Comisionado Alvaro Garcé
Es en las cárceles donde primero saltan los tapones,
pero son problemas del sistema penal
Hondos problemas sociales emergen en el
sistema penal, y dentro del sistema penal en las cárceles,
dijo el Comisionado Parlamentario para el Sistema
Carcelario. Se refirió a los crecientes guarismos de
población reclusa. Llamó a reaccionar desde lo ciudadano,
lo cívico y lo legislativo. La sociedad no debe
acostumbrarse a que las cosas no pueden cambiar. Insistió
en que el sistema penal comprende al subsistema
penitenciario.
Álvaro Garcé, Comisionado Parlamentario
para el Sistema Carcelario, fue el encargado de presentar
la publicación denominada “Mapa Regional Latinoamericano
sobre Educación en Prisiones”, actividad que tuvo lugar en
una de las salas del Palacio Legislativo.
Este Mapa –de extensión razonable y con la
debida profundidad- aporta una visión comparada de lo que
se está realizando en materia de educación en prisiones en
el continente.
La visión más allá de fronteras permite
apreciar las dificultades existentes, si se tienen
obstáculos y a qué obedecen, si a los demás les ocurre lo
mismo. Pero además, y por sobre todo, la visión comparada
permite apreciar en su justa medida algunos logros que
comienzan a asomar y que deben ser la base de una política
pública en materia de educación en contexto de encierro.
Analogías en Latinoamérica
El informe avizora cinco coincidencias a
nivel carcelario en toda Latinoamérica:
1) En todo el continente aumentó
fuertemente la cantidad de personas encarceladas. La tasa
de encarcelamiento en general excede a las 140 personas en
prisión por cada 100.000 habitantes. Algunos ejemplos:
Chile 318; Panamá 278; el Salvador 258. Uruguay tiene una
tasa de encarcelamiento situada en las 235 personas cada
100.000. En el resto de Occidente sobre todo en el
continente europeo ese guarismo se sitúa entre 50 y 90
personas.
Garcé explicó que no solo aumentó la
población carcelaria, sino que está en actual expansión y
el proceso continúa.
2) Este aumento ocurrió en un breve lapso y
en los últimos años.
3) La causa del incremento reside en
algunas reformas legislativas tendientes a endurecer las
penas, es decir se practicó una política de encarcelamiento
en el continente. La consecuencia fue el colapso de muchos
sistemas penitenciarios que no estaban preparados para
soportar una presión fuerte superviniente y en un plazo muy
breve en el tiempo.
4) En toda la región existe una preocupante
cantidad de procesados, es decir, de gente encarcelada sin
sentencia. Esto es en toda la región; hay un guarismo
máximo del 75%, pero Uruguay no está demasiado lejos de ese
techo. Uruguay ronda el 64 o 65%.
Se dice que nuestro sistema procesal
inquisitivo es temporalmente reciente –el Código del
Proceso Penal es de agosto de 1980, vigencia 1º de enero de
1981- pero conceptualmente es de 1810, de la época del
Código Penal de Napoleón. Es un sistema conceptualmente
anacrónico. Otros países han evolucionado hacia el sistema
acusatorio que se supone mejor y más moderno. Sin embargo
los guarismos de personas que esperan en prisión siguen
siendo muy altos, dijo.
“¿Dónde está la clave para que no haya
tantos presos sin sentencia? La respuesta está sin duda en
el principio de la pronta y eficiente administración de la
Justicia, que tiene que ver con una matriz conceptual
procesal. Pero por encima de esto, si hacemos la tan
necesaria e impostergable reforma procesal penal, pero no
le damos a la Justicia los recursos materiales para que
pueda funcionar, poco habremos avanzado”, sentenció Garcé.
Tan importante como modificar la norma, es
modificar la mentalidad que aplica la norma en el caso
concreto, y atribuir los recursos a la Justicia. “Sino
seguiremos prácticamente igual”, añadió.
El sistema penal comprende al subsistema
penitenciario. Hay problemas que estallan en las cárceles,
que se manifiestan y emergen en el sistema penitenciario,
pero son problemas del sistema penal.
