07/11/02
LOS
CAMBIOS VENDRÁN POR FACTORES EXTERNOS
El
Presidente Jorge Batlle sentenció que Uruguay no tiene “fuerzas
internas totalmente decididas” para cambios estructurales y que, por lo
tanto, los transformaciones se realizará por factores externos como son
los “acuerdos comerciles con el mundo de las grandes regiones, o sea el
NAFTA o la Comunidad Económica Europea”.
Palabras
del Presidente Jorge Batlle en el simposio sobre Proceso de Reforma del
Estado en el Centro de Altos Estudios Nacionales (CALEN).
6/11/02
Señor
Ministro, señores Comandantes de las Fuerzas, Director del CALEN,
señores oficiales superiores, señoras y señores:
En
primer lugar, es un gusto para mí estar conversando, intercambiando
ideas, expresando lo que uno siente a propósito de las mil y una cosas en
las cuales se involucra -entre otros- un Presidente. Que no tiene mucho
tiempo para preparar la bolilla, y que, por tanto no va hacer tanto como
Pirandello de recitar improvisando, sino de tratar de ver las cosas desde
un punto de vista un poco más pragmático, quizá -no digo por la edad-
es porque ya, en los últimos metros, uno tiene que filosofar menos y ser
un poco más pragmático.
Este
es un tema recurrente ¿no verdad? Hace muchos y muchos años que todos
hablamos de una forma u otra de la Reforma del Estado.
Quizá
muchos de nosotros -que nos hemos embarcado desde hace muchos años en
orientaciones dentro de las cuales una de ellas podría ser sin ninguna
duda así titulada “La Reforma del Estado”- comprende un tema mucho
mayor, que, además, de ser un tema mucho mayor, hoy es un tema que tiene
-a mi juicio- una condición particular y especial.
El
otro día, cuando tuve la suerte de cumplir años, me llamó un amigo para
felicitarme porque estaba cumpliendo tres cuartos de siglo. Una forma
terrorífica, dado que es lo que se practica hoy, lamentablemente, en
muchos lados de comunicarle a uno que forma parte casi ya de una
experiencia quasi centenaria.; en la medida en que durante quizás un
siglo, las cosas no cambiaron, nada más que en pequeñas, pequeñas cosas
y, de pronto, las cosas han cambiado de una manera -no sé si definitiva
porque nada hay definitivo- salvo, como dijo Benjamín Franklin, hay
solamente dos cosas inexorables y definitivas: la muerte y los impuestos.
Pero que han cambiado en un grado tan sustantivo y tan modificador de la
conducción de las sociedades, que cuando hablamos de la Reforma del
Estado, yo diría que tendríamos más que hablar de cómo hoy el Estado
se puede insertar en un mundo para el que es preciso reformarlo en
función de las condiciones diferentes que el mundo de hoy le impone, le
indica y le señala, más allá o más acá de la opinión de cada
uno de nosotros de cuán bueno es ese mundo de hoy con respecto al mundo
del ayer, y cuán permanente es el mundo de hoy con respecto a lo que
pueda ser el mundo del porvenir inmediato o mediato.
Lo cierto es que yo -que he
hablado ya de esto acá y, además, me paso hablando porque si los
políticos no hablamos, ¿qué hacemos?, a veces hablamos más de lo que
hacemos- pero, necesitamos expresarnos para poder luego de transmitir lo
que queremos, tratar de transformarlo en acciones. Y yo que me paso
hablando de esto en forma recurrente y permanente e insistente hasta el
cansancio, aprovecho esta circunstancia en medio de muchas cosas que
estamos viviendo dentro y fuera del país, para replantearme –quizá-,
usando de la benevolencia de ustedes a mí mismo, qué es lo que pienso
con respecto a estas cosas y qué es lo que podemos hacer. De las varias,
diferentes y muchas cosas que podemos hacer, cuáles son las más
apropiadas, cuáles son las más efectivas, cuáles son las más urgentes,
cuáles son las más fáciles que ellas mismas se transformen por sí
mismas en instrumentos de cambio profundo y permanente.
