EN LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA FAMILIAR.
La presidenta de la Coordinadora Departamental de
Defensorías Comunitarias del Cusco (Perú), Martha Galarza, manifestó
ayer miércoles 7, que “hemos roto el círculo”, y reafirmó el cometido de
dicha coordinadora de enfrentar la violencia familiar con una estrategia
sencilla, pero muy poderosa, y tener éxito en fomentar una cultura de
paz. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la CEPAL y Fundación Kellogg.
Las defensoras surgieron en los poblados del Cusco,
como parte de un proyecto comunitario para apoyar a las víctimas de la
violencia familiar, del abuso sexual, del maltrato, respaldar el proceso
de denuncia y hacerle seguimiento.
La iniciativa trabaja con líderes de la comunidad,
quienes se capacitan para impulsar la promoción y protección de los
derechos de las mujeres, niñas y niños. Las defensoras son voluntarias y
su lengua materna es el quechua, al igual que del 70 % de la población
local, y a quienes las víctimas pueden recurrir con más facilidad para
solucionar sus problemas.
La semana pasada Rocío Franco, representante del
Instituto de Defensa Legal (IDL), organización no gubernamental de Perú
que impulsó el proyecto, fue invitada a Ghana para dar a conocer esta
iniciativa, ganadora además del concurso Experiencias en innovación
social, organizado por la CEPAL y la Fundación Kellogg, ciclo 2005-2006.
El gobierno de la República del Africa Occidental
tiene un ambicioso programa de reforma del sistema judicial y, las
Defensorías comunitarias son reconocidas como una estrategia sencilla y
poco costosa que permite al sistema judicial llegar a lugares muy
alejados y atender problemas que de otro modo quedarían fuera de su
alcance.
Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer. “La
violencia contra las mujeres y las niñas persiste sin disminución en
todos los continentes, todos los países y todas las culturas, con
efectos devastadores en la vida de las mujeres, sus familias y toda la
sociedad. La mayor parte de las sociedades prohíben esa violencia, pero
en la realidad frecuentemente se encubre o se tolera tácitamente”,
señaló Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU.
“La violencia contra las mujeres en América Latina es
la violación más extendida de los derechos humanos”, según Marta Maurás,
Secretaria de la Comisión de la CEPAL.
El quechua abre los corazones
“Por el uso de la lengua común, el quechua, se abren
los corazones y la confianza”, señala Rocío Franco. El IDL decidió
iniciar este proyecto en Cusco porque allí hay una tradición de
participación y liderazgo femenino, por su carácter intercultural, y
porque permitiría trabajar con la ciudadanía en una zona de extrema
pobreza.
También porque en el Cusco, pese a que el 69% de las
mujeres han sido violentadas, las denuncias de violencia intrafamiliar
eran muy reducidas. El fenómeno queda oculto por miedo, por vergüenza, o
por las dificultades que enfrenta el sector público para atenderlas. Una
encuesta reveló que el 72% de las mujeres maltratadas no había recurrido
a ninguna institución en busca de ayuda.
Defensorías Comunitarias se creó para enfrentar la
violencia familiar, como un primer paso para revertir conductas
agresivas generalizadas y fomentar una cultura de paz desde la familia.
Esto se logra dando a conocer ampliamente los
derechos y creando conciencia de que la violencia familiar no se debe
tolerar ni permitir. No hay nada ni nadie que la pueda justificar. Y así
se susurra, se dice, se grita en las campañas de difusión.
Desde el inicio del proyecto en 1999, las Defensorías
comunitarias peruanas han aumentado de 8 a 38 y el número de
defensoras/es, de 79 a 380, la mayoría de ellas en zonas rurales. El
proyecto ha llegado a más de 35 mil personas, incluyendo a las mismas
defensoras, a la población sensibilizada, autoridades contactadas y
víctimas.
El agresor puede y debe ser juzgado
Una de las claves del éxito está en las defensoras
comunitarias. Ellas son un elemento novedoso e innovador, ya que no se
trabaja con técnicos externos a las comunidades y el acceso a la
justicia ocurre a través de la participación ciudadana.
