Declaratoria de Independencia
Rubio: Estamos forjando en conjunto el
proyecto nacional para el Uruguay del tercer siglo
En el marco del 184º Aniversario de la
Declaratoria de la Independencia, con la presencia del
Presidente de la República, Tabaré Vázquez, quien dejó una
ofrenda floral a los pies de la Piedra Alta, el Director de
la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Enrique Rubio,
repasó parte de la historia nacional hasta su independencia
y destacó el desempeño del Estado que procura que los
uruguayos puedan vivir en un país viable.
Rubio manifestó, tras saludar a todos
los presentes en la Piedra Alta del departamento de
Florida, que a él, como floridense y uruguayo, dicho acto
representa una emoción al cumplir las funciones que lo
hacen estar presente, lo cual a su entender constituye "un
alto honor". Sostuvo que la Piedra Alta no se trata sólo de
un monumento histórico sino "también de una admirable
expresión de la naturaleza". Recordó, a la vez, que en esta
ciudad estuvo un "rancho de paja y terrón, en el que se
aprobaron las leyes que conmemoramos sobre la Plaza
Asamblea", donde también se inauguró el monumento a la
Independencia de 1879, en el cual Zorrilla leyó la Leyenda
Patria. "Florida es una ciudad pletórica de símbolos de
nuestro mejor pasado. Un espléndido lugar de memoria",
expresó. Citando al historiador Carlos Demasi, Rubio dijo
que "la conmemoración es una forma de poner en escena a la
nación", lo cual a su entender "supone consenso y
sentimientos compartidos, procesos de olvidos y de
recuerdos y fundamentalmente un proyecto colectivo y
querible".
También citó palabras del historiador
Gerardo Caetano, quien sostiene que "la Nación es una
construcción colectiva, en el sentido que la identidad
colectiva es una construcción social", la cual continúa
vigente. La misma comenzó, recordó Rubio, con el nacimiento
como orientales aquel 28 de febrero de 1811, con la gesta
que representó el Éxodo del Pueblo Oriental y con las
posteriores luchas, derrotas, nuevas luchas y la
conformación de un Estado independiente. "No somos una
Nación por regalo o por casualidad, somos una Nación por
voluntad de nosotros los orientales que hemos luchado por
esto", señaló el Jerarca.
También coincidió que "el sentimiento de
soberanía, no intervención, delimitación de fronteras
económicas, sociales y culturales, integración interna,
asimilación de los inmigrantes, escolarización, empuje
modernizador y urbanizador, permeó la sociedad uruguaya en
las últimas décadas del siglo XIX y remató su obra en las
primeras del siglo XX, con importantes infraestructuras de
transporte y comunicación y el desarrollo democrático
integrador. A ello siguió la euforia de como el Uruguay no
hay y luego advino la crisis del último medio siglo".
En este sentido, se mostró a favor del
Proyecto de Ley del Poder Ejecutivo enviado al Parlamento
por el cual declara al 2011 como año de la celebración del
bicentenario como proceso de emancipación oriental.
Por otra parte, sostuvo que actualmente
la imagen de "nuestra común unión" ha cambiado y que desde
la década del 60 retornó el debate respecto a la viabilidad
de poder ser un país. "El horizonte de tristeza
retroalimentó el cuestionamiento de nuestra identidad. La
idea de que éramos un país inviable, del que más valía
irse, caló hondo en nuestra juventud y dividió a las
familias uruguayas", agregó Rubio.
Sin embargo, subrayó que hubo una
esperanza que "zanjó el debate sobre la viabilidad", ya que
en este período disponemos de inversión "extranjera y
propia", habiendo hallado un "punto de equilibrio entre la
inviabilidad y el Uruguay eufórico", tendiente a construir
inclusión con metas desafiantes.
