Violencia y abuso infantil
Abordaje comunitario y territorial: INAU atiende
400 casos de violencia
En el marco de un trabajo interinstitucional con
varios Ministerios y con la ANEP, el Instituto del Niño
y el Adolescente (INAU) trabaja en la atención de
centenares de situaciones de maltrato y abuso en
menores. La población más vulnerable se sitúa entre los
niños en edad escolar. Se procura que docentes,
familiares y vecinos denuncien mediante diferentes
vías, aquellas situaciones que en su globalidad
comprueban tal agresión.
Si bien existen denuncias de
violaciones, en proporción, se registran más casos de
maltrato físico, que de abuso sexual.
La coordinadora del SIPIAV (Sistema
Integral de Protección a la Infancia y a la
Adolescencia contra la Violencia), María Elena Mizrahi,
explicó que no se puede cuantificar si aumentaron las
situaciones de violencia, teniendo en cuenta que,
recién con la creación de este Sistema, se comenzó a
tener instrumentos para monitorear las denuncias.
El SIPIAV engloba el trabajo
mancomunado de la ANEP, los Ministerios de Salud
Pública, Interior y Desarrollo Social, éste último a
través de Infamilia y las organizaciones no
gubernamentales en convenio con INAU, Instituto a cargo
de la coordinación.
Se cuenta con un Comité de Gestión
que se reúne una vez al mes, donde las instituciones
diseñan estrategias y políticas y coordinan las
distintas formas de intervención. Ante una situación de
sospecha o violencia o abuso ya comprobado, los actores
antes mencionados participan en alguna medida en el
proceso, desde la detección hasta el tratamiento.
El objetivo de todo este accionar es
prevenir, no llegar a comunicarse ante una situación de
violencia ya consumada, sino con anticipación, por eso
la importancia de instalarse en los territorios,
explicó María Elena Mizrahi. La coordinadora aclaró que
la violencia se define como “violencia y maltrato con
la continuidad en el tiempo, si es algo que se ejerce
en forma constante, no una vez aislada”.
Mizrahi sostuvo que la cantidad de
llamadas dirigidas a la denominada “Línea Azul” del
INAU -0800 5050- se mantiene, aproximadamente unas
cinco comunicaciones diarias (aunque no todas obedecen
a este tipo de denuncias). Una vez recibida la llamada,
se recepciona la información, se verifica y por lo
general el equipo técnico visita ese domicilio o se
cita a los referentes de esa familia a una primera
entrevista. Si la situación es grave, por lo general se
realiza la denuncia policial, dado que es necesaria la
intervención judicial.
Otras vías de denuncia, pueden ser:
los juzgados, las seccionales policiales y los centros
educativos.
Mizrahi entiende que se registró un
cambio tras la creación del SIPIAV – el 25 de abril de
2007-, porque se comenzó un abordaje comunitario y
territorial, porque se encuentran centros de denuncia
en los diferentes barrios. Esto se suma al accionar en
las escuelas, donde Primaria ya cuenta con protocolos y
mapas de ruta que permiten a la población detectar
situaciones de violencia con más claridad y a las
autoridades les brinda la posibilidad de abordarlas.
En un año, se atendieron 267 núcleos
específicos de situaciones de violencia. En este
momento, INAU trabaja en unos 400 casos que persisten.
En cuanto a cuáles son las denuncias
que terminan en la vía judicial, Mizrahi indicó que
depende de la situación. Si se trata de un abuso o
explotación sexual, indefectiblemente pasa a la órbita
judicial. Si existen situaciones de violencia
intrafamiliar, así sea emocional o física, se comienza
a trabajar con esa familia para bajar los niveles de
violencia. En la medida que la situación que se
presente, sea resistente al proceso, a los tratamientos
y a la forma de abordaje, de no existir otra opción,
se judicializa la situación.
Existen diferentes factores que
permiten detectar estos casos y todos ellos se
encuentran inmersos en un Protocolo de Intervención en
Situaciones de Violencia.
Algunos de ellos se pueden reseñar
en base a ciertas características: cuando el niño se
vuelve introvertido, callado, pobre en el rendimiento
escolar. A veces el menor siente temor a los adultos y
es reticente a una caricia, por ejemplo. La inseguridad
así como una pobre o idealizada relación con los padres
especialmente con el abusador, un comportamiento
inapropiado para la edad, intento de suicidio,
promiscuidad, trastornos varios tanto en la comida
como en el sueño, fugas del hogar, depresión, violencia
hacia otros, autoagresión y aislamiento, entre otros,
además de las lesiones físicas como golpes, quemaduras
y fracturas sin explicación, vestimenta inadecuada para
el clima y tendencias destructivas. Puntualmente en el
caso de abuso, los dolores en las áreas genitales,
lesiones o sangrados, infecciones urinarias repetidas,
enfermedades venéreas, hematomas en muslos,
dificultades para caminar o embarazo.
Todos estos elementos, deben ser
manejados con precaución a la luz pública para no
confundir un hecho aislado con un caso de violencia.
Estas detecciones implican un conjunto y un análisis de
los equipos técnicos que puedan constatar o no la
sospecha de maltrato. |