Cuevas en Cuchilla de Haedo
El hallazgo podría significar un acontecimiento en la
Comunidad Arqueológica americana
Son las primeras cuevas descubiertas al
norte del río Negro con ocupación humana observable en
niveles superficiales a través de artefactos líticos. El
área no cuenta con antecedentes de ocupación prehistórica y
posee alta concentración de sitios arqueológicos. Además de
sitios habitación, existen de aprovisionamiento y
manufactura. El Proyecto Mataojo prevé prospectar y excavar
el área, ubicada al noreste del departamento de Salto.
Los especialistas entienden que
las investigaciones arqueológicas pueden develar evidencias
de las ocupaciones humanas más antiguas del continente
americano, una tradición cultural denominada “Paleoindio”
que tiene entre 14.000 y 9.000 años de antigüedad
en la Cuchilla de Haedo, un lugar donde
prácticamente no hay antecedentes de ocupación
prehistórica.
“Llegué, viejo”, expresó Mario Trindade,
el Director del Museo de Arqueología y Ciencias Naturales
de Salto, cuando se enfrentó a la primera de las cuatro
bocas oscuras, horadadas en arenisca, en los ramales de la
Cuchilla de Haedo. Fue el 26 de agosto del año pasado,
minutos antes de las 16:00 horas, según anotó en su diario
de campo.
Cuando pequeño, Trindade creció con
aquellas historias de hombres ásperos que vivían al margen
de la ley y se ocultaban en la espesura del monte, en
cuevas inaccesibles próximas al arroyo Mataojo. Dedicarle
el hallazgo a su padre, un policía rural de Salto, que
conocía aquellos parajes escondidos, por seguir el rastro
de los maleantes, fue significativo. Implicó un
reconocimiento a quien contribuyó a la germinación de la
semilla del futuro arqueólogo.
La región donde se encuentran las cuevas
fue recientemente definida, en una publicación científica,
como “Región Arqueológica Catalanes Nacientes Arapey” (RACNA),
debido a que integra un paisaje natural y antrópico homogéneo. Allí
se observan sitios canteras y talleres de arenisca
silicificada y ágata, en un corredor con rumbo Norte-Sur de
aproximadamente 100 kilómetros de largo por 40 kilómetros
de ancho. Este se extiende desde las inmediaciones de la
desembocadura del arroyo Catalán Grande
hasta las nacientes del río Arapey. La flora del
lugar está asociada a los cauces de los arroyos y la ladera
de los cerros en lo que se puede llamar monte de quebrada,
la vegetación crece al abrigo de las laderas donde se
concentra la humedad y se desarrolla la flora arbórea,
arbustiva y herbácea. Es frecuente encontrar en esta zona
la presencia de helechos arborescentes, debido a la
influencia de las altas tasas de humedad y precipitaciones
registradas.
Las cuevas y aleros se encuentran en
predios privados y su acceso se ve franqueado por el monte
indígena donde es posible identificar mataojos, guayabos,
pitangas, espinillos, coronillas, blanquillos y acacias,
entre otras especies. “La fauna nativa en este nicho
ecológico está conformada por especies típicas nativas de
los montes, agregándose la presencia del jabalí como
especie introducida y la liebre común. Permanece en estos
hábitats relictos de venado de campo y también se ha
registrado un ejemplar de oso hormiguero, aves típicas de
la zona de monte y serranías. Se destaca la presencia de
ñandúes, seriemas, gatos monteses y se han registrado datos
orales sobre la presencia de pumas”, expresó Trindade.
Desde la entrada a una de las cuevas se
puede ver, a nivel de superficie, artefactos líticos (de
piedra) indígenas dispersos que se alternan con hojas. Las
paredes interiores se muestran cubiertas de hollín, que es
atribuible –presuntamente- al humo de fogatas realizadas en
su interior. En las evaluaciones realizadas en sus paredes
no se constataron a simple vista, grabados o pinturas
rupestres aunque para establecerlo con rigor científico
será necesaria la utilización de equipos de iluminación aún
no disponibles en el país. Lo que sí hay, son colonias de
líquenes y hongos que también deberán ser analizadas.
Sus ocupantes aprovecharon la concavidad
de la piedra para refugiarse. Hay que considerar que el
clima en lo que hoy es Uruguay, al final del Pleistoceno
-última edad del hielo- era muy frío, con varios grados
menos de temperatura que en la actualidad. “Los grupos
indígenas prehistóricos que ocupaban la zona utilizaban
seguramente estos refugios naturales como lugares de
habitación donde realizaban diferentes actividades
relacionadas con la vida cotidiana de un grupo
cazador-recolector”, opinó el arqueólogo Rafael Suárez.
Ocupación prehistórica
Trindade relató que desde que las cuevas
fueron redescubiertas “todo sigue en su lugar, no se ha
tocado absolutamente nada” y se pretende que eso continúe
así.
