Apoyo a Haití
Ejército Nacional evaluó como positiva la participación
del Grupo K9 en tareas de inspección
Es la primera vez que binomios de
efectivos y perros de ese grupo participan en una situación
real de catástrofe. La unidad uruguaya fue una de las 43
que operaron en el área e integrada en su totalidad por
efectivos militares. Constituye una herramienta
preexistente que posee el Ejército Nacional, y que está a
disposición del Estado, para ser utilizada dentro del
territorio nacional o en apoyo de la comunidad
internacional.
“Durante años nos preparamos para
desempeñarnos en situaciones como las que encontramos en
Haití. Tanto física, psicológica como técnicamente, para
que al tomar contacto con esa experiencia no nos golpée y
podamos hacer nuestro trabajo en forma eficiente”, dijo el
Jefe del Equipo Operativo, Mayor Alejandro Echevarría, en
una rueda de prensa realizada en el Batallón de Infantería
Número 13.
El militar indicó que la misión que le
fue asignada al Grupo K9 al llegar a Puerto Príncipe
consistió en darles una zona de responsabilidad que debía
hacer inspecciones en la búsqueda de personas vivas
sepultadas bajo los escombros. En el área asignada no se
constató la presencia de sobrevivientes atrapados bajo las
edificaciones que colapsaron con el terremoto del 12 de
enero.
El Mayor Echevarría recordó que en la
capital haitiana “estuvimos tres días buscando personas y
después del tercer día de búsqueda quedamos a las órdenes
del Cuartel General de la Misión de Estabilización de las
Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), en condiciones de ser
empleados ante posibles denuncias de personas atrapadas
vivas”.
El trabajo en la isla caribeña
transcurrió sin ningún tipo de inconvenientes, aseveró el
informante. En la zona había 43 equipos de rescate de
diferentes partes del mundo, de los cuales la uruguaya era
la única unidad integrada en su totalidad por militares.
Tal número de equipos hacía necesario
hacer coordinaciones en forma periódica para marcar los
límites de las zonas en las que los mismos iban a trabajar
y para que no quedaran áreas sin inspeccionar. “Las zonas
que nosotros inspeccionamos, (y que incluyeron la
edificación donde se encontraron los cuerpos sin vida de
Daniel Varese y su hijo Mateo) tenemos la certeza de que
están limpias”, aseguró el Mayor Echevarría.
“Cuando uno entra a un área
–reflexionó-, es tan importante encontrar a alguien
sepultado bajo los escombros como cuando se le dice a los
coordinadores de la zona de catástrofe que esa área está
limpia. Ahí nosotros estamos diciendo que el área está apta
para el ingreso de maquinaria pesada para mover los
escombros sin tener que preocuparse de encontrar personas
atrapadas”.
En momentos en que están de regreso los
últimos binomios de efectivos y perros del Grupo K9, la
evaluación que realizó el Ejército Nacional “es positiva,
ya que se pudo utilizar una herramienta preexistente que
posee la Fuerza a disposición del Estado para ser utilizado
dentro del territorio nacional o cuando este lo disponga en
apoyo de la comunidad internacional”.
Arduo adiestramiento
Los perros por los cuales ha optado el
Ejército Nacional para incorporar al Grupo K9 son ovejeros
alemanes. El trabajo con los canes comienza a una edad muy
temprana. Son seleccionados aquéllos que reúnen ciertas
condiciones genéticas para iniciar este trabajo. Se trata
de perros sumamente sociables que pueden estar frente a
personas extrañas, e incluso a otros perros, sin demostrar
agresividad. Son ejemplares que tienen una obsesión por
jugar con objetos ya que las técnicas de adiestramiento que
se emplean están relacionadas con un juego constante.
Luego de un arduo proceso de
adiestramiento, que lleva aproximadamente dos años, están
en condiciones de rendir una prueba de certificación que se
toma a nivel internacional. “A nosotros nos lleva
aproximadamente dos años dejar un perro operativo”, sostuvo
el Mayor Echevarría.
El entrenamiento es prácticamente a
diario en el que se avanza en forma paulatina hasta llegar
a un momento en que el perro puede constatar la presencia
de personas sin tener ninguna evidencia a la vista.
Primero, se comienza con personas a vista directa. Estas se
ocultan, se condiciona al perro para que ladre al llegar a
esa persona y se le da un objeto de recompensa. Este nivel
de adiestramiento transcurre desde cachorro hasta la edad
adulta, durante toda su vida operativa.
El período de búsqueda de los perros en
el área es de 15 a 20 minutos. Luego de ese lapso se tiene
que sacar el perro de la zona de inspección, se lo deja
descansar y después de un período de una media hora se lo
puede ingresar nuevamente a la zona de inspección. Según
Echevarría, con esto se toma la precaución de que no se le
saturen las células olfativas.
Consultado sobre cuáles son las
reacciones del can cuando detecta la presencia de una
persona viva bajo los escombros, el militar dijo que hay un
guía que es el que trabaja siempre con el ejemplar que está
constantemente ‘leyendo’ al perro. El guía constata cuando
el perro entra a lo que se denomina “chimenea de olor” que
desprende el humano sepultado bajo los escombros. El perro
da una alerta en un primer momento. Se muestra más
excitado, busca el cono de olor que es el punto más cercano
que puede llegar a ese humano y, en determinado momento,
comienza a ladrar.
Los militares utilizan en esas
instancias, botas especiales, coderas, rodilleras, guantes,
cascos con iluminación, equipo de comunicaciones dentro del
equipo y para comunicar al equipo con la base, que fueron
exhibidos.
La vida útil de un perro se extiende
hasta aproximadamente los ocho años. Es el perro el que
determina el momento en que tiene que pasar a retiro en
base a su rendimiento físico. El Mayor Echevarría apuntó
que durante años fueron entrenados en condiciones similares
-aunque montadas-, a las que se encontraron en Haití. Esta,
constituyó la primera vez que perros y efectivos uruguayos
participaron en una situación de catástrofe real. |