VÁZQUEZ RECORDÓ A ALLENDE DURANTE LA CENA EN SU
HONOR
El presidente de la República recordó anoche al ex
presidente chileno Salvador Allende durante la cena con la que fue
agasajado por su par trasandina, Michelle Bachelet. “Entregó su vida por
compromiso democrático, por lealtad a su pueblo y por dignidad hacia sí
mismo”, dijo Tabaré Vázquez.
PALABRAS DEL PRESIDENTE TABARÉ VÁZQUEZ DURANTE LA
CENA OFRECIDA EN SU HONOR POR LA PRESIDENTA DE CHILE
PRESIDENTE VÁZQUEZ: Señoras y señores Ministros de
Estado, autoridades nacionales civiles y militares, integrantes del
cuerpo diplomático, señoras y señores, amigos y amigas.
“El amor vale lo que se ha sufrido por él”, expresó
uno de esos personajes anónimos, atormentados y apasionados, típicos en
la obra de William Faulkner, en una obra publicada en el año 1939, que
mantiene un diálogo entre una pareja de amantes. Es la obra titulada
“Palmeras Salvajes”. Y es verdad: aunque parezca contradictorio, lo
cierto es que en el amor no todo es color de rosa, del mismo modo que
los Presidentes democráticamente electos de Chile y Uruguay se
encuentren hoy en este edificio tan emblemático, es un hecho que
trasciende largamente lo formal.
Y que esos dos Presidentes estén tan marcados
generacional, política y hasta profesionalmente por otro que hace 33
años, en este mismo lugar, entregó su vida por compromiso democrático,
por lealtad a su pueblo y por dignidad hacia sí mismo, tiene mucho que
ver con lo que decía aquel personaje de Faulkner.
Gracias, señora Presidenta, por habernos invitado a
esta visita de Estado. No ha sido fácil venir. Muchos esfuerzos, de
mucha gente, durante muchos años, han sido necesarios para ello. Pero es
hermoso haber llegado. En nombre del gobierno que presido, en nombre de
la comitiva que me acompaña y por supuesto en mi nombre, quiero
agradecer a usted, señora Presidenta y a ustedes, autoridades del
gobierno de Chile, por la hospitalidad con que nos han recibido y el
afecto que nos están demostrando. Sentimos que estamos como en nuestra
propia casa.
Traigo y permítanme transmitirlo ya mismo y
enfáticamente, el saludo de todos los uruguayos, de toda la ciudadanía
de la República Oriental del Uruguay. Un saludo como somos los
uruguayos: un poco tímidos, pero –créannos- cálidos y sinceros.
Un saludo con historia, porque el
pasado nunca descansa, pero sobre todo, señora Presidenta, señoras y
señores, un saludo con futuro. Un futuro donde chilenos y uruguayos
tenemos esperanzas comunes y, en consecuencia, compromisos y tareas
compartidas.
Saludo y futuro, entonces, que
nos convocan e impulsan.
Señora Presidenta, estimados
amigos y amigas, los diálogos que hemos mantenido, así como los
acuerdos, convenios y entendimientos suscritos en el marco de esta
visita, dan cuenta de objetivos y desafíos comunes a Chile y Uruguay.
Comunes a sus gobiernos, pero no sólo a estos. Comunes también a las
sociedades de ambos países y a las diversas expresiones sectoriales de
ellas.
Es importante que así sea, y es de
justicia resaltarlo, porque somos una misma región, y ni la geografía
-ni la física ni la humana- pueden justificar la lejanía o la
indiferencia entre nuestros pueblos y nuestros gobiernos. Somos países
distintos, pero no tan distintos como creímos ser o nos hicieron creer
que éramos.
Somos países jóvenes, que para
ejercer su inalienable derecho al desarrollo necesitan conjugar
crecimiento económico, con justicia social, sostenibilidad ambiental e
inserción en un contexto internacional complejo pero del cual no
podemos, no debemos, ni queremos, aislarnos.
Somos, por decirlo sencillamente,
naciones en construcción. Y somos gobiernos con valores y principios
bien definidos y con señas de identidad que comparten. Entre ellas, la
de no renunciar a la ilusión, la de no resignarse a esa suerte de
agnosticismo crítico que es la cultura del “no se puede” y del “no te
metas”. Somos gobiernos que conciben la construcción de la nación como
una tarea permanente, colectiva, decididamente democrática y
sustancialmente ciudadana, porque no hay democracia sin ciudadanía.
No somos gobiernos infalibles. Hay
dificultades, tenemos carencias y cometemos errores. Pero hay errores
que no cometemos. Y eso lo percibe la gente y lo saben hasta nuestros
más implacables opositores. Y cuando cometemos errores, los reconocemos
y tratamos de enmendarlos con firmeza, pero sin dramatismo.
Somos gobiernos conscientes de que
la tarea que se nos ha encomendado implica no sólo gobernar el presente
sino también gobernar el futuro en lo que éste tiene de previsible, que
no es poco. Y asumimos nuestras responsabilidades sin perder de vista
que la mayor riqueza de un país es su gente y que la tarea sustantiva
del gobierno es acompañar a la gente a lo largo de la vida. A toda la
gente durante toda la vida.
Señora Presidenta, estimadas
amigas y amigos, no descarto que entre los buenos amigos aquí presentes
alguno piense que lo que acabo de decir es una suerte de reivindicación
corporativa que hago aprovechando nuestra común condición de médicos. La
sospecha es razonable. Pero conviene aclarar que los médicos no somos
esos seres circunspectos, distantes, casi santos a veces, casi
diabólicos otras, como algunos colegas aparentan y mucha gente cree. Los
médicos somos ciudadanos, ni mejores ni peores que los demás y como
ciudadanos tenemos principios, valores, derechos y responsabilidades.
Yo me atrevo a decir en su nombre,
señora Presidenta, y en el mío, que la misma razón que hace varios años
nos llevó a la profesión médica, luego nos trajo a las responsabilidades
de gobierno. Sólo hay una forma de vivir la vida: vivirla dignamente. Y
la dignidad no es tener más, sino tener lo necesario para ser mejores.
Y aquí estamos, señora Presidenta:
rodeados seguramente de abogados, economistas, ingenieros, sociólogos,
militares, pero sobre todo compañeros. Porque seguramente, de aquí en el
futuro, los chilenos y los uruguayos rendiremos honor a esa palabra:
compañero, que quiere decir, “aquellos que comparten el pan”.
Compañeras y compañeros de
esperanzas y de compromisos en la difícil pero hermosa tarea de
construir entre todos naciones donde nacer no sea un problema, estudiar
y trabajar no sea un privilegio y donde envejecer no sea una condena.
Países donde soñar no sea sospechoso ni amar sea ridículo. Naciones que
encaren el futuro confiadas en sí mismas y en las posibilidades del
presente. En fin: naciones como las que chilenos y uruguayos, como todos
los pueblos del mundo, reclamamos y merecemos.
Señora Presidenta, señoras y
señores ministros, autoridades de gobierno, amigas y amigos: las cenas,
por cierto, no son ocasiones propicias para los discursos, ni siquiera
las oficiales. Permítanme entonces terminar esta breve intervención
diciendo solamente, y nuevamente, gracias y hasta pronto, como siempre. |