Hemos estado discutiendo
desde hace muchos años, muchas veces llegando después de una larguísima
discusión entre nosotros, a aquella vieja apreciación que hacía un
ciudadano extranjero que vivió durante muchos años en el Uruguay, y era
gerente de un banco Holandés, que cuando se fue del Uruguay me fue a
saludar. Yo le conocía no como deudor ni como acreedor, sino simplemente
como amigo, porque era un holandés-uruguayo que hoy vive en Buenos Aires
y que me decía: “Mirá, la experiencia que recojo del Uruguay –y
estamos hablando del 1960 y poco– me decía: “la experiencia que
recojo del Uruguay que los uruguayos son muy inteligentes, muy capaces de
razonar profundamente, que tienen por suerte mucho tiempo para discutir
las cosas, que por ejemplo toman un problema como base, lo discuten, cada
uno con fuerza. Después de varias horas terminan la discusión, cada uno
se va con sus razones y el problema no se cambia”. Esa ha sido un poco
la situación del Uruguay. ¿Y por qué no se cambia el problema, por qué
no se cambiaba el problema? ¿Porque nosotros éramos incapaces de operar
como operan otros países? No, el tema no se cambiaba porque, ¿para qué
cambiarlo? Si la situación era realmente buena en comparación con las
situaciones de sociedades similares en áreas similares... .
Cuando
nosotros -yo se lo refería ayer al Duque de York- y le decía: “Mire,
los restos de la Independencia del Uruguay están en un chalet en la
Bahía de Maldonado. ¿Cómo? Sí, sí. Los restos de la Independencia del
Uruguay los sacaron del fondo de la Bahía de Maldonado; algunos están en
el Museo Naval en forma de cañón, y otros son pedazos de restos de
arriba de un buque que están en el sótano de un chalet a dos cuadras de
la Bahía de Maldonado. “¿De qué me está hablando?”, me dijo el
Duque. “Le estoy hablando de los restos del Agamenón”, que era el
buque que Nelson amaba y que antes de Trafalgar- cuando cita a todos los
capitanes para decirles cómo van a dar la batalla y cómo le van a
destruir la flota española que peleó hasta morir, y cómo van a destruir
la flota francesa, que peleó hasta irse- estaba naturalmente el capitán
del Agamenón, porque él estaba en el Victory y él entonces dijo que iba
a ser una buena ocasión de ver al capitán fulano, a quien le decía “el
loco fulano”, y por tanto, “vamos a tener una buena tarde”, que no
alcanzó a ver, porque murió al principio de la propia batalla.
La Independencia de
América ocurrió el 21 de octubre de 1805, cuando destruida la flota
española y la flota francesa, Inglaterra se hizo dueña de los mares. Ser
dueño de los mares en aquella época es como ser dueño del Internet hoy.
Los fletes bajaron, el dueño de los mares se hizo dueño del mundo, el
comercio se abrió, vino la inversión. Y en el Uruguay, a partir de 1805,
al igual que en los restantes países, hubo un movimiento de independencia
que surgió en forma coincidente en 1810 en toda América, como si hubiera
habido un cronograma especialmente trazado.
Así
en ese tiempo un gran rector, que era, que fue la Pax Británica, un
rector que fue un rector hasta en las modalidades de la vida, hasta en los
deportes, hasta en las formas de vestir. O sea, ese sweater, jersey como
dicen en España y pollera de las argentinas, eso es inglés. Que les
queda mejor a ellas que a las inglesas no tengo duda, pero es inglés. Es
inglés el que nos llamemos Montevideo Rowing Club y el otro al Nacional y
es inglés que se llamaba Central Cricket Railway Club y el otro fuera
Nacional. Y bueno, ahora se llama Peñarol, pero son cuestiones del
momento. Algún día seremos nada más que Nacional.
Pero, quiero decir, eso
determinó un grado de estabilidad en la sociedad y un crecimiento estable
en la sociedad, referido a los grandes centros comerciales del mundo.
Porque las sociedades se nutren y viven y crecen de la posibilidad real
del comercio. Porque si no hay comercio,
aún los países ricos se funden. Es evidente que si no hay
comercio para poder sacar del país los excesos de lo que se produce y
enviárselo a otro lugar, y venderlo, no hay posibilidad de crecer.