Razonando por analogía: hay hondos
problemas sociales que se canalizan y emergen en el sistema
penal, y dentro del sistema penal, en las cárceles. “Es en
las cárceles donde primero saltan los tapones”, porque es
el sistema penitenciario el que termina soportando la
presión de problemas que -sin duda- están más allá de las
rejas, explicó.
5) La educación en cárceles estuvo ausente
durante décadas (y así lo expresa el informe), pero en los
últimos años tendió a un relanzamiento. No ha sido ajeno a
esto una política legislativa que se ve más allá de
fronteras, tendiente a dar un estímulo para que los y las
internas se vuelquen a actividades productivas: el trabajo
o el estudio.
La Ley de setiembre de 2005 estableció en
su artículo 13º, “la redención de la pena por trabajo o
estudio”, jurídicamente, sustancialmente, conmutación del
saldo de pena por actividad educativa, es un buen ejemplo.
¿Para qué educar en prisión?
La acción del educador no es distraer ni
entretener al privado de libertad. El sentido de la acción
educativa es mucho más profundo, es educar para la libertad
y sobre todo educar para la ciudadanía. En este sentido, la
experiencia que se viene desarrollando en Uruguay en el
último tiempo, la elección de las mesas de delegados, ha
sido un gran desafío, un enorme logro, pero debe ser sobre
todo la premisa para que el trabajo continúe, porque no se
puede perder la experiencia.
A modo de ejemplos enunciativos: educar
para la ciudadanía tal como se señala, implica fomentar el
conocimiento de los derechos y obligaciones legales de cada
persona, y el conocimiento de los derechos humanos en
general. Segundo, permitir la valoración y la aprehensión
de las diversas formas de la tolerancia y del valor del
respeto como principio y base de la convivencia. Tercero,
el respeto es respeto de género. Cuarto, la importancia de
la resolución pacífica de los conflictos. Quinto, la
educación de valores en general.
Para que éstas y otras dimensiones de la
educación a la ciudadanía sean posibles en las prisiones,
es imprescindible la formación del personal penitenciario,
y más que nada la dignificación y profesionalización de la
carrera penitenciaria.
Decía Nelson Mandela, preso durante 27
años: “Para un interno, sus custodios o guardias son las
personas más importantes durante la vida en prisión”. Lo
que demuestra que es fundamental incorporar a los guardias
a todos los programas educativos.
Algunas propuestas
El Informe propone 39 propuestas que son en
definitiva recomendaciones para los Estados, consideradas
plenamente aplicables a la experiencia uruguaya.
1) Garantizar la continuidad institucional
de los programas de educación. “Continuidad institucional”
es la clave de toda política pública.
La educación debe ser una política pública;
la gestión en cárceles también debe serlo. En la
intersección de ambas políticas de Estado tiene que estar
la educación en las prisiones como una acción sostenida,
viable, mantenida a lo largo del tiempo.
Se requiere entonces una política nacional
de educación, una gestión de cárceles en materia de clave
pública y luego la acción sostenida en materia educativa.
2) Coordinar las acciones educativas con
las estrategias de prevención de la violencia en los
centros penitenciarios. La violencia es un mal endémico de
las prisiones, y en general cuanto mayor es el encierro,
mayor es el ocio, peores son las condiciones de reclusión.
La violencia tiende a manifestarse con mayor regularidad y
esto deteriora el vínculo, la convivencia diaria con el
personal. El problema de la convivencia violenta en las
cárceles, no debe ser analizado y abordado desde lo
custodial –que tiene sin duda importancia-, tiene que ser
también visto, analizado y abordado desde lo educativo,
organizando actividades educativas como un medio para
atenuar los actos de violencia y sobre todo actuar en el
plano causal, en las raíces.
Como ejemplos de propuesta, el Mapa
Regional habla de propiciar la participación de las
personas privadas de libertad como docentes, involucrarlos
en las actividades educativas formándolos previamente. Los
internos podrían ayudar a preparar el material pedagógico.
3) Asegurar una formación docente continua
que contemple la especial naturaleza de la educación en
contextos de encierro.
La idea de la educación permanente, el ser
humano que constantemente está creciendo hasta el último de
sus momentos, ha desplazado la idea tradicional de la
educación como algo cerrado, donde el hombre aprendió o no
aprendió.
