes y acciones en consecuencia. Somos
conscientes de nuestras fortalezas y limitaciones; y no nos asignamos el
destino manifiesto de ser modelo mundial o líder regional. Somos parte
insoslayable de una región inexcusable con cuya construcción estamos
consustanciados como nación.
Reconocemos la importancia de amojonar los procesos
de integración con reuniones cumbres. Pero una cosa son las cumbres así
entendidas y otra la sucesión de estos encuentros concebidos como rutina
protocolar.
Continuaremos apoyando las reuniones cumbres en lo
que ellas tienen de instancias de diálogo franco y productivo y de
decisión en un proceso que es sustancialmente político y requiere
acuerdos sostenibles.
Sobre las cumbres como rutina protocolar, desde mi
breve y modesta experiencia, me permito expresar honda preocupación.
Dado que la misma es compartida con otros jefes de Estado y de Gobierno,
confío en que entre todos podamos disiparla. |