El comercio meramente
interno referido a un solo país -mercado grande, mercado chico- nunca ha
existido como tal; nunca ha sido un factor de sustentación de un proyecto
de crecimiento. Naturalmente,
cuando era una Ciudad-Estado, como en el caso del Norte italiano, bueno,
entonces el comercio no era Italia, el comercio era con las demás
Ciudades-Estado del Norte y todas crecieron entre ellas en un tiempo en
donde el área que ellas manejaban, que era bastante mayor del territorio
del Norte italiano, les daba para esa expansión. Pero cada día más, uno
advierte y siente que si no hay un comercio activo, si no hay un comercio
que realmente sea próspero y sea grande, no hay posibilidades de que la
sociedad crezca.
¿Cuáles son, entonces,
los instrumentos que en cada tiempo histórico se adaptan para aprovechar
de las circunstancias y mejorar esa condición? Los instrumentos públicos
y los instrumentos privados, las instituciones políticas, las
instituciones económicas, las instituciones de gestión pública y las
instituciones de gestión privada. Para poder adaptarse al tiempo en que
se vive y poder, entonces, ser reflejo de lo que se procura. ¿Qué es lo
que se procura? Por cierto, para volver a ser un poco, digamos, el
orgullezco, lo que se procura es que todo gobierno mejor, que seamos más
justos, que seamos más felices. ¿Cuáles son los instrumentos en cada
tiempo? No son los mismos.
El gobierno español de
entonces creyó que los instrumentos eran tener un barco sólo con
productos de España. Tenían el mundo entero, no se ocultaba el sol en
aquel reino; sin embargo, la cosa no prosperó. Al punto que, inclusive,
su visión y su forma de actuar hasta llegó a extremos en donde ni
siquiera alcanzaron ser ricos, no por culpa de los otros, sino por
decisiones propias en cuanto a su conducta económica y a su conducta de
estructura del Estado.
Luego vino otro tiempo. En
ese tiempo segundo fue donde el Uruguay creció.
Todos los hechos, todos los
números, no se precisa ser economista: se precisa simplemente tener mi
edad y recordar el pasado. O sea, nuestros padres, nuestros abuelos, todos
trabajaron para crecer pero crecieron. Y si ustedes se revisan a todos
ustedes en sus propios antecedentes familiares, llegarán a recordar que
los orígenes de cada uno de
nosotros no son orígenes de riqueza. Y que los niveles a los cuales de
carácter social todos ustedes han llegado, no son como consecuencia del
dinero que tuvieron sus mayores, sino como consecuencia de las
oportunidades que una sociedad construida por sus mayores les permitió
tener.
La pregunta es: esta
sociedad tal como está, hoy, ¿es respuesta eficaz a las realidades de
hoy o ha dejado de ser respuesta eficaz a las realidades de hoy? Primera
pregunta. Segunda pregunta: Si ha dejado de ser respuesta eficaz a las
realidades de hoy, ¿cuáles son los instrumentos idóneos para
transformar esta realidad y hacerla una nueva realidad? Tercera pregunta:
¿En cuánto tiempo podemos hacer eso y cuáles son los mecanismos y los
métodos para hacer eso?
¿Qué nos ha pasado? Nos
hemos puesto como decía el holandés, a discutir entre nosotros. Y
entonces, entre la nostalgia, y la ideología y nuestra edad promedio, lo
bien que estoy, capaz que mañana estoy peor, la fuerza de la inercia en
el Uruguay es mayor que la necesidad.
No somos un país de
jóvenes y como no somos un país de jóvenes, e inclusive los únicos que
se van son los jóvenes, los que estamos hacemos lo posible por seguir
como estamos. No tenemos fuerzas internas totalmente decididas y
desprendidas de la realidad cotidiana para, poniéndose afuera de la
realidad cotidiana, decir “Vamos a
hacer tal cosa.”
