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17 de setiembre, 2008

Sustentabilidad Social

Jornada de reflexión sobre posibles soluciones a la pobreza infantil y adolescente
La Estrategia Nacional para la Infancia y la Adolescencia, realizó hoy su segunda jornada de trabajo donde se analizó la publicación “Sustentabilidad Social”, con el fin de reflexionar sobre la relación entre la ENIA y el modelo de desarrollo de Uruguay en el 2030. Se apunta a recapacitar sobre la situación socio-económica actual de los niños y adolescentes uruguayos, haciendo hincapié en el futuro que les espera como adultos.

Esta jornada, se enmarca en la construcción de la Estrategia Nacional para la Infancia y la Adolescencia (ENIA) para el año 2030 y en esta oportunidad, se presentó una publicación realizada por el Mag. Gustavo de Armas. Este trabajo, apunta a promover un análisis sobre qué políticas nacionales adoptar, que trasciendan lo sectorial y lo coyuntural, para brindarle soluciones a los problemas actuales de la infancia y la adolescencia. También se aspira a reflexionar sobre el futuro y a corregir las debilidades existentes, fortaleciendo la capacidad del Estado y de la sociedad, para reducir las desigualdades generacionales, sociales y económicas para todos los niños, niñas y adolescentes del país.

La presentación del trabajo, estuvo a cargo de su autor, Gustavo de Armas, quien realizó una reseña del mismo. Comenzó refiriéndose a la relación existente entre las políticas sociales, las políticas dirigidas a la infancia y la adolescencia y el modelo de desarrollo. En este sentido, dijo que no es posible pensar en una estrategia dirigida a las próximas décadas, abstrayéndose del modelo de país. Por esta razón, se analizó el Uruguay de los últimos 50 años. De allí se desprenden dos rasgos definitorios: escaso dinamismo económico y alta volatilidad de la trayectoria económica, que impactan en el desarrollo de la sociedad. En ese período, se observan alternancias de fases, donde lo que el país acumula en etapas de bonanza económica, lo pierde en otras subsiguientes de crisis. Cada crisis, produce caídas en términos de bienestar que afecta especialmente a los sectores más vulnerables de la población y en particular, a los niños y adolescentes. Esta volubilidad provoca que Uruguay no logre formar el tipo de capital humano que necesita en el contexto económico global actual y no le permite acortar la brecha con los países más desarrollados. Con respecto a este punto, específicamente, De Armas indicó que, a su entender, lo que está en juego es la sustentabilidad social del país y la sustentabilidad intergeneracional de los uruguayos del 2030, por lo cual es básico pensar en qué futuras generaciones de adultos se están generando en estas décadas.

El segundo capítulo, describe la evolución de la pobreza y equidad generacional en los últimos 22 años y lo divide en cuatro etapas. Entre 1986 y 1994, se observa una reducción de la pobreza; entre 1995 y 1999 se produce un estancamiento; entre el 2000 y el 2004 aumenta la pobreza y desde 2005 a 2008 se percibe un descenso. Según estos datos, se estima que Uruguay en 2009 y 2010, alcanzará los valores de los años 94 y 99 arribando al 15.3% de su población pobre, dentro del cual el 30% serán menores de 18 años.

Analizando la evolución de la pobreza por franjas, en la primera etapa referida, la pobreza en los adultos mayores de 65 años se redujo 87%, en los adultos un 70% y en los niños de 0 a 5 años bajó 51%. En el año 2004, luego de la crisis del 2002, la pobreza en los adultos mayores aumentó 10.7%, en los adultos 28.4% y en los menores de 6 años 56.5%.

Cuando se habla de equidad intergeneracional en relación a la pobreza, se refiere a otorgarle a todos los grupos de edad, protecciones similares frente al riesgo de caer en pobreza. En este sentido y basándose en los índices anteriores, Uruguay  fracasó en términos relativos en proteger a los más jóvenes frente a ese riesgo, pero en contraposición, fue relativamente eficaz en reducir la pobreza entre los adultos, particularmente entre los adultos mayores.

Con respecto a otros países, Uruguay tiene un comportamiento dual, con niveles de pobreza de adultos mayores similares a países desarrollados, pero con niveles de pobreza infantil típicos de país sudamericano.