El Jerarca de la OPP dijo ante los
presentes que actualmente la construcción de la nación ha
mostrado avances respecto a los uruguayos que residen en el
exterior, lo cual se fortaleció con el esfuerzo de todos,
"porque esta es una obra nacional de todos los uruguayos y
no sólo de un Gobierno, con la exploración de nuestra
plataforma marítima, con el desarrollo de la
infraestructura y de la logística, con el posicionamiento
soberano en el caso Botnia, con las políticas de desarrollo
e inclusión", junto al proyecto CEIBAL con el departamento
de Florida a la cabeza.
Enfatizó, finalmente, que el Estado ha
venido trabajando en la recuperación de las cuestiones de
defensa, energía, innovación tecnológica, protección social
e identidad cultural, con los avances en integración
interna y en descentralización. "Los orientales estamos
forjando en conjunto el proyecto nacional para el Uruguay
del tercer siglo", concluyó Rubio.
Palabras del Director de la Oficina de
Planeamiento y Presupuesto, Enrique Rubio, en el acto
realizado en la Piedra Alta, departamento de Florida, el 25
de agosto de 2009.
DIRECTOR RUBIO: Buenos días a todos y a
todas, compatriotas nuestros, al señor Presidente, al señor
Vicepresidente, al señor Presidente de la Suprema Corte de
Justicia, al señor Intendente, a los parlamentarios
nacionales y locales, a las autoridades civiles, militares
y eclesiásticas, a los miembros del cuerpo diplomático, a
los floridenses y a las floridenses, escolares, jóvenes y
adultos. A todos ustedes, les quiero decir en primer lugar,
que para mí como floridense y uruguayo significa mucho hoy,
una profunda emoción, estar aquí en esta función.
Constituye -como se suele expresar- un
muy alto honor, que mucho agradezco al señor Presidente de
la República, aquí en la Piedra Alta, parafraseando, es
como si una voluntad indoblegable hubiera dicho un día de
hace 184 años "sobre esta piedra edificaré mi
independencia". Además, no se trata sólo de un monumento
histórico, sino también de una admirable expresión de la
naturaleza, un monolito de más de treinta metros de largo,
recostado aquí a orillas del río Santa Lucía Chico.
En esta ciudad estuvo el rancho de paja
y terrón en el que se aprobaron las leyes que conmemoramos
sobre la plaza Asamblea. En esa plaza –conocida también
como "de la Catedral"- se inauguró el monumento a la
independencia en 1879. Aquí leyó Zorrilla la Leyenda
Patria. Florida es una ciudad pletórica de símbolos de
nuestro mejor pasado. La pátina del tiempo ha barnizado
nuestra querida ciudad. Verdaderamente estamos -y lo que
con felicidad se ha dicho- en un espléndido lugar de
memoria. Nos refresca el alma conmemorar un nacimiento y
hoy conmemoramos nuevamente un nacimiento: el nacimiento de
los uruguayos y de los orientales independientes de todo
poder extranjero.
Como dice el historiador Carlos Demasi:
"La conmemoración es una forma de poner en escena a la
Nación". Aquí, a la nación oriental o uruguaya, ello es
necesario pero no es fácil, supone consensos y sentimientos
compartidos, procesos de olvidos y de recuerdos, y
fundamentalmente un proyecto colectivo y querible.
Un día como hoy pero de 1825, la Sala de
Representantes proclamó las tres leyes: la de
Independencia, la de Unión y la del Pabellón; que
recordamos para poner en escena a la Nación –como se decía-
como un hito fundamental, de fundamental importancia en la
construcción de nuestra identidad al declarar "írritos,
nulos, disueltos y sin ningún valor para siempre todos los
lazos de dependencia". Treinta años después de culminado el
ciclo emancipatorio, con la constitución del Estado
uruguayo en 1830, una Ley del 10 de mayo de 1860 reconoció
al 25 de agosto como la efemérides que conmemora la
Independencia Nacional. Con posterioridad, múltiples
eventos le agregaron significación: el Teatro Solís y el
Palacio Legislativo, entre otros, se inauguraron un 25. Sin
embargo -y nosotros en esto no podemos esquivar porque
hemos sido profesores de historia durante mucho tiempo,
como ustedes saben- se ha planteado un largo debate sobre
la cuestión de las fechas. ¿Por qué? Quizás también, amén
de otros motivos, partidarios y no partidarios, porque una
cosa es la independencia del Estado uruguayo que se consumó
en 1830 y otra es la construcción de la Nación, la larga
marcha en la voluntad de ser libres, uno de cuyos jalones
fundamentales hoy conmemoramos. Pero la larga marcha que
aún en el día de hoy sigue y que procuramos revitalizar, la
larga marcha de ser Nación, de ser uruguayos, de ser
identidad y de ser cada día mejores.