Somos conscientes de que
cuando asumimos públicamente la necesidad, por ejemplo, de reducir el
así llamado costo del Estado y nos organizamos para votar una Rendición
de Cuentas que nos habilita a hacer una cantidad de transformaciones y
cambios que tenemos que hacer, somos totalmente conscientes de que eso
implica y supone una desocupación estructural de personas de cierta edad
que no van a tener
condiciones de tener otra nueva ocupación
mejor que la que tenían y, por tanto, lo que queremos hacer choca con lo
que sentimos que puede hacer daño. Somos también reconocedores de que no
todo el mundo opina lo mismo y como consecuencia de eso todos queremos
cambiar, todos queremos estar mejor, pero hay una cantidad de gente buena
que quiere cambiar y quiere estar mejor pero actúa en contra de cambiar,
porque tiene miedo de lo que va a pasar después que abra la puerta y
entre al otro cuarto.
Y, por tanto, no tenemos
fuerzas para realizar la naturaleza de los cambios que son necesarios y
que son impostergables. Entonces, si no tenemos fuerzas propias, y lo dice
el Presidente que tiene que implementar normas que en este tipo de cosas
el señor Franzini tendrá que llevar adelante, en el CEPRE, en otros
lugares, y que da vuelta y da vuelta y da vuelta y dice “Qué lío me
has metido” y entonces que tenemos que tener una crisis innecesaria de
que se retiren cinco ministros para luego decir “Bueno, vamos a
aprovechar para cerrar dos ministerios”, como que eso nos va a cambiar
la vida. ¡Macanas! No nos va a cambiar la vida. Ahorraremos tres vintenes
pero no nos va a cambiar la vida.
Por tanto, es evidente que
se trata de cambios más profundos los que hay que hacer y quizás que las
cosas más difíciles para hacer es ponernos de acuerdo:
¿cuáles son los cambios más profundos que tenemos que hacer? Y
sobre todo ponernos de acuerdo entre nosotros, y con otros, porque si uno
llega a la conclusión de que los cambios no se pueden hacer solos, tienen
que hacerse con otros.
Y, por supuesto, hacerse de
forma tal y cual que uno no pueda dar marcha atrás. Porque si uno dice:
“ah, no, qué ahorro fantástico, voy a cerrar dos ministerios”, el
próximo Gobierno viene y dice: “voy a abrir tres ministerios”. Porque
hay otras necesidades, otras visiones, otras formas inteligentes de ver la
cosa que uno no la vio hoy. Es decir, que tenemos que hacer cosas que no
se puedan deshacer y que nos obliguen a cambiar aunque no nos guste. Y que
al tiempo de que nos obligan a cambiar, tengan tanta fuerza que el cambio,
en lugar de ser doloroso, sea un cambio
que nos deje contentos y que nos dé, de a poco, lo que nos falta.
¿Cuál sería esa piedra
filosofal, de todas las que hay en la vuelta? Bueno, más allá de todo lo
que tenemos que hacer, de todo lo que se ha estudiado acá, de todo lo
demás, yo creo en que hoy hay una piedra filosofal, y cuando se las diga,
me dirán “pero ha hablado todo lo que ha hablado para llegar a esto”;
podía haber empezado por esto, porque entonces haríamos como los
uruguayos, nos empezaríamos a pelear sobre esta idea y
luego no la aplicaríamos. Aunque les parezca mentira, yo creo que
el cambio más importante y el instrumento más importante que el Uruguay
puede tener para promover y provocar inexorablemente, y desde afuera, los
cambios estructurales que el sector público y que el sector privado
tienen que hacer, como todas las cosas complejas-complejas, se resuelve
por una cosa simple que son los acuerdos comerciales con el mundo de las
grandes regiones. O sea, el Nafta o la Comunidad Económica Europea.
Miremos lo siguiente: todos
los domingos uno prende la televisión, porque ya no va más al fútbol, y
se entristece de ver el nivel de lentitud con el cual se juega al fútbol
en los llamados cuadros grandes y en los hoy mal llamados cuadros chicos;
porque si los otros son grandes, ellos todos los domingos prueban que son
mayores. Al mismo tiempo, uno hace ¡pac!, y pasa a ver jugar a la Liga
Premier, o a los italianos, y dice “pero, pará, este es un juego
diferente; acá se está jugando a cosas diferentes”. ¡Qué bueno
sería jugar todos los domingos en la Liga Premier! Estoy seguro que al
poco tiempo mejoraríamos enormemente. Pero como no competimos, no
mejoramos. Entonces, todo el mundo está contento, discutiendo a ver
quién va a ser el campeón. El campeón del desastre. ¿Qué quiere
decir? Que los países que están encerrados y no compiten no están en
condiciones de cambiar. No están en condiciones de vender. Y como no
están en condiciones de vender, no están en condiciones de comprar. Y
como no están en condiciones de vender porque no compiten, no están en
condiciones de comprar porque no tienen plata. Y, además, de eso, no
están en condiciones de vender porque sus instrumentos de producir, lo
que tienen para vender, no se basa en el cambio de los instrumentos
generados por la competencia, sino que se basan en el tipo de cambio, y
cuando éste se consume y se agota, se vuelve a perder la competitividad.