Las defensoras son personas de la misma comunidad,
que además de ayudar a otros, se empoderan y se convierten en un ejemplo
vivo de que es posible cambiar la actitud frente a la violencia y
defenderse dentro de un marco de derechos. Se dan cuenta que eliminar la
violencia es un derecho y no una agresión hacia el agresor, que ellas no
son culpables y que el agresor puede y debe ser juzgado.
“Con la capacitación me di cuenta que como mujer
tenía derechos, que hay leyes que nos protegen y que la autoridad debe
respetarlas, dice Martha Galarza, 52 años, casada, madre de 4 hijos.
“Antes primero hacía las labores de la casa, luego le
pedía permiso a mi esposo para salir. No sólo cambié yo, también cambió
toda mi familia. Aprendí a respetarle los espacios a mis hijos, con mi
esposo aprendimos a no gritarnos, empezamos a compartir los roles entre
todos” cuenta Martha.
También aprendieron a defender a las mujeres
golpeadas, a los niños que no tenían acceso al colegio o a la Justicia.
“Ayúdamos para que ejerzan sus derechos, o simplemente acompáñamos a
hacer la denuncia en la Comisaría. La policía las maltrataba, les decía:
‘tu a qué vienes, no le habrás cocinado a tiempo a tu esposo, por eso te
pega’, entonces la mujer salía peor de su denuncia”, añade.
La confianza ganada poco a poco
Poco a poco la gente comenzó a confiar en ellas. Las
Defensorías a su vez tejieron nuevas redes sociales, forjaron lazos con
el Instituto Médico Legal, con las Comisarías, con la Justicia, con
organismos que rehabilitan, abrieron puertas para mejorar el proceso de
acompañamiento de las víctimas.
Los requisitos que deben cumplir los potenciales
defensores son: mayoría de edad, vivir en la comunidad; tener tiempo
para la Defensoría, seguridad y autoestima; gozar de confianza y
reconocimiento de la gente; ser discreto y saber guardar secretos; saber
escuchar con calma y paciencia; ser arriesgado para enfrentar los
problemas. Su capacitación dura tres días.
Una evaluación de IDL de 177 casos de usuarias de las
Defensorías reveló que la mayoría son mujeres (74%), predominantemente
con casos de violencia familiar (39%), seguidos por juicios de alimentos
(19%), abandono familiar (14%) y problemas de matrícula escolar (13%).
Gran parte de las usuarias se muestran satisfechas
con los servicios obtenidos: el 67% afirma que la Defensoría generó un
cambio positivo en su vida y la de la comunidad. Aunque sólo el 22% de
entrevistadas reportó que se resolvió su caso, 50% consideran que
aprendieron del proceso y, para el 28% fue clave el apoyo emocional
durante la atención de las defensoras. El 97% de las usuarias
recomendaría el servicio a un familiar, amiga o vecina: 24,5% porque es
gratuito, 22,6% porque apoyan y orientan y 18,9% porque ofrecen una
solución rápida a los problemas.
Por su parte, las defensoras se han legitimado lo
suficiente en sus comunidades como para forjar en 2005 una Coordinadora
provincial, para evaluar su trabajo, compartir experiencias y plantear
los nuevos desafíos.
Este año, la Coordinadora va a condecorar a las
autoridades, les dará su reconocimiento a los organismos de los
gobiernos comunales y estaduales que están brindando apoyo en este gran
cambio cultural. Esa es una prueba de su legitimación.
Y Martha Galarza, así como algunas otras defensoras,
están asistiendo a la universidad. “Pensé que mis neuronas ya no iban a
funcionar, pero es falso. Sacaré mi título en conserjería familiar y me
prepararé en conciliaciones extrajudiciales, para poder cumplir mejor”,
dice con una amplia sonrisa.
Amplia información sobre este concurso Experiencias
en innovación social en español, inglés, francés y portugués, así como
material multimedia en la página web
http://www.cepal.org/dds/innovacionsocial.
Los interesados en más información pueden contactarse
con Pilar Bascuñán, vía correo electrónico:
pilar.bascunan@cepal.org o
innovacion.social@cepal.org. Teléfonos: 562-2102148/ 2451/2263.
