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8 de mayo, 2009

Programa Infamilia-MIDES

La violencia intrafamiliar no escapa a ningún estrato social y repercute en la sociedad
El Director del Programa Infamilia, Julio Bango, hizo especial hincapié en la necesidad de tomar conciencia sobre las prácticas de crianza violentas, que -según una investigación reciente- afecta a todos los sectores sociales. El jerarca llamó a la reflexión ante prácticas recurrentes de violencia, tanto física como psicológica, porque quien aprende a relacionarse de manera agresiva luego aplica esos códigos en la sociedad.

En diciembre del año pasado culminó una investigación sobre violencia intrafamiliar que aportó valioso cuerpo de  información. En torno a la misma, se presentó recientemente una publicación que actualiza una mirada a la sociedad uruguaya, según informó Julio Bango, director de Infamilla (MIDES).  El especialista aclaró que el estudio se realizó en torno a la población de Montevideo y Área Metropolitana , no incluyendo  al resto del país.

La violencia intrafamiliar, las prácticas de crianza violentas y el establecimiento de vínculos violentos no solo acontece en los sectores más vulnerables o pobres de la sociedad, sino que atraviesa todos los estratos sociales, indicó.

La apuesta es llevar a la reflexión, sobre todo en los casos en que las prácticas son recurrentes, más de una vez e incluso permanentes.

Algún grito puede haber en una familia, dijo, pero el problema es cuando padres e hijos establecen vínculos violentos permanentes. Bango explicó que cuando se habla de “violentos”, no es una referencia solamente desde el punto de vista físico, sino también psicológico. “Quien aprende a relacionarse de una manera violenta, luego aplicará esos códigos en la sociedad”, dijo.

Antes de depositar culpas, la referida investigación procuró  una reflexión como sociedad. El Director de Infamilla dijo que en la medida que cada uno construye vínculos de esta naturaleza, probablemente luego se coseche a nivel social, mayores situaciones de inseguridad y problemas de violencia.

Por otra parte, precisó que es prudente cuidarse de hacer una traslación mecánica de un comportamiento familiar a un comportamiento social, porque en el ámbito de la sociedad juegan otros factores que explican otros problemas.

De todas formas, Bango señaló que quien se cría yendo a la escuela, en un entorno feliz, sin problemas de autoestima, seguramente tendrá más posibilidades de ser una persona feliz y lo transmitirá en los ámbitos sociales donde se desempeñe. Si por el contrario, se cría en una situación de apremio, acoso y relacionamiento violento, seguramente esas actitudes se trasladen a la sociedad .

En cuanto al abordaje de formas de reprender a los niños, el Titular de Infamilia indicó la importancia de poner límites para que los individuos crezcan sabiendo hasta dónde se puede ir. Consideró las formas de poner límites puede ser variada. Puede hacerse malamente, mediante una cachetada o siendo firme con el chico, poniéndolo en penitencia, explicándole por qué se equivoca y por qué no se puede hacer tal o cual cosa. “ Son formas distintas de poner límites”, indicó.

Desde hace dos años, Infamilia e INAU desarrollan centros de atención específica para niños, niñas y adolescentes víctimas de maltrato y abuso sexual. Actualmente,  funcionan cinco centros en las zonas donde se realizó la investigación. Se evaluaron datos importantes como: cuántas consultas se realizaron, qué tipo de violencia se planteó, cuáles fueron los tratamientos y cómo fue el trabajo con la familia. El objetivo es revertir estas situaciones, porque si se trabaja adecuadamente se puede cambiar. Señaló que nada es definitivo y los malos relacionamientos en una familia pueden convertirse en positivos, sin que implique la judicialización de los casos, la separación de la familia, de los hijos. Lo que se procura es que las familias vivan lo más armónicamente posible, dijo.

El estudio revela que en cerca del 57% de los hogares se registran prácticas de violencia física o psicológica reiterada. Los porcentajes de la violencia ocasional son mucho mayores, pero se apuesta a lo recurrente.

Asimismo, los datos indican  que prevalece la violencia física en los hogares más pobres o vulnerables, y la psicológica en los hogares más educados o de clase alta. Pero ambos tipos de violencia son recurrentes en todos los estratos sociales.

No es posible comparar esta situación con el pasado,  en tanto no existen datos –dijo Bango-, es la primera investigación que se realiza con estas características y grados de representatividad.   

   
 
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