Señalando con su índice algunos
artefactos de piedra que
asomaban sobre la superficie plana del piso, apuntó que “lo
que se puede ver desde aquí es que hay selección de materia
prima local -arenisca silicificada”- proveniente
presumiblemente de una cantera cercana. “Por una ley
estratigráfica natural lo que está más arriba -si el
sedimento no fue alterado- es lo más moderno. Los
artefactos líticos que se ven en superficie son vestigios
de las últimas ocupaciones indígenas en la cueva, que deben
tener como mínimo más de 200 años”, acotó Suárez.
Trindade y Suárez tienen la esperanza de
poder excavar y recuperar evidencia de ocupación
prehistórica en el sitio arqueológico.
Se estima que se podría excavar a un metro, un metro
y veinte centímetros de profundidad y poder encontrar
vestigios que permitan conocer la vida de los grupos
prehistóricos que ocuparon esos resguardos naturales.
Suárez, dijo que en sitios arqueológicos de Patagonia, como
el alero Piedra Museo, hay dataciones con ocupación humana
de aproximadamente 14.000 años calendario de antigüedad, a
menos de un metro de profundidad. Esto se debe a que en las
cuevas el depósito de sedimento es producto de la actividad
eólica y la tasa de sedimentación es mínima.
El valor científico del hallazgo se
sustenta en que “se trata de las primeras cuevas
descubiertas al Norte del río Negro con ocupación humana
observada en niveles superficiales, a través de artefactos
líticos. Esto genera expectativas de poder recuperar
evidencia de ocupaciones prehistóricas en estratigrafía
cuando se excaven”, indicó Suárez.
El profesional explicó que las cuevas en
general son lugares de muy buena a excelente preservación,
debido a las condiciones ambientales
donde se encuentran enterrados los objetos
arqueológicos. El interior de estos sitios arqueológicos
tienen escasa humedad, están protegidos de la erosión, de
la descomposición causada por los cambios bruscos
de temperatura y humedad, como la acción de la lluvia,
exposición solar, calor y heladas”. En ese sentido, se
tienen expectativas de recuperar objetos de hueso, madera y
otros elementos perecederos que en otros sitios
arqueológicos no sobreviven a las inclemencias
meteorológicas y al paso de los milenios.
Trindade, Suárez y Carmen Curbelo
dirigen un equipo multidisciplinario de investigación que
presentó a la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación,
el Proyecto Mataojo. Curbelo, por su parte, dirige otro
proyecto temático sobre Arqueología misionera (PROPIM). El
Proyecto Mataojo es financiado por el Departamento de
Cultura de la Intendencia Municipal de Salto y prevé tareas
de prospección y excavación en el área. Establece, entre
sus objetivos, la gestión y puesta en
valor de bienes culturales arqueológicos históricos y
prehistóricos. Además de generar conocimiento relacionado
al pasado indígena prehistórico e histórico en el
departamento.
Los investigadores
aspiran a obtener información prehistórica del Este de
Salto y lograr avances en aspectos relacionados a la
tecnología lítica, cambio cultural, territorialidad y
movilidad de los cazadores-recolectores prehistóricos del
Noreste y Este del departamento, entre otros aspectos. El
equipo está integrado además por colaboradores y asesores,
nacionales y extranjeros en Geología, Paleontología,
Botánica, Geomorfología, Arqueología Prehistórica,
Arqueología de Cuevas y Tecnología Lítica.
Concentración de sitios arqueológicos
Suárez entiende que las investigaciones
arqueológicas nos pueden develar “evidencias de las
ocupaciones humanas más antiguas del continente americano,
una tradición cultural denominada Paleoindio que tiene
entre 14.000 - 9.000 años de antigüedad
en la Cuchilla de Haedo, un lugar donde
prácticamente no hay antecedentes de ocupación
prehistórica”. Además, -dijo-“hay muy buenas perspectivas
de identificar ocupaciones Paleoindias en cuevas en
Uruguay. Los sitios tempranos del período Paleoindio
conocidos en nuestro país hasta el presente, son todos a
cielo abierto y están asociados a cursos de agua como ríos,
arroyos y lagunas”.
Suárez y su equipo de investigación
vienen trabajando en sitios Paleoindios en Uruguay desde el
año 1999. Este especialista ha realizado su tesis de
doctorado sobre las ocupaciones humanas más antiguas de
Uruguay. Recuperando evidencia de los primeros americanos
que llegaron al país hace 12.800 años calendario de
antigüedad, así como los primeros registros de fauna
extinguida del Pleistoceno (caballo prehistórico americano
y Glyptodon) asociados a material de origen cultural. Estos
hallazgos fueron realizados en la localidad arqueológica
Pay Paso (río Cuareim, Artigas) teniendo repercusión en la
comunidad académica internacional.