La desigualdad y al pobreza infantil, no constituyen fenómenos inamovibles; los bajos índices de pobreza que exhiben los países más desarrollados, se explican fundamentalmente por la acción del Estado, básicamente en la aplicación de políticas tributarias y de transferencias monetarias a las familias. Uruguay empezó en los últimos años a estudiar estos temas de los cuales derivaron posteriormente algunas reformas: la Reforma Tributaria, el Plan de Equidad y el Sistema Nacional Integrado de Salud.   

El tercer capítulo abarca Políticas Sociales, Infancia y Adolescencia en Uruguay, dentro del cual se distinguen seis áreas. En primer lugar se analiza la evolución del gasto público social dirigido a la infancia, donde se observa en los últimos cuatro años, un claro énfasis de la atención dirigida hacia este período de la vida. Esto se demuestra en el aumento del gasto público, el incremento de la cobertura y mejora de calidad de los servicios de salud, el aumento del gasto en seguridad social –nuevo régimen de Asignaciones Familiares- y políticas de reducción de la pobreza y la cohesión social. Estos datos se traducen en las siguientes cifras: en el año 2004 se destinaba un 4% del PBI al gasto público social dirigido a la infancia y para 2009 se prevé alcanzar el 5.5 % del PBI.

En segundo orden, políticas de primera infancia, desde la gestación a los tres años, considerando políticas de apoyo a los hogares –legislación laboral que apoye la fecundad infantil-, políticas de salud,  mejora de la calidad de atención primaria en salud, políticas de nutrición y educación alimentaria y finalmente universalización de la cobertura de las distintas ofertas de centros de educación inicial y estimulación oportuna. Con respecto a este último tema, De Armas informó que Uruguay cuenta con una pluralidad de ofertas que atravesaron varios períodos de gobiernos y que tienen un gran respaldo social.

Continuando con el tercer capítulo, se encuentra “Niños y niñas en edad escolar de 4 a 11 años”, donde se enfatiza en el avance de la Educación Primaria en cuanto a reducir la repetición, la inasistencia, el abandono intermitente, los aprendizajes insuficientes y también en la universalización de los distintos modelos de escuelas y dispositivos implementados que ya han demostrado ser eficaces, como las escuelas de tiempo completo.

El capítulo de Adolescentes entre 12 a 18 años, enfatiza en que el principal problema que tiene Uruguay es la deserción en la Educación Media. También es preocupante la brecha existente entre jóvenes de distintos estratos socioeconómicos, en la cual los jóvenes de barrios con mayores ingresos presenten una tasa de egreso de la Educación Media Superior, semejantes a la de países desarrollados, 80%, y entre los jóvenes de barrios de menores ingresos apenas uno de cada diez consigue esta meta. Este fenómeno complejo, no puede explicarse por una única variable pero para De Armas, se debe reducir la fisura existente entre la Educación Primaria y el Primer Ciclo de Educación media, entendiéndolos a ambos como un todo, que debería lograr tasas de egreso universales. También se deberá trabajar para lograr una Educación Técnica atractiva para los jóvenes uruguayos, evitando caer en el estigma de que la educación tecnológica es para los sectores bajos de la población.

Las Políticas de Seguridad Social y de Transferencias de Ingresos, constituyen el quinto capítulo de esta publicación. Aquí se hace referencia al aumento otorgado a las Asignaciones Familiares. La reciente reforma en este sentido para De Armas, va en la dirección correcta, porque expande el componente no contributivo, e incentiva la escolarización de la Educación Media, pero aún es insuficiente para incidir en el descenso de la pobreza.

El último componente, analiza e incentiva al debate sobre cómo deberán actuar las Políticas e Instituciones de protección especial a la infancia que hoy están diseñadas para actuar en situaciones irregulares, en un escenario en el año 2030. Esto, suponiendo que Uruguay lograra reducir los niveles de pobreza a un dígito, que el sistema educativo sea inclusivo y retenga a los estudiantes y que el sistema de salud asegure prestaciones de calidad. Pensar un universo de políticas de protección especial para niños y adolescentes en vulnerabilidad extrema que esté claramente articulado, es para De Armas uno de los desafíos más grandes que existen hoy.

Finalmente, quedó planteado como otro tema de discusión, cuáles son las condiciones de sustentabilidad fiscal de una estrategia nacional para la infancia y la adolescencia a mediano y largo plazo.

   
 
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