Por lo tanto, una de las
cosas más claras que hoy tenemos por delante, es tratar de ver -que fue
lo que pensamos cuando integramos el MERCOSUR- trata de ver cómo nos
integramos a otras áreas. Cuando nos integramos al MERCOSUR dijimos “señores,
vamos a integrarnos a un mercado de 170 millones de habitantes, y hay 36
millones de habitantes, bajamos los aranceles, ahí competimos, importamos
algún flujo de negocios muy grande, vamos a poder exportar, vamos a poder
comprar, vamos a crecer y, por tanto, vamos a poder competir”. Pero
resulta que siendo muy pequeñitos nos integramos a un MERCOSUR que es un
área geográfica y de dimensión muy importante, pero que tiene
inestabilidades financieras y económicas de tal naturaleza que no le dan
a ninguno de los países integrados al MERCOSUR la capacidad, realmente,
de competir en el mundo.
Cuando en 1994 comenzó el
acuerdo entre México y los Estados Unidos, México vendía 29.000
millones de dólares, hoy vende 160.000 millones de dólares por año;
tres veces más que el Brasil, aumentó un millón de empleos. Algunos me
dicen que de esa manera México depende de la economía de los Estados
Unidos. Sí, efectivamente, siempre hay alguien que depende de la
economía de otro. España depende de la economía de Francia y de
Alemania, y Alemania y Francia dependen de que España compre y de que
Portugal compre y de que Italia compre.
Todos dependemos de todos.
Por cierto, para México es mucho mejor tener una dependencia de alguien a
quien le vende 160.000 millones de dólares, que para nosotros tener una
dependencia de nadie y vender 2.000. Y, entonces, en vez de tener
1.000.000 más de trabajadores empleados, tener 50 familias por mes que
aterrizan en California, con niños chicos.
¿Qué es lo que provoca
una alianza con un mercado de esta naturaleza? ¿Qué es lo que ha
provocado una alianza con un mercado de esta naturaleza? Provoca la enorme
necesidad de transformación de los instrumentos públicos y privados de
una nación para poder competir con la otra. Y eso es lo que se provoca
inexorablemente. ¿Por qué
se cambió a España? Porque se integró a la Comunidad Económica
Europea. ¿Por qué cambió Portugal? Porque se integró a la Comunidad
Económica Europea. ¿Por qué Irlanda no es más el país de emigración
hacia los Estados Unidos, de hambrunas una atrás de la otra? Porque se
integró a la Comunidad Económica Europea. ¿Por qué Europa está
haciendo un enorme esfuerzo para
integrar 10 países del Este de Europa con 100 millones de habitantes?
Para mejorarles la condición de vida, porque los europeos de esos países
son europeos de segunda y europeos de tercera.
¿Cómo se va a resolver el
problema de la ex Yugoeslavia? ¿Se va a resolver resolviendo los
problemas religiosos? No, los problemas religiosos van a quedar subsumidos
en sus prácticas regionales, cuando todas las partes en cuestión se
integren a Europa y todos vivan mejor.