La relativa proximidad y amplia
movilidad que tenían los grupos Paleoindios generan muy
buenas posibilidades de recuperar evidencias de los
primeros americanos en las cuevas recientemente
descubiertas. Adicionalmente en
Pampa y Patagonia hay varios sitios Paleoindios en
cuevas (Cueva Fell, Chile; alero Piedra Museo y Cueva Tixi,
Argentina, entre otros), por lo que no sería extraño que
los grupos Paleoindios de Uruguay también hubieran ocupado
cuevas o aleros. “Recordemos que el clima al final del
Pleistoceno era seco y frío con varios grados menos
de temperatura promedio que en la actualidad”. Los
antecedentes de ocupación humana en cuevas en nuestro país
alcanzan una profundidad temporal de aproximadamente 3.100
años AP (Cueva del Diablo en la Sierra de San Miguel,
Rocha). Por lo tanto, poder extender cronológicamente las
ocupaciones en cuevas hacia los períodos Arcaico
(aproximadamente 8.500 – 4.000 años
de antigüedad) y Paleoindio (13.000 - 9.500
años AP)”, constituiría un avance importante en el
conocimiento de la Prehistoria más antigua del Uruguay.
Suárez anticipó que el hallazgo
realizado por Trindade “seguramente va a tener un fuerte
impacto en la Comunidad Arqueológica, no solo local sino
americana. Es uno de los descubrimientos arqueológicos más
importantes de los últimos años”, aseveró. “No solo por el
entorno en si, sino por los otros sitios que están
asociados a las cuevas, donde se registran sitios de
abastecimiento de materia prima, talleres líticos y
estructuras de piedra. Desde el punto de vista
arqueológico, esto ya no es un sitio sino una localidad
arqueológica, es decir, un lugar donde hay una alta
concentración de sitios arqueológicos”. Estos hallazgos
están a la par de los descubrimientos realizados en
1955 por Antonio Taddei en la zona. “Los sitios
descubiertos recientemente presentan mayor variabilidad
funcional: sitios habitación -cuevas-; sitios de
aprovisionamiento -canteras-; sitios de manufactura de
artefactos de piedra -talleres líticos-”, enumeró Suárez.
Cantera-taller de areniscas
En las proximidades del monte nativo, a
corta distancia de una de las cuevas existe un importante
sitio arqueológico. Se trata de un afloramiento de
dimensiones considerables utilizado como cantera-taller. Es
lo que definieron como un gran taller de reducción de
areniscas silicificadas. Al analizar la distribución
de los sitios en el paisaje de la localidad arqueológica,
Suárez tiene como hipótesis de trabajo que la proximidad de
la cantera con una de las cuevas, haría factible el
traslado de material del afloramiento-taller al sitio
habitación (cueva).
“Los cazadores-recolectores en su
circuito de movilidad anual deben aprovisionarse de
materias primas líticas (rocas altamente silicificadas) con
las cuales manufacturan sus artefactos. En algunos casos
deben desplazarse a distancias de cientos de kilómetros,
desde su lugar habitación o residencia hacia el lugar de
aprovisionamiento. En estas cuevas el aprovisionamiento se
realiza al fondo o en el jardín de su lugar de
habitación. Es esperable -como sucede generalmente en los
sitios habitación- que en la cueva se puedan recuperar
artefactos que han llegado al final de su vida útil, como
puntas de proyectil fracturadas y/o altamente reavivadas,
que han perdido su función como arma, así como también
raspadores y raederas con filos desgastados. Por lo tanto,
la cueva potencialmente puede presentar evidencia de la
manufactura de un nuevo equipamiento de caza (puntas de
proyectil, por ejemplo), lo que nos indicaría que algunas
de las actividades desarrolladas allí estén relacionadas
al recambio, reparación
y manufactura de nuevas armas por los
cazadores-recolectores prehistóricos que ocuparon el
lugar”, reflexionó.
Suárez advirtió que la cercanía con la
cantera hace pensar que en esta actividad de recambio y
reparación de sus puntas de proyectil los
cazadores-talladores se aprovisionaran
y pre-acondicionaran bifaces (artefacto tallado en
ambas caras elaborado previamente a la confección de una
punta de proyectil) en la cantera para confeccionar, luego,
nuevas puntas de proyectil. Si esta hipótesis es correcta,
en la cueva deberíamos recuperar los desechos de la
manufactura de puntas de proyectil, o puntas de proyectil
fracturadas durante su producción, actividad que suponemos
puede haberse realizado en el sitio habitación.
Destacó como fundamental que el área sea
poco conocida. “Son lugares donde la gente no transita, no
utiliza este espacio y eso protege a las cuevas”,
manifestó. Éstas, además, se han preservado porque es una
de las zonas menos conocidas desde el punto de vista
arqueológico en todo el Uruguay. En contraposición, se
procura evitar, el caso de las cuevas del cerro de Pan de
Azúcar que la gente alteró escribiendo en sus paredes, lo
que provocó la destrucción del sitio arqueológico.
Al día de hoy se conocen cuatro cuevas y
aleros en la localidad arqueológica. La puesta en marcha
del proyecto Mataojo permitirá realizar una prospección
intensiva en la región, identificar nuevos sitios de
interés, poner en valor
los sitios y preservarlos. El resultado de las
investigaciones, en una etapa posterior, seguramente
confirmará o descartará y generará nuevas hipótesis e
interpretaciones aportando nuevas páginas de conocimiento a
la Prehistoria uruguaya. |