Testimonios de usuarias/os de la defensoría
comunitaria
Recogidos por Liliana La Rosa, evaluadora de la
visita de campo para el concurso Experiencias en innovación social, de
CEPAL y Fundación Kellogg.
- Eugenia (44 años), vendedora de chicha en la
Plaza de Armas de Yanaoca. Tiene cinco hijos, cuatro con su marido y uno
que tuvo cuando estaba soltera.
“Yo tenia problemas con mi esposo, me maltrataba,
hasta que un día casi me mata, delante de mis hijitos, por eso fui a la
defensora, para que me ayude. Yo sabía que estaban las defensoras en el
pueblo, que siempre acompañaban, por eso las busqué, me lo aconsejaron
mis vecinas.
Por años viví agredida, ahora ya no me pega, pero me
humilla, me afecta psicológicamente. No me pega porque le han hecho
firmar un papel en la Prefectura y con eso se contiene, me pide perdón,
pero yo siento tristeza, lo he perdonado, pero me he quedado triste”.
Eugenia pareciera por ratos perderse en sus recuerdos
y sus ojos se llenan de lagrimas, dice: “no dejo a mi esposo porque
necesitamos vivir, ayuda al sustento de la casa. Ahora estamos
tranquilos, me ayuda, pero el maltrato con mi persona ha sido grande,
tanto he llorado, el me botaba de la casa con mis hijos chicos, me tenia
que ir, tanto he llorado que mis ojos están enfermos, ya no veo bien, me
siento mal”.
Las defensoras la han acompañado por semanas, desde
que supieron el caso y le dieron fuerzas hasta que decidió denunciarlo.
El comportamiento violento del esposo era cíclico: le pegaba cuando
estaba borracho y luego, cuando se le pasaba, se humillaba pidiendo
perdón.
Con las defensoras y la prefectura han hecho un acta
de garantía por la cual el esposo además de disculparse, firmo un
compromiso de no violencia y se le informo que si lo viola se le pondrá
una multa de S/500 (US $ 150) y se tomaran medidas drásticas.
Eugenia dice que si no hubiesen existido las
Defensoras ella estaría muerta o seguiría con el mismo problema. Las
defensoras han sido su apoyo, le dan fuerza y aunque ella no tome
decisiones, siguen apoyándola, siguen aconsejándola.
- Alejandra (58 años), analfabeta. Comunera de
Kunturkanki.
Alejandra es una mujer pobre, quechua hablante, que
caminó cuatro horas para dar su testimonio ante nosotros. Su pueblo
queda a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar.
Usa ojotas y su ropa está compuesta por falda de
bayeta negra (hecha a mano con fibra de oveja) con bordado rojo, chaleco
del mismo material y sombrero. Ella cría una nieta cuyo padre no la ha
querido reconocer y no la apoya con recursos para alimentarla. Su nieta
tiene ya 8 años, va a la escuela y está en tercero de primaria.
Señala: “sobrevivimos tejiendo, hilando, trabajando
en las casas cuando nos dan trabajo, cuidamos nuestros animalitos, somos
evangélicos”.
Para ella la Defensoría comunitaria es muy importante
porque le han brindado orientación, han llevado al padre de su nieta al
juez y lo van a hacer reconocer a su hija y darle para su manutención.
Está preocupada porque cuando ella se muera, no sabe qué pasara con su
nieta.
Alejandra dice: “el pueblo no piensa, no sabe, yo
tampoco sé mucho, es bueno conversar, hacer que tengamos mas defensoras,
mas gente que sepa y conozca de derechos, yo soy pobre, ignorante, no
fui al colegio, no sé leer, pero he aprendido de mis derechos con las
defensoras y de los derechos de mi nieta, por eso estoy defendiendo yo
también”.
Joaquina (60 años). Analfabeta, seis hijos. Vive
con su esposo de 80 años. Dice que sus hijos están alcoholizados y son
irresponsables con sus nietos.
