Al hacer uso de la palabra en la inauguración del XVII
Seminario Panamericano de Semillas y Foro Mundial sobre Biotecnología y
Marketing de Semillas realizado en punta del Este, el Presidente de la
República, Dr. Jorge Batlle, señaló que el documento emanado de la
reunión enorgullece a toda América y demuestra – al manifestarse a
favor de seguir investigando y propiciando la liberación de la
producción y el comercio de semillas modificadas genéticamente- que el
continente está en condiciones de asumir los desafíos que plantea el
progreso científico.
Ofrecemos a continuación la alocución del primer
mandatario:
"Estimado amigo Simón, presidente de esta hermosa
e importante reunión; Señor Dimarzio, presidente saliente; Monsieur
Montagu, señor intendente, que además no es doctor, es ingeniero
agrónomo, por eso está acá, no por intendente, señor subsecretario:
A mí siempre me pasa lo mismo, me eligen para lo peor:
o para abrir o para cerrar. La parte interesante me la pierdo. Y aquí en
Punta del Este, el Uruguay, en corto lapso, va a tener el honor de reunir
en primer lugar a ustedes, y en los primeros díos del mes de diciembre a
2.500 veterinarios de la Sociedad de Buiatría del mundo que van a
celebrar una reunión a propósito de los temas de su especialidad.
Es un honor para el Uruguay, es un honor que yo creo
que tenemos que aquilatar y valorar en su real dimensión. Hace poco
tiempo el presidente de Brasil, el ilustre profesor Fernando Henrique
Cardoso, nos invitó a participar en Brasilia de la celebración del
quinto centenario del descubrimiento de este fenomenal país por parte de
Cabral. Y cuando nos mandó la invitación nos encontramos con él en
Chile en oportunidad de llegar al gobierno nuestro amigo Ricardo Lagos, y
yo le dije: presidente, nosotros con mucho gusto vamos a asistir a la
reunión, pero, usted sabe que a los dioses no les gusta los números
pares, y usted ha puesto cuatro temas y como a los dioses no les gustan
los números pares yo le voy a proponer un quinto; el quinto tema que le
propuse y, naturalmente, fue incorporado, fue aceptado, fue el
conocimiento, porque sin un desarrollo en el conocimiento, por más
democracia que tengamos, la cosa nos va a ir mal, y por tanto el
ingrediente central para que el desarrollo democrático en estas naciones
se transforme en una realidad cotidiana que afecte mejorando la vida de
cada uno de los seres humanos que nacen en este continente, el ingrediente
del conocimiento es un asuntos central, absolutamente central.
Y sobre todo, cuando en un mundo como este el
conocimiento adquiere una dimensión de tal magnitud e importancia que
cuando uno mira los balances de las grandes empresas puede haber más de
una forma de mirarlo: mirarlo por los resultados financieros y mirando por
el "research and development" y se advierte, por tanto, que
cuando el área de R&D no está bien sustentada y bien apoyada, el
provenir por regla general, de ese proceso empresarial, decae.
Naturalmente, repetido a nivel de las naciones es mucho más serio, muchos
más grave y de consecuencias irremediables. Siempre de carácter negativo
cuando no nos apoyamos en ese conocimiento.
Cierto es que solos estos países, aún los mayores,
los más importantes, no pueden hacer todo lo que tienen necesidad de
hacer, lo que quieren hacer y lo que su gente es capaz de hacer. Por lo
tanto, la conciencia de desarrollar una actividad en común, de poner en
operación en común a los hombres y mujeres que intelectualmente bien
dotados y bien formados en América, dentro y fuera de su territorio,
existen, es una prioridad que no podemos desatender.
El Uruguay es un ejemplo de eso. Hace muchos y muchos
años, a principios de siglo, el gobierno del Uruguay invitó a venir al
profesor Berger, un ilustre genetista alemán que sin ninguna duda tuvo
mucho que ver con el señor Klein y que sin ninguna duda tuvo mucho que
ver con el desarrollo de la investigación
agrícola en el Río de la Plata. Pienso, entonces, que si eso se pudo
hacer tantos años hace, cuando tantas dificultades de conocimiento
recíproco de comunicación existía, hoy no tendría perdón que no
sumáramos estos esfuerzos en una forma inteligente y en una forma,
además, sicológicamente abierta, sintiendo que el éxito de uno es el,
sin ninguna duda, el éxito de todos los demás.
Creo que en un mundo cuando yo nací tenía creo que
apenas dos mil y pico de millones de habitantes, tres mil, y hoy tiene el
doble -y no soy tan eterno de viejo- y que en poco tiempo más tendrá
8.000 millones, y nosotros a la tierra no le podemos poner más químicos,
tenemos que mejorar las plantas para poder asistir a la tanta gente a la
que, inclusive ya hoy, no estamos asistiendo adecuadamente.
Y el esfuerzo que todos ustedes están haciendo acá, y
el que van a hacer en próximos días de diciembre los profesores que de
todo el mundo van a venir en el área de la Buiatría, son esenciales no a
lo que podemos hacer nosotros para nosotros, sino fundamentalmente lo que
este continente debe hacer para el resto del mundo.
Tenemos la fortuna, por nuestra constitución
agrológica, ser una tierra capaz de aportar desde el punto de vista de lo
que el mundo futuro precisa, muchas veces, potencialmente mucho más que
otras naciones. Y si aún no lo hemos hecho es porque aún no nos hemos
unido debidamente.
Este documento -el amigo Bercowitz ha tenido la
gentileza de alcanzarme- representa dos cosas a mi juicio centrales a lo
que estoy diciendo. La primera, la participación de su redacción de los
representantes, prácticamente, de toda América, algo que nos
enorgullece, que es el camino que debemos seguir. Y la segunda, al decir y
manifestarse en favor de la continuidad de la investigación y liberación
de la producción y comercialización de semillas genéticamente
modificadas es que América le comunica al Mundo que está dispuesta a
asumir los desafíos del conocimiento y con él y desde él cumplir sus
obligaciones con quienes aquí en este continente habitan y con los que en
el resto del Mundo hoy, de lo que este continente puede hacer, precisan.
Creo que es una tarea formidable y que cualquier
gobierno puede y debe sentirse orgulloso, aunque sea de la forma más
sencilla y más humilde, tener la posibilidad de colaborar con este
emprendimiento con este pensamiento y con esta decisión que nos pone a la
cabeza de las cosas que en este mundo fantástico de la genética pueden
ustedes hacer.
Los felicito y como ciudadano de este continente, que
acabo de participar en una reunión en Panamá en donde el gobierno del
Brasil le entregó al gobierno de Panamá los textos originales del primer
congreso anfitriónico que un coleccionista brasilero había podido
adquirir en algún remate y que luego él lo donó al gobierno del Brasil
y que este, a su vez lo, entregó al gobierno del Panamá, pienso que
aquellas cosas que en 1826 se soñaron, nosotros tenemos la obligación
moral de hacerlas realidad. Y esta es sin ninguna duda una de las formas,
no de alcanzar, pero por lo menos de caminar en procura de esa realidad.
Mis felicitaciones por lo que han hecho."