Ante la crisis financiera mundial
"El sistema financiero global atraviesa un período de
turbulencias sin precedentes" sostiene un informe del FMI publicado el
07 de octubre. Y como si eso fuese poco, advierte que "lo peor no ha
llegado".
"La crisis financiera que estalló en USA mostró el
lado oscuro de la globalización", había expresado un día antes el
Presidente del Banco Mundial durante una conferencia en Washington.
También el 06 de octubre, pero en París, el
Presidente del BID declaró que la recesión "es un problema grande porque
seguramente lo que ocurre en los mercados del primer mundo tiene un
impacto sobre el resto de los países en desarrollo. Esa idea que había
de que los mercados emergentes de Latinoamérica o Asia se había
desenganchado de lo que pasaba en el resto del mundo es cierto hasta
cierto punto. Si esto se acentúa, obviamente ningún país puede estar
libre de impactos"
"El retorno de la incertidumbre", tituló el filósofo
Daniel Innerarity una columna de opinión publicada el 07 de octubre en
el periódico español "El País", destacando que "…anda ahora, casi todo
el mundo, con motivo de la crisis financiera, celebrando que tenía
razón, pero muy pocos advierten que lo que se ha acabado es precisamente
eso: el arte de tener siempre razón"
Semanas antes, el 17 de setiembre, desde esas mismas
páginas el ex Presidente de Gobierno español Felipe González había
expresado que "si las consecuencias no fueran tan duras e incluso
dramáticas, sería divertido contemplar al sistema triunfante sin saber
qué hacer consigo mismo, sin poder compararse a otros como peores y sin
poder encontrar culpables".
Las expresiones de Felipe González fueron recogidas y
ampliadas por nuestro compatriota, el Dr. Julio María Sanguinetti, quien
en una nota publicada el 07 de octubre en el mismo periódico afirmó que
"El hecho es que nunca se dijo que el capitalismo fuera hermoso. Es
eficaz; tan eficaz como un revolver o el filo de un bisturí".
Podríamos agregar más citas –todas ellas respetables
y compartibles- sobre la crisis del sistema financiero originada en
Estados Unidos y ya extendida mundialmente. Pero a los efectos de esta
columna, es pertinente referir al impacto de esta crisis sobre la
economía uruguaya.
En tal sentido, lo primero que ha de establecerse es
que hacer hoy un pronóstico final sobre las consecuencias de un proceso
aún en curso es riesgoso, si no irresponsable. Si algo ya ha demostrado
este crisis, es el colapso del fundamentalismo de quienes se consideran
dueños de la verdad o profetas del éxito.
No apresurarse no significa desentenderse. En segundo
término, entonces, hay que seguir con especial atención la evolución de
este proceso asumiendo sin dramatismo que Uruguay también es parte de la
economía mundial. Eso es, precisamente, lo que el gobierno está haciendo
con rigor técnico y sensibilidad política. Porque la economía es todo
menos una ciencia exacta y en ella la transparencia, la confianza y la
política en tanto articulación democrática son fundamentales.
Un tercer aspecto a tener presente refiere a las
condiciones de Uruguay en el contexto de la crisis financiera
internacional. No somos ajenos ni inmunes a esta problemática, pero
estamos adecuadamente preparados para enfrentar sus posibles efectos.
Tal como lo expresara recientemente el Presidente del
Banco Central, las reservas del país superan los USD 7.000 millones,
Uruguay tiene créditos en el mercado internacional que por el momento no
necesita utilizar y las instituciones bancarias de plaza están sólidas y
con liquidez, ya que poseen más del doble del capital exigido por el BCU.
La economía del país continúa creciendo, así como las
inversiones, el empleo, el salario real y el poder adquisitivo de la
población. En lo que va del año se han concretado inversiones privadas
por más de 800:000.000 de dólares y existen otras que están en vías de
aprobación por 300:000.000 más.
Las inversiones del Estado se mantienen (AFE en vías
férreas, OSE en saneamiento en Ciudad de la Costa, UTE en la nueva
interconexión energética con Brasil, ANP con sus obras).
Sin perjuicio de lo anterior, el gobierno extremará
medidas que garanticen el ahorro de los uruguayos y la estabilidad de
nuestra moneda. Probablemente sean nuevas medidas, pero ninguna de ellas
será la vieja receta del ajuste fiscal.
Por último estimamos pertinente expresar que este
gobierno no es de los que hablan de crisis o coyunturas para buscar
culpas ajenas o evadir responsabilidades propias. Pero en este contexto
financiero internacional, no sólo el gobierno ha de estar alerta.
También han de estarlo – sin nerviosismo ni mezquindad- el sistema
político, los agentes económicos, las organizaciones gremiales, el mundo
académico y la sociedad en su conjunto.
De hecho todos estamos responsablemente alertas y es
bueno que así sea pues la mejor forma de enfrentar estas situaciones es
hacerlo entre todos, cada uno desde su propia identidad, pero sin perder
de vista ese todo que nos une y que se llama Uruguay. |