La señora Joaquina dice: “La Defensoría es importante
porque con la pobreza en que estamos nos tragamos no más nuestros
dolores. Los padres abusan de sus hijos y no hay quien diga nada. Este
reconocimiento es importante porque así las autoridades y los policías
van a respetar lo que hacen las defensoras, por eso he venido a contar
mi historia”.
Para Joaquina, “las defensoras son la única opción de
los pobres, porque ellas también son pobres, son mujeres, hablan
quechua, viven en el mismo sitio que todos, conocen al pueblo y son
buenas personas, no cobran nada por todo lo que saben, trabajan gratis,
de voluntarias”.
El caso: Su hija tuvo un hijo y el padre no lo quiso
reconocer, no da alimentos, está alcoholizado y trabaja en la
Municipalidad, están tratando que la Municipalidad le transfiera una
mensualidad para que el nieto sobreviva. Las defensoras le han llamado
la atención al padre y lo han llevado al juez, lo están aconsejando para
que cambie, también la están asesorando a ella para lograr el
reconocimiento del niño y para que lo críe con cariño.
Joaquina cuenta que sus hijos varones les pegan a sus
esposas, que toman alcohol y se vuelven violentos y por eso ella está
preocupada y busca a las defensoras para que los reprendan. Contó que a
uno de sus hijos lo llevaron a la Comisaría y allí le llamaron la
atención y le hicieron firmar un documento. Con eso está cambiando, ha
empezado a trabajar y portarse mejor, tiene la esperanza de lograr poco
a poco que todos cambien.
Pedro (44 años). Comunidad de Tusa. Secundaria
completa. Conoció de la existencia de las Defensorías a través de la
radio, pues escuchaba sus programas.
El señala que: “antes de las defensorías todo era un
abuso, los policías y las autoridades salían a favor de los que tenían
dinero, de los que coimeaban, por eso siempre perdían las victimas,
porque el que tenia dinero y compraba a los policías y autoridades
ganaba”.
Su caso:
La esposa de Pedro dio a luz un “natimuerto” (recién
nacido muerto), estaba muy deprimida y fue a visitar a sus familiares.
Pero peleó con sus padres y la situación se puso tan violenta que la
golpearon hasta dejarla semi-inconsciente.
Pedro la llevó al hospital y denunció el hecho en la
Comisaría. Sin embargo, la policía no le hizo caso porque su suegro los
coimeó. Entonces él recurrió a las defensoras, quienes visitaron al
suegro y hermano golpeadores y les llamaron la atención, además de
exigirles que cubrieran los gastos de hospitalización de su hija. Así se
logró que pagaran los gastos e incluso le compraran vitaminas y pidieran
perdón.
Las defensoras también denunciaron el hecho ante las
autoridades para que la policía sea reprendida.
Cipriana (actualmente defensora, 52 años).
Dos personas la golpearon porque no pagó una deuda y
fue a hacer la denuncia a la policía. La policía hizo el reporte y puso
“agresión mutua”, cuando en realidad fue una golpiza de dos personas a
una que no se defendió. Según las defensoras esto es bastante común y se
da cuando hay coima de por medio.
La agredida fue donde la defensora y ésta acudió a la
policía, exigió leer el reporte del caso y utilizando técnicas de
intimidación, como solicitarles el nombre y rango del policía y tomando
notas de éstos, además de notas del reporte, lograron que la policía
hiciera un nuevo reporte fiel a la verdad e incluyendo el reporte del
medico que evaluó a la agredida.
Dioselina (25 años), tres hijos.
El esposo de Dioselina la maltrataba físicamente y
ella no tenia dónde acudir porque es de un pueblo lejano y no tiene
familiares en Cuzco. El esposo la maltrataba cuando estaba borracho o
enojado. Tanto ella como sus hijos fueron golpeados repetidas veces.
Ella fue a la policía y se burlaron de ella, la culpabilizaron, no le
hicieron caso a sus moretones y sangrado, no le aceptaron la denuncia.
Como era vecina de una defensora, acudió para
relatarle la situación. La defensora la llevó al Defensor del Pueblo
(autoridad regional) y el esposo fue llamado y denunciado, ahora esta
con tratamiento psicológico y ya no golpea a la familia. |