Como este hecho ha tenido tanta fuerza,
el del 25 de agosto, ha tenido tanta fuerza simbólica y
emotiva, ocupó el espacio principal de la memoria y se
constituyó en la fecha de la Nación y de la Independencia
del Estado, todo al mismo tiempo, y así debe seguir siendo.
Comparto en esto el punto de vista de nuestro querido
historiador José Pedro Barrán en respuesta al Senado en
2006, tampoco -y como decía aquí mismo en 2005 la querida
Ministra, en aquel momento, Azucena Berruti- es hora de
revivir la anacrónica discusión sobre si ha sido mejor ser
un país independiente que haber sido una parte privilegiada
de un país más grande, de un país vecino. Si bien en los
orígenes eso estuvo planteado, el lazo de confederación no
fue viable, pero a veces los equívocos son explicables, no
sólo porque una cosa es la construcción de la Nación y otra
el nacimiento del Estado, sino porque en los orígenes la
realidad era muy distinta. Creemos aplicables en otros
tiempos conceptos del nuestro y por eso incurrimos a veces
en anacronismos, como nos recuerda José Carlos Chiaramonte,
historiador argentino, en aquella época fue uno de los
sinónimos de ciudad, los pueblos que habían reasumido su
soberanía a consecuencia de la invasión napoleónica de
España, eran ciudades políticamente organizadas,
convertidas en pueblos libres y luego transformadas en
cabeza de provincias.
Las naciones en 1815, a su vez, eran
esos pueblos y provincias bajo un mismo Gobierno, las
naciones en aquella época eran lo mismo que el Estado, que
la soberanía o la Patria e incluso que las provincias y
además, como bien lo establece Gerardo Caetano, la Nación
es una construcción colectiva, en el sentido que la
identidad colectiva es una construcción social y esa
construcción sigue en el día de hoy. Arranca con el
nacimiento como orientales el 28 de febrero de 1811, con
esta gesta incomparable que fue el Éxodo del Pueblo
Oriental y con el ciclo de luchas, derrotas, nuevas luchas
y Estado independiente. Sigue en medio de intervenciones
extranjeras y de luchas fraticidas, pero no somos una
Nación por regalo o por casualidad, somos una Nación por
voluntad de nosotros los orientales que hemos luchado por
esto.