Las guerras de religión,
habidas durante siglos en Europa, se dieron de la mano no solamente con
tiempos especiales, sino fundamentalmente con ámbitos de pobreza. A
medida que los países prosperan económicamente, la gente tiene más
sensaciones de que la vida es otra cosa que imponer sus dogmas a los otros
por la violencia. Por lo tanto, si Europa no ha tenido otro camino para
poder mantenerse como tal, siendo que nosotros conocimos una Alemania
poderosa y una Inglaterra fantástica, y a una Francia igualmente
poderosa, intelectual, cultural y económicamente; y si no han tenido otro
camino que juntarse, juntarse para poder crecer, para poder tener una vida
más digna, para poder hacer que europeos de segunda se transformen en
europeos de primera, para poder generar una situación en donde los
señores españoles de antigua edad vuelven a España, y donde los hijos y
los nietos se agolpan frente a los consulados de su país en este país
para conseguir comprobar que son hijos y nietos de españoles, o de
italianos, y poder volver a su país.
¿Y por qué? ¿Por qué
vinieron y por qué vuelven? Porque vuelven, porque al integrarse
crecieron, y al crecer en mayor área, como dicen los agrimensores,
mejoraron las estructuras de su país, compitieron y viven mejor.
¿Y por qué hay 80.000
ucranianos en Portugal? Porque los pueblos siguen persiguiendo su destino.
¿Y por qué hay una emigración feroz de África a Europa? Que ya no es
la África, digamos, del Magreb, sino que es la África subsahariana? Por
pobreza, por aislamiento. Y, por tanto, ¿qué es lo que nosotros vamos a
conseguir quedándonos aislados, entre nosotros?
Por más grande que sea el
Brasil, por más grande que sea la Argentina, por mejor que sea el
Uruguay, sumar dificultades, sumar pobreza. ¿Qué quiere decir esto?
¿Qué tenemos que deshacer el MERCOSUR? ¡No! Tenemos que ir a hacer lo
que hemos plasmado con México: un acuerdo marco a donde colectiva o
bilateralmente, vamos en búsqueda de un acuerdo; estamos haciendo el 15
de diciembre la firma final del acuerdo con México bajo la normativa del
acuerdo México-Estados Unidos-Canadá.
Y, entonces, por ese camino
la influencia que viene de la necesidad de poner nuestros artículos en
los demás mercados, nos obliga a muchas cosas. Nos obliga a nivel del
empresario a tener standard, nos obliga a nivel del empresario a darse
cuenta de que no está más protegido para vender lo que quiere y producir
lo que quiere, que tiene que vender lo que puede vender porque tiene que
competir con otro que va al mismo lugar a vender otro tanto tan bueno o
mejor que él, y tiene que tener normas de calidad y normas de seguridad y
no creer que puede mandar la manzana de arriba buena y la manzana de abajo
mala.
O sea, nos obliga a poner
normas de profesionalidad, de modernidad, de seguridad, de seguridad
sanitaria, de seguridad alimentaria, de seguridad técnica, que nos
transforme en un país moderno que vive en el mundo tal cual es hoy, y no
en el mundo tal cual era ayer, y que reclame colectivamente que el mundo
sea como ayer, porque el mundo no es ni será más como era ayer. Por más
que algunos puedan creer que el de ayer era mejor, y quizá lo era, pero
el mundo no es más como ayer.
Y a ese mundo nos tenemos,
necesaria e inexorablemente, que integrar. Si no nos integramos a ese
mundo nos seguiremos discutiendo y destruyendo entre nosotros, y eso es el
A + B de la realidad de estas naciones.
Argentina vende 25 mil
millones de dólares y tiene una deuda de 250 mil. ¿Cómo se puede pagar?
Brasil vende 56, 57 mil, México vende tres veces lo que vende el Brasil.
Los países abiertos son los que han crecido, los países cerrados no han
crecido, y esos son hechos.
Que la apertura no es
global, que nos han dificultado los accesos, que tenemos que pelear por
ellos, todo es absolutamente cierto. Que hemos conseguido en la Ronda
Uruguay cosas que no teníamos, que en el acuerdo Marrakech
conseguimos otras que no teníamos. Que el grupo de Cairns, más
China, más los Estados Unidos, han hecho una propuesta de apertura seria
para las próximas negociaciones de marzo, es un paso adelante.
Que no vamos a alcanzar
mañana el objetivo final de nuestras cosas, es absolutamente cierto.
Pero, ¿hacia adónde básicamente tenemos que apuntar para generar
instrumentos que sean ellos en sí mismo capaces sí o sí, más allá de
nuestras opiniones, más allá de los plebiscitos, más allá de las
discusiones, más allá de las argumentaciones más o menos válidas que
hagamos los políticos y los no políticos en todos los ámbitos habidos y
por haber? ¿Cuál es el instrumento que de por sí mismo, actuando, nos
va a obligar a cambiar?
Sin ninguna duda, la
inserción en un espacio económico mayor: Europa, Méjico Estados Unidos
y Canadá. No hay otra cosa hoy en un mundo que, además, ha estado
sometido a un cambio feroz por la globalización.
Uno llega a Shangai y se
encuentra una ciudad en un proceso de transformación brutal. Con una
torre, no sé de cuántos cientos de metros, arriba de la cual hay unas
antenas feroces de televisión, que irradian para muchos ámbitos de la
China noticias de lo que ocurre. Allá lo peor que puede pasar, porque a
400 Km. del lugar, los que escuchan esa noticia y la ven por televisión
lo tienen mañana o ayer y no se lo pueden dar; estarán décadas en
dárselo. ¿Qué quiere decir? Que las cosas que antes no llegaban o
llegaban después de tiempo y tiempo – y vaya a saber cómo- hoy llegan
al instante que se producen.
Yo me meto por la Internet,
me consigo un pasaje y me voy a California, y eso solamente se detiene si
cambiamos nosotros. Salvo que seamos una isla y los saquemos a todos
en chalanas de goma, para que se los coman la mitad los tiburones.
Entonces, hay un cuarto de
millón de peruanos en California, cien mil ecuatorianos y otros tantos
argentinos, y 6 mil familias uruguayas, porque son más inteligentes que
nosotros en vez de quedarse acá a pelearnos entre nosotros se van para
allá y trabajan, en un mundo capitalista que nosotros creemos que es una
porquería. Según algunos, que no es mi opinión. Creo que es tan bueno o
tan malo como muchos otros mundos, pero que tiene una virtud: tratan de
vivir en el tiempo en que viven y no nosotros que seguimos festejando
Maracaná.
Y, por tanto, cuál es la
mecánica que tenemos para procesar esos cambios que todos los queremos,
porque si le preguntamos uno a uno a cualquiera de ustedes todos queremos
los cambios. Pero cuando llegamos al cambio que nos afecta a nosotros
todos decimos que no. Y, por tanto, esta sociedad internamente no tiene
fuerza propia para alcanzar la profundidad del cambio que necesita. Y como
no tiene fuerza propia, ni este gobierno ni el que viene, ni el que pasó
ni el anterior, ni el otro, hay que buscar una fuerza ajena, que es una
fuerza buena: o sea, el acceso a un mercado. Porque eso nos va a despertar
y a obligarnos a nosotros mismos a cambiar.
Y ha habido un solo hecho
que me permito decirles que en forma microscópica demuestra esa realidad.
Hasta hace poco tiempo nosotros, desde hace ya, desde el año 1985,
usábamos -desde el punto de vista del manejo económico- una regla que
era prácticamente la fijación administrativa del tipo de cambio con un
objetivo inflacionario, ya sea por una banda ancha o una banda más
angosta o una fijación administrativa del tipo de cambio. Las
conversaciones con el Fondo Monetario Internacional determinaron que esa
institución sintiera que ese camino no nos había permitido salir del
atraso cambiario que habíamos tenido en el período del 91, y que nos
colocaba en una situación en donde éramos caros para exportar, éramos
baratos para salir de paseo; los productos que se compraban afuera eran
más baratos que los que se compraban acá y era mucho más negocio parar
la fábrica e importar el producto que se fabricaba.
Seguimos el consejo del
Fondo, naturalmente, cambiamos el modelo que es el que hoy prácticamente
ustedes viven todos los días, la inflación este mes pasado fue menos del
1%, y hoy -fue 0,90%- y hoy
la gente piensa en exportar y
no piensa en comprar. La gente va en la semana de primavera a las termas y
no a Miami.