4) Con perspectiva de género. El Informe
recomienda desarrollar una política para el tratamiento de
las mujeres privadas de libertad, que garantice un modelo
adecuado de atención a sus necesidades. Esto es,
reconocimiento de la igualdad esencial entre hombres y
mujeres, y en su misma medida, admisión de la diferencia.
La reclusión femenina tiene sus particularidades, y la
educación de mujeres privadas de libertad, también tiene
sus especialidades.
5) Necesidad de formación continua de
personal, para que éste sea sensibilizado sobre la
importancia de la educación y la necesidad de incorporación
a los programas educativos. Es esencial que el personal
penitenciario conozca los principios y derechos humanos que
debe respetar.
6) En el plano administrativo y como
práctica administrativa, se propone utilizar de un
expediente pedagógico que permita hacer un seguimiento de
la evolución del o la interna desde el punto de vista
educativo. Si no es un expediente pedagógico, como
alternativa se puede manejar una sección académica dentro
del expediente administrativo de la persona privada de
libertad.
7) Promover la producción del material
pedagógico necesario, abriendo la misma a todos los que
puedan intervenir, desde las universidades hasta las
asociaciones civiles que se acerquen, porque en esto la
sociedad civil tiene mucho para aportar hasta las propias
personas privadas de libertad como se había adelantado.
8) Incrementar la oferta en educación
formal, sobre todo en los niveles medio, técnico y
superior, donde según el Informe –y es parcialmente
aplicable a Uruguay- hay un cierto rezago.
Garcé consideró un logro fundamental la
presencia de maestros en todas las cárceles.
9) Propiciar la organización de actividades
de educación no formal, y fomentar la participación de los
internos en actividades de expresión artística. Garcé
destacó el resultado de los talleres de teatro y música,
por ejemplo.
10) Desde el punto de vista de la inclusión
social, es necesario desarrollar programas posteriores a la
liberación para asegurar el seguimiento de las personas
liberadas. Uruguay tiene dos antecedentes de buenas
prácticas: una, mayo de 1985, Ley 15.743 la primera
amnistía, el Patronato se puso sobre los hombros la tarea
de hacer el seguimiento de quienes obtenían la libertad. La
reincidencia fue razonablemente baja, por lo menos fue
menor que cuando no existe un seguimiento sistemático del
liberado.
La segunda buena práctica, a partir de
setiembre de 2005, la Ley de Humanización 17.897, establece
que el Patronato queda a cargo del seguimiento de todas las
personas que obtuvieran la libertad por ese régimen
excepcional por única vez. Las libertades se otorgaban con
el propósito de descomprimir la situación en las cárceles.
La reincidencia fue mucho menos de la mitad que el promedio
general de la reincidencia. Entonces, lo que hay es
evidencia empírica, que cuando se apuesta a la inclusión,
el resultado no demora en llegar. Eso es bueno desde el
punto de vista de la seguridad pública, como estrategia
para mejorar la inclusión y como medio para disminuir la
reincidencia.
11) Integrar la política educativa con la
política criminal. Se propone integrar las actividades
educativas como estrategia distinta al encierro. El desafío
en Uruguay no solo consiste en mejorar –que de eso se está-
la Ley 17.726 que habilita las medidas alternativas, sino
hacer la necesaria e imprescindible reforma mental para que
se aplique la norma, y lograr que en la aplicación de esas
medidas alternativas al encierro y la prisión preventiva,
estén las actividades educativas presentes como un eje
necesario.
Respeto y tolerancia
En el plano de los valores, varias cosas
por realizar: fomentar a través de la educación el respeto
y la tolerancia como valor de los privados de libertad
entre sí, y con respecto al personal penitenciario.
Con estricto cuidado de la libertad
religiosa, es bueno facilitar el trabajo de los agentes
religiosos, dijo Garcé. Trabajo religioso no es trabajo
proselitista; la construcción de ese centro que se viene
implementando en el COMCAR donde van a tener
coparticipación las distintas religiones, lo consideró un
ejemplo notable de respeto y tolerancia, que debería ser
conocido en todo el continente.
En lo edilicio, es necesario sensibilizar a
las autoridades que construyen prisiones sobre la necesidad
de prever los espacios adecuados para las actividades
recreativas, culturales y educativas.