En esta larga marcha terminó
predominando siempre la identidad oriental, matriz de la
nacionalidad uruguaya, alcanzada, cuestionada, fortalecida,
debilitada y nuevamente fortalecida. Como Nación, como
uruguayismo, tiene un claro empuje a fines del siglo XIX y
principios del siglo XX, desde ese punto de vista se puede
coincidir nuevamente con Caetano en que Uruguay, como país
nació antes que los uruguayos en el sentido de una
nacionalidad consolidada, se fue consolidando. También
coincidir en que el sentimiento de soberanía, no
intervención, delimitación de fronteras económicas,
sociales y culturales, integración interna, asimilación de
los inmigrantes, escolarización, empuje modernizador y
urbanizador, permeó la sociedad uruguaya en las últimas
décadas del siglo XIX y remató su obra en las primeras del
siglo XX, con importantes infraestructuras de transporte y
comunicación y el desarrollo democrático integrador. A ello
siguió la euforia de como el Uruguay no hay y luego advino
la crisis del último medio siglo. Porque todas estas
cuestiones son procesos de larga duración, nos parece
totalmente acertado el enfoque del Proyecto de Ley del
Poder Ejecutivo enviado al Parlamento por el cual declara
al 2011 como año de la celebración del bicentenario del
proceso de emancipación oriental. No estamos hablando de la
Independencia, no estamos hablando de la Nación, que como
hemos visto son procesos diferentes, estamos hablando de la
celebración del bicentenario del proceso de emancipación
oriental. La matriz republicana, liberal, democrática e
igualitaria con que nacieron la independencia política y a
la organización del Estado las repúblicas surgidas de la
América sujeta al dominio español, se expresó a lo largo de
un proceso emancipatorio que integra pero es más corto que
la larga forja de la nacionalidad. El Grito de Asencio de
1811, el Éxodo del Pueblo Oriental, las Instrucciones del
Congreso de Abril de 1813, la Provincia Oriental autónoma
de 1815 y su reglamento provisorio, constituyen quizás los
jalones principales en determinados aspectos y órdenes de
la primera revolución oriental. La cruzada de los treinta y
tres, encabezada por Lavalleja y las leyes fundamentales
del 25 que hoy conmemoramos, la Convención Preliminar de
Paz de 1828 y la Constitución de 1830, configuran las
referencias más importantes de la segunda revolución
oriental. Ambas integran un único ciclo emancipatorio y ese
ciclo emancipatorio es parte del proceso de construcción de
la nacionalidad, en el que hoy seguimos inmersos.
En la actualidad ha cambiado la imagen
de nuestra común unión. No estamos ya –por suerte- nosotros
los uruguayos, condenados al lamento de los tiempos
inclementes que en algún momento, no muy lejano, vivimos.
Recordemos que la cuestión nacional retornó como debate
sobre la viabilidad del Uruguay en los ‘60 y tuvo un brutal
empuje en el ciclo de la crisis. La cuestión de la
viabilidad, de si podíamos ser y si debíamos ser un país.
El horizonte de tristeza retroalimentó el cuestionamiento
de nuestra identidad. La idea de que éramos un país
inviable, del que más valía irse, caló hondo en nuestra
juventud y dividió a las familias uruguayas. Pero la
recreación de la esperanza, del imaginario de la esperanza,
zanjó el debate sobre la viabilidad. Este es el intangible
principal de este período. Por eso hoy hay inversión
extranjera y propia. Hemos encontrado un punto de
equilibrio entre la inviabilidad y el Uruguay eufórico e
insular y por ello frágil. Matriz de crisis de identidad y
de olas emigratorias. Preferimos la decantación de los
constructores de una patria inclusiva, construida con metas
desafiantes.
La construcción de la Nación en el
actual período ha avanzado con la diáspora, con los
uruguayos que están en el exterior. Paradójicamente, antes
costó la separación de los vecinos, la coincidencia de la
Nación con el territorio nacional y después con la
emigración. La Nación se convirtió con la emigración, la
Nación se convirtió en más grande que el territorio.
También se fortaleció con el esfuerzo de todos los
uruguayos, porque esta es una obra nacional de todos los
uruguayos y no sólo de un gobierno, con la exploración de
nuestra plataforma marítima, con el desarrollo de la
infraestructura y de la logística, con el posicionamiento
soberano en el caso Botnia, con las políticas de desarrollo
e inclusión, CEIBAL a la cabeza -como se ha dicho- y
Florida pionera. Con la recuperación de las cuestiones de
Estado en defensa, energía, innovación tecnológica,
protección social e identidad cultural. Con la preparación
colectiva ante las incertidumbres del siglo XXI, con los
avances en integración interna y en descentralización. Con
la apelación al artiguismo, a José Artigas y con la
recreación de la esperanza. Vamos y tenemos futuro,
floridenses. Los orientales estamos forjando en conjunto el
proyecto nacional para el Uruguay del tercer siglo. ¡Viva
el Uruguay! ¡Viva la independencia! ¡Viva la patria! |