Hoy el tema es exportar, no
es importar. ¿Qué quiere decir? Que medidas económicas cambian la
mentalidad y, por tanto, estas medidas tomadas en un ámbito de mayor
área cambian la realidad. Cambian la realidad del que produce queso
artesanal; el que produce queso artesanal lo puede vender en Estados
Unidos, no tiene ningún problema ni de precios ni de cuota. Pero tiene
que prepararse, tiene que tener un circuito del principio al fin que le
permita tener la certificación de queso orgánico. Pero da trabajo eso.
Ah, da trabajo, pero antes me arreglaba el Estado o me refinanciaba o me
hacía alguna cosa más; no existe más. Ese no es el mundo del mañana.
Por tanto, el gobierno
siempre ha creído que es un instrumento necesario con un propósito de
agrandar el comercio, pero nunca había advertido con la claridad que lo
advertí ayer de las palabras de Herminio Blanco y de su colaborador Jaime
Zabludosky, que fueron los negociadores mexicanos con los Estados Unidos,
cuando ellos hicieron una descripción formidable de lo que había
significado el acuerdo americano-mexicano. Y sí fue muy importante “aumentamos
la exportación, la multiplicamos por 8; tenemos un millón de empleos
más....No, no, no pero lo más importante es de lo que no se habla, lo
más importante es la transformación que tuvimos que hacer para poder
hacer eso”.
Y esas transformaciones no
van nunca más para atrás, porque son ese mundo
nuevo que luego la gente quiere preservar porque es el que le da
mejor nivel de vida. Que es el que nosotros queremos preservar porque
recordamos aquel mundo que nos dio un buen nivel de vida, que fue bueno
pero que respondía a una realidad que hoy no se da más, lamentablemente,
no se da más.
Entonces, pensar en una
cosa diferente, en cosas cerradas, es pensar en algo que no nos va a
permitir las oportunidades que necesitamos, y como el mundo está cada
día más interconectado y cada día más capaz es el hombre de trabajar
24 horas en 24 horas, en función de los nuevos mecanismos de conexión y
de comunicación y de elaboración, que hacen que cuando acá sea día y
en otros lados sea noche y cuando acá es noche y allá es día, el
trabajo que termina acá de día lo siguen allá cuando acá empieza la
noche; y como no hay más lugar en el mundo para estar y cada día la
ciudadanía va a ser más global, si nosotros no nos incorporamos a ese
mundo no vamos a ser del cuarto mundo, vamos a ser del octavo mundo.
Y ese es el desafío que
tienen estos países, que lo tiene el Uruguay, que lo tiene la Argentina y
que también lo tiene el Brasil, porque para alimentar 170
millones de habitantes no alcanzan 56 mil millones de dólares de
exportación, no alcanzan. Ni tampoco alcanzan 25 mil millones de dólares
de exportación, de los cuales la inmensa mayoría son nada más que
granos; y al Uruguay tampoco le alcanzan con 2 mil millones, de los cuales
la inmensa mayoría son granos, carne y lana.
Entonces, ¿cómo se
tecnifica? Y se tecnifica abriéndose, porque eso es lo que hace que los
países con los cuales uno se conecta y se contacta generen esas
posibilidades de crecimiento, que no son invento nuestro, por eso mejoró
España; por eso España hoy es una inversora en el mundo entero y se
expande, y vende tecnología, y crece, y tiene hoy los astilleros más
importantes de Europa cuando antes eso estaba ubicado en otros países, y
en otras áreas están a la cabeza de muchas cosas.
La misma España que
nosotros mismos hace 50 años vimos en una condición en donde eso España
no lo podía hacer y donde inclusive comparada con el Uruguay, y comparada
con la Argentina mucho más,
podía decirse que estaba mucho más detrás de lo que nosotros ya
habíamos alcanzado en el orden social y en el orden comunitario.
Y eso, entonces, que es una
de las tareas que un gobierno tiene que hacer es cumplir con todos estos
objetivos que acá han estudiado, que están identificados con las leyes
que hemos votado -en acuerdo con el Partido Nacional, y que lo vamos a
hacer- hay otra que es una tarea central, fundamental, y que tenemos que
impulsar sí o sí: ligarnos a aquellos grandes mercados que nos obliguen
a cambiar, porque ahí están las oportunidades. Y en lugar de mandar la
gente tratemos de mandar lo que la gente produce y que la gente se quede
por acá.
Muchas
gracias.
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