El diálogo, cincel que modela la democracia
El diálogo es sustantivo en la democracia y legitima
las decisiones de sus actores, especialmente las del gobierno.
Convencidos de ello hemos actuado en consecuencia.
Aún antes de configurarse como tal, este gobierno dialogó con la
sociedad en la preparación del programa que lo orienta y ya electo pero
antes de asumir, dialogó con los cuatro partidos con representación
parlamentaria para acordar lineamientos a impulsar en política
económica, educativa y de relaciones exteriores. Dichos acuerdos fueron
suscritos el 16 de febrero de 2005.
Desde el 1º de marzo de 2005 a la fecha no han
faltado instancias de diálogo y acuerdos promovidos por el gobierno. Los
mecanismos de consulta ciudadana para la elaboración de los proyectos de
ley referidos a las reformas tributaria y el Sistema Nacional de Salud,
los Consejos de Salarios, el Compromiso Nacional por el Empleo los
Ingresos y las Responsabilidades, el Diálogo Nacional sobre Seguridad
Social, el Debate Educativo y la Asamblea Nacional de la Cultura son
probablemente los casos más notorios, pero no son los únicos.
Y ninguno de ellos ha sido en detrimento de la
actividad parlamentaria, que registra una saludable cantidad de
interpelaciones, comparecencias de jerarcas ministeriales en las
Comisiones de ambas Cámaras, pedidos de informes, debates y producción
legislativa; ni de la vinculación con el Congreso Nacional de
Intendentes y los Gobiernos Departamentales; ni del contacto frecuente
(bastante más frecuente que lo que trasciende) con dirigentes políticos
o de organizaciones representativas de distintos sectores de la sociedad
; ni de las sesiones públicas del Consejo de Ministros en localidades de
todo el país; ni de la participación del sector privado en misiones
oficiales al exterior con la intención de abrir o ensanchar mercados
para la producción y el trabajo de los uruguayos.
Este rápido e incompleto repaso no es un reproche,
sino que da cuenta de una realidad perfectible, por cierto, pero
innegable.
Dialogar no es mérito del gobierno; es su
responsabilidad. Pero en materia de diálogo con la sociedad no sólo el
gobierno tiene responsabilidades que debe asumir.
Para dialogar se necesitan por lo menos dos sujetos
que se reconozcan y respeten mutuamente, y que cada uno de ellos exprese
sus razones y que oiga las razones ajenas.
El gobierno reconoce que la sociedad es un entramado
complejo y ni dramatiza las diferencias o tensiones de dicha trama ni le
teme al debate, por intenso que éste pueda ser, si se sustancia con
lealtad, madurez y sentido de nación.
Asumimos que el gobierno debe escuchar a la sociedad,
pero –reiteramos- es obvio que no es el único que tiene escuchar en la
sociedad. Atento a ello, en el marco de las competencias y
responsabilidades que la ciudadanía nos ha confiado y de los compromisos
de gobierno asumidos ante ella, promovemos el diálogo como base
imprescindible para la articulación democrática. Pero es precisamente
por esta razón sustantiva a la democracia que no dialogamos bajo
amenaza, ni a los gritos, ni para pasar el rato.
El futuro no puede ser igual al pasado , entre otras
razones, porque no todo pasado fue mejor. Para progresar las sociedades
necesitan consensos y acuerdos que no se logran con agravios,
desconfianza, nostalgia o rutina. También necesitan conocer los matices
y desacuerdos implícitos en su pluralismo, asumirlos sin dramas y
resolverlos con democracia.
La convocatoria a una nueva Ronda de los Consejos de
Salarios y el tratamiento de los proyectos de ley de Rendición de
Cuentas, de Negociación Colectiva y de Educación, no sólo serán temas
centrales en la agenda política más inmediata; serán también –y acaso
fundamentalmente- instancias que pondrán a prueba la voluntad de diálogo
de los sectores involucrados y de la sociedad en su conjunto (porque el
salario no es asunto exclusivo de trabajadores y patrones, ni la
educación es feudo de sus autoridades y docentes), la calidad del mismo
y por ende de la democracia uruguaya, y un proyecto de país que
trasciende a todos, incluido el período de gobierno en curso.
El diálogo es una herramienta poderosa y delicada.
No sólo hay que utilizarlo, también hay que cuidarlo. |