Uruguay paradojalmente durante la
dictadura, se dedicó a construir toda una generación de
cárceles (ocho cárceles, la primera fue la de Colonia, las
últimas las de Salto y Paysandú), el plano es prácticamente
gemelo, si uno recorre el corredor de la cárcel de
Conventos y está luego en Durazno dice “estoy en la misma
cárcel”. La idea era la misma, los aciertos eran los
mismos, pero las debilidades ideológicas expresadas en el
plano de la arquitectura también eran las mismas, dado que
no se preveían adecuadamente los espacios para la
educación, sí para el trabajo. Las celdas de castigo “eran
horribles, medievales”, celdas oscuras prohibidas por las
normas internacionales. Esto se está corrigiendo, añadió el
Comisionado.
“No podemos permitir que la vida sea paz en
la guerra”, dicho de otra manera, no puede ser que la
sociedad se acostumbre a que las cosas no pueden cambiar.
Debemos reaccionar desde lo ciudadano, desde lo cívico y lo
legislativo en todos los planos. “No puede ser que este año
tengamos mil personas más encarceladas respecto al año
pasado, y menos que las que habrá el año que viene, y que
esto siga indefinidamente. No podemos acostumbrarnos”.
Al ver las estadísticas sobre crecimiento
de la población encarcelada, al ver la violencia que se
extiende al hogar, la calle, los centros educativos, al
deporte (a propósito de malsanas pasiones que invocan lo
deportivo), Garcé asegura que “no podemos acostumbrarnos a
que la limitación es la regla, y que la paz dentro de la
guerra es la norma”, añadió.
El Comisionado Parlamentario, en su
alocución en el Palacio Legislativo, citó a Max Scheler,
quien decía “Cada generación tiene su desafío, su propio
imperativo de la hora; imperativo y exigencia que no vuelve
a presentarse más. Eludir o evadir ese imperativo implica
más o menos el precio de toda oportunidad perdida”.
Hace tiempo que las cárceles vienen siendo
un problema en este país. La primera advertencia se
encuentra en un número de Marcha de diciembre de 1972, en
un ensayo de Carlos Martínez Moreno que se llama “El sueño
de un país que sea una cárcel”. Este trabajo comienza con
una cita de Octavio Paz que dice “Las cárceles son reales.
¿Lo son también las Leyes?”. Martínez Moreno dice en el
primer párrafo: “El régimen se ha dado a vivir el más
peligroso de los sueños, el sueño de encarcelar a los
jóvenes. El más peligroso y el más irreal en la medida que
prefiere aprisionarlos a comprenderlos, porque
aparentemente no los entiende, ni quiere ni cree que valga
la pena comprenderlos, considera más fácil cercarlos”,
relató.
En EE.UU. hay hoy aproximadamente 750
personas encarceladas cada 100 mil habitantes; nosotros
tenemos menos de 250. Teóricamente, nosotros podríamos
avanzar “en quinta a fondo y con el acelerador trabado
hacia un guarismo similar”. Pero hay una diferencia: EE.UU.
puede pagar sus gastos carcelarios porque tiene dólares.
Nosotros tenemos pesos uruguayos que son pocos y más
flacos. Es una premisa inadmisible, seguir encarcelando
como única alternativa y respuesta.
Dentro y fuera de fronteras existe un
clamor generalizado de venganza; algo así como “pena de
muerte para todos, venganza más allá del talión”, indicó
Garcé. Cuando esto pasa, hay que pensar muy bien por qué
ocurre. Es una respuesta que se da desde la inseguridad y
el miedo, que no es lo mejor que el hombre tiene para sí
mismo y el prójimo.
El desafío del ahora es construir una
alternativa a partir de la educación y como factor de
esperanza; vencer el miedo apostando a un futuro mejor
desde la educación. Se debe vencer la antinomia, “los
caminos entre lo mismo y lo mismo”, romper la lógica del
encierro, y apostar a otra cosa.
“Trabajar en prisión implica encontrarse
con lo peor de un ser humano, sin creer que esa es la
esencia del ser humano”, expresó Garcé, quien considera que
la educación es un acto de fe, confianza y optimismo. “Es
necesario que se reubique el aprendizaje en la educación, y
la educación en el corazón de la sociedad”, finalizó
diciendo. |