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26 de marzo, 2011

Obligatoria, gratuita y laica  

Legado de José Pedro Varela adquiere renovada vigencia ante nuevos desafíos  
El legado que dejó José Pedro Varela, basado en los principios de democracia, igualdad y autonomía, tienen plena vigencia en momentos que la educación enfrenta nuevos desafios, en particular la mejora de la calidad, la asiduidad y la continuidad educativa. El objetivo es que todos los uruguayos accedan a la educación, a lo largo de toda la vida, para lograr su desarrollo personal y la inserción de nuestro país en el mundo, señaló el consejero Héctor Florit.   

El legado que dejó José Pedro Varela se conforma a partir de dos documentos, la Educación del Pueblo, en 1874, y la Legislación Escolar en 1876, donde desarrolló los principios rectores que hacen a la democracia, afirmó el consejero de Educación Inicial y Primaria, Héctor Florit.

Sobre este valor de la democracia, Varela desarrolló los principios de un sistema educativo que considera la obligatoriedad de la enseñanza y la funda en aquella concepción de que la libertad del hombre no es ilimitada, y que la libertad propia tiene por límite insalvable la libertad ajena. Consecuentemente, el padre o madre que priva a su hijo de la educación, comete un abuso que el poder público debe reprimir.

El reformador planteó que el Estado que exige de todos los ciudadanos la posesión de ciertos conocimientos necesarios para desempeñar la ciudadanía debe exigir la educación, y para eso, además, debe ofrecer gratuitamente los medios para hacerlo.

Este segundo principio vareliano, la gratuidad, está asociada al valor fundante de la educación como elemento de nivelación social y por ello debía ser gratuita para todos. Varela reivindicaba la escuela gratuita como el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática. Es decir que el valor de la democracia y el valor de la igualdad tenían como condición necesaria una escuela gratuita para todos los habitantes.

Sin duda, continuó Florit, el valor de la laicidad está fuertemente instalado en el pensamiento del sistema educativo público uruguayo, que surge también del pensamiento vareliano y que propone una separación de la religión y la educación pública. El objetivo de la educación es preparar al niño para ser ciudadano.

El legado vareliano debe analizarse desde la perspectiva del protagonismo del pueblo, familias y comunidades. En momentos como el actual, cuando se lleva adelante una nueva Ley general de Educación que impulsa la instalación de los consejos de participación en los centros educativos, esta propuesta de la ley vigente es básicamente una continuidad del pensamiento vareliano, afirmó el jerarca.

La vinculación directa entre la participación de la gente en la gestión de la escuela de sus hijos y el grado de compromiso es evidente, por ello la necesidad de favorecerla e impulsarla, explicó Florit.

Es decir que el pensamiento de Varela son las bases históricas de una concepción autonómica de la educación respecto al poder central, característica de nuestro país. Varela planteaba la independencia de la administración de la educación común del resto de la administración pública como condición indispensable.

En resumen, la idea de democracia, de igualdad, de autonomía son el marco de los principios rectores más tradicionales de la reforma vareliana, es decir la obligatoriedad, la gratuidad y la laicidad.

Tanto los tres principios generales como los tres más específicos del sistema educativo tienen enorme vigencia en momentos que la educación enfrenta nuevos desafios, muy especialmente la mejora de la calidad, de la asiduidad y la continuidad educativa de los jóvenes, atento a un requerimiento de que los uruguayos tengan una educación media completa, a lo largo de toda la vida, palanca para su desarrollo personal y la inserción internacional de nuestro país